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PORT CHARLOTTE, Florida, marzo, www.cubanet.org -Recuerdo aquel tema de cha-cha-cha, que comenzaba: “Los marcianos llegaron ya/ y llegaron bailando rica cha…”. ¿Por qué esta reminiscencia? Porque ahora en las teorías geniales de Chávez se incluye una también genial conclusión de la desaparición de una supuesta civilización y vida marciana.

Con su visión de ciencia ficción, más de ficción que de ciencia, el “erudito” Chávez, nos regala esta pieza magnífica de interpretación ideo-cosmológica, digna para figurar en los anales de la historia (como burrada, al menos):

“En Marte, yo siempre he dicho, he oído que haya existido alguna forma de vida inteligente. No sería extraño que en Marte haya habido civilización, pero a lo mejor llegó allá el capitalismo, llegó allá el imperialismo, y acabó con ese planeta”

No me digan que la frase no es digna de ser reflejada en tratados filosóficos y políticos. En cualquier momento Chávez ordena que se escriba un tratado ejemplar sobre la historia de una supuesta civilización marciana y de las causas de su decadencia. Serían bien interesantes las conclusiones que podrían extraerse de ese relato para prever el futuro de nuestro planeta.

Lo que Chávez no sabe aún es que existe un documento encriptado que llegó a la Tierra dentro de una perdida nave proveniente del planeta rojo. En el misterioso pergamino se describe el fin de la floreciente civilización marciana.

El documento fue redactado por un científico nombrado Jor-El, luego del cataclismo del planeta Kriptón del que escapó viajando al planeta Marte a través de un hueco negro. Por misterios de la ciencia estelar, Jor-El retrocedió muchos miles de años atrás, muchísimos y llegó a tiempo para presenciar la muerte de toda la vida orgánica en el planeta adoptado.

El documento fue encontrado y descifrado por un investigado que enloqueció al leer aquella terrible crónica. No se conoce el nombre de este investigador; se dice que probablemente sea un asesor castrista de Hugo Chávez.

Según el relato de Jor-El en Marte había hermosos y fértiles valles, montañas donde abundaba la vegetación y se cultivaban en sus laderas muchas variedades de plantas nutritivas. Grandes y frescos lagos, caudalosos ríos. Había disputas entre los estados que existían en el planeta, a veces estallaban guerras entre ellos. Pobres y ricos existían en todo el planeta. Los marcianos se quejaban de que los ricos se hacían más ricos y los pobres se hacían más pobres; pero había marcianos que querían reformar las leyes para encontrar un balance justo entre los ricos y los pobres. Se avanzaba en las mejoras sociales.

Un día apareció un filósofo marciano, medio loco con una teoría fantástica de unir a todos los pobres para rebanarles el cuello a los más ricos. Surgió entonces un guía psicótico que se dejó crecer la barba y quiso hacer un paraíso en una pequeña isla poniendo en práctica las teorías del medio loco filósofo. Pero la isla se hizo más y más pobre, se arruinaban sus antes feraces suelos, sus ciudades decaían y se amontonaban en ruinas; los habitantes del país se volvían más pobres y ya no quedaban ricos.

Pero la culpa de aquella decadencia no se debía a la puesta en práctica de las teorías del filósofo medio loco enriquecidas con las ideas del guía psicótico. La culpa la tenía el país de los ricos, culpable, según el enajenado guía, de todas las miserias de Marte.

Cuando ya estaba a punto del suicidio, al casi orate guía le apareció un nuevo aliado. Un nuevo aliado que le tendió la mano a cambio de que le instruyera en el arte de hacer feliz a los marcianos aunque estuvieran famélicos.

El aliado resultó ser un regordete oficial del ejército del país amigo, cabezón, de mirada errante, que hablaba sin cansarse, que no se paraba en decir cosas que para el país de los ricos parecieran estupideces.

Entonces en su rico país, poderoso en petróleo, comenzó a escasear de todo; pero no era culpa de él, sino de los oligarcas aliados del país de los ricos, y había oligarcas entre los más rico, entre los de clase media como entre la gente más pobre. ¡Todos eran oligarcas!

Entonces, se podrían los alimentos. ¡Oh! ? exclamó Jor-El ?. “No paran las sorpresas con la podredumbre. No se pueden esconder. Nos señalan que habría varias toneladas de leche, caraotas, jamón, mortadela y otros renglones en estado de putrefacción en uno de los almacenes expropiados en Cagua. ¿Cealco? Serían 25 contenedores refrigerados…”

Pido disculpas, el párrafo anterior no proviene de la crónica de Jor-El, me confundí al hacer la cita. El párrafo citado pertenece a un artículo de opinión aparecido en EL UNIVERSAL de Venezuela, firmado por Nelson Bocaranda Sardi.

El caso es que también, en el país del aliado que no paraba de hablar, se podrían también los alimentos…

Lo que escribió Jor-El fue lo siguiente:

“Apareció un sistema de gobierno que le dicen, le nombran algo así como Socialismo, que es la socialización del hambre y la miseria, donde todos están atrapados y las tierras se arruina, mientras que sus guías se enriquecen y pulula el crimen y todo se viene abajo… ¡No hay esperanza! ¡Estamos perdidos! El socialismo está arruinando al planeta… ¡Auxilio, que alguien nos salve!”


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