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LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) – “En Cuba no se cometen crímenes tan horrendos como en otros países” –sentenció un viejo amigo. “No existen porque la prensa no los publica” –respondí, y le informé que en el sitio por donde acabábamos de pasar, conversando, asesinaron y descuartizaron a una persona hace poco, y según los rumores, algunos pedazos se encontraron en el refrigerador cuando llegó la policía a buscar al asesino.

A mediados del mes pasado apareció el cadáver de un bebé abandonado a orillas del río que atraviesa el poblado La Palma, cerca de una pizzería. Este río es en realidad un riachuelo en tiempos de sequía, perteneciente al municipio Arroyo Naranjo.

La noticia se propagó rápidamente, aunque no trascendió más allá de esa comarca. Cuando me enteré, investigué el caso. El primer enfrentamiento sería con una testigo que estaba presente cuando el equipo de investigación sacaba el cadáver del recién nacido de entre las malezas, junto al río.  “¿Para qué quieres que esto se sepa fuera de Cuba?”. La mujer es madre y abuela y es lógico que sufra con estas crueldades.

“La razón de ser de la prensa es difundir la verdad, lo que sucede e independientemente de que las cosas se publiquen o no, suceden. La población, mientras mejor informada esté, mejor podrá  contrarrestar estos crímenes” –le dije. “Además, la prensa siempre ha sido un archivo histórico para los estudiosos”. El asesinato, según se supo tiempo después, lo cometió una madre enloquecida, abrumada por la crisis en que se vive.

En los últimos veinte años, en ese tramo de río, han sucedido acontecimientos siniestros relacionados con menores. Todos recuerdan el caso del niño de tres años que desapareció en el barrio Mantilla, aproximadamente dos kilómetros corriente arriba, y que apareció en el puente que cruza la calzada de San Agustín. Se concluyó que el crimen estaba relacionado con un rito de brujería. Otro niño se ahogó durante una crecida, y se rumoraba que el cadáver no había aparecido nunca, aunque los vecinos de la familia afirmaron que el muchacho regresó dos años después. Otro niño apareció flotando en una cesta sobre las aguas pestilentes. Se rescató sano y salvo.

Sin embargo, si leemos la prensa oficial pensaremos que “en Cuba no pasa nada”, como afirmó el viejo amigo.


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