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MIAMI, Florida, marzo, www.cubanet.org -La escuela de samba Beija Flor, que al decir de un reportero puso broche de oro al desfile del Carnaval de Río 2011, se alzó definitivamente con el premio del grandioso certamen. Es el decimotercer título para el grupo que representa Nilópolis, un barrio  norteño de Río. La escola ganadora escogió como temática un homenaje al cantante Roberto Carlos. El reconocido cantautor desfiló en la carroza que incluía una enorme figura del Cristo Redentor. La estructura de 60 metros no fue la única favorita en acaparar la atención de público y jurado. La historia de la agricultura, el mundo de la magia, clásicos del cine o la teoría darwinista se disputaron un título, que muchos señalan ayudó a definir la presencia de uno de los artistas más queridos de Brasil.

Por vez primera Cuba se hace presente en un carnaval brasileño, aunque no en el carioca.  Ilha de Magia, una de las escuelas en competencia en los carnavales de Florianópolis, decidió reflejar la temática cubana.  Pero lejos de recrear paisajes de la isla caribeña, de la cultura popular o de de su gente en general, la agrupación brasileña escogió un proyecto deformado por la politización. Un escenario móvil con la forma de un  tanque de guerra y un montaje coreográfico alegórico al Ché Guevara fue la carta de presentación que llevó Cuba al gran evento.

La singular plataforma con reminiscencias guerreras quedó reservada a la presencia de dos personajes extraños al ambiente festivo. El puesto que debió ocupar la escultural figura de la mulata insular fue ocupado por una  señorona rechoncha, vestida con los colores de la bandera cubana, y un bailarín disfrazado al estilo del Ché. La risueña diva era Aleida Guevara. La invitada especial a la festividad no puso reparos en aparecer junto a la esperpéntica caracterización de su padre.

El hecho no es una novedad. La imagen del legendario guerrillero ha sido utilizada ampliamente por la propaganda política cubana, que de paso la comercializa con provecho. Miniaturizada en plástico, a la manera en que se confeccionan los santos de devoción popular, plasmada en toneladas de pulóveres y gorras o grabada en billetes y monedas de tres pesos, cuyo valor nominal se eleva de manera exorbitante en el mercado del turismo, la figura del Ché rinde buenos dividendos a una burocracia que sigue llamándose revolucionaria, proletaria y heredera del legado guevarista.

El fin, sin importar los medios, es lo que mueve a esta casta de comunistas burgueses, que además de ganancias sabe aprovechar cada momento para hacer campaña en su favor. Según declaraciones del  presidente de la escola que concretó la idea, todo parece indicar que el proyecto carnavalesco se concertó en La Habana un año antes, ayudado mas tarde con la mediación de la embajada cubana en Brasilia. Todo planificado al detalle. Desde los trajes que utilizarían los bailarines, pasando por la canción escogida para el desfile- a la que dio el visto bueno la misma Aleida en funciones de censora- y terminando con el motivo temático, oportunamente destacado en la prensa brasileña: “el sufrimiento del pueblo, la salud para todos, el derecho a la autodeterminación, la rumba y el tabaco.”

La ironía de la inclusión de Ché Guevara en los carnavales, con personificación dancística incluida, radica en el propio pensamiento que identificó al homenajeado, enemigo declarado del sistema capitalista y sus hábitos “decadentes”. Pero poco puede protestar el ortodoxo revolucionario contra las prácticas de sus herederos, que lo han convertido a su pesar  en moda de uso amplio, que se estampa  en prendas de vestir o en tatuajes sobre la piel.

Coincidentemente mientras la señora Guevara zambeaba sobre una carroza junto a un figurín disfrazado del Ché, en La Habana moría Alberto Granado, compatriota y viejo amigo de Ernesto Guevara; compañero de viaje en aquella aventura en moto que ambos emprendieran por todo el continente. Tal vez para Granado resultó demasiado, además del peso de sus 88 años, ver tanto desparpajo de estos exponentes de la nueva clase.

“¡Cuba sí! En nombre de la verdad” fue el lema que coronó la exhibición propagandística llevada a Florianópolis, a título de homenaje al pueblo cubano. Falsa percepción de la realidad presentada a los brasileños en el contenido de un mensaje anti democrático y la enunciación de una verdad establecida desde los dictados del poder para reprimir libertades y derechos en Cuba. Algo difícil de asimilar en medio del jolgorio y el contagioso ritmo de la samba.


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