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LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) – Si al hombre primitivo le hubieran dicho que iba a terminar  conectado a una computadora navegando por internet, seguro respondía con un mazazo.

Pero los tiempos corrieron, de aquel neandertal salió este individuo del siglo veintiuno, que vive en Cuba, y que, aunque ahora se lo nieguen, va a terminar sentado frente a una máquina, herramienta de trabajo, de información, o de socialización, derivadas reconocidas de los programas de televisión Las razones de Cuba,  y La cíber guerra, presentado el pasado lunes en Cubavisión.

Pasaron ante las cámaras las opiniones de autoridades cubanas en el tema de internet, blogueros y periodistas oficiales. Una voz en off que remarcaba las imágenes, y  mucho  Google, Twitter,  Facebook, sitios digitales  acompañando caras de presidentes de los Estados Unidos, la cabeza de un águila imperial que alternaba con  links y  ventanas abiertas, y mucha información incomprensible para el cubano.

Esa noche el gobierno le brindó al pueblo de Cuba, que no conoce de la misa la media en este campo, “acceso” gratuito a internet durante algunos minutos, porque está prohibido, limitado a público privilegiado.

También se vieron a Las Damas de blanco marchando; puertas de embajadas que se abrían, y el plato fuerte: los premios en metálico ganados por la bloguera Yoani Sánchez.

Puede volverse una tentación para algunos de los que vieron el programa convertirse en bloguero, y   creer  que postear es más fácil que acertar un número  en la bolita, abrir  una paladar, o hacer algún negocio ilícito, de los tantos que pululan en Cuba, donde se vive  hoy bajo el lema: sobrevivo, luego existo.

Del  programa  de televisión La cíber guerra, más que con el recuerdo de los aviones de combate dirigidos por computadoras  y  el virus que impidió  despegar  al escuadrón aéreo iraquí para el contraataque, la gente  en Cuba  quedó con la amarga  sensación  de vivir en  el  mismo atraso de incomunicación e información que aquel neandertal  de hace doscientos siglos.

Tal vez a un anciano a punto de morir no le interese más conexión que la de su tubo de oxigeno, pero los cubanos de hoy y las generaciones futuras,  luego de sortear los escollos de los filtros,  podrán vivir a tono con el mundo y con su nuevo lema: Me conecto, luego existo.


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