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LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) – La televisión cubana trasmitió uno de los capítulos de la serie documental “Las Razones de Cuba” donde el gobierno quemó a otro agente de Seguridad del Estado. Sin embargo, no queda del todo claro el objetivo  de  estas “revelaciones”, que coincidieron en el tiempo con el enjuiciamiento del contratista Alan Gross.

Tal vez intenten justificar la sentencia de 15 años de privación de libertad, que ya habían decidido imponer los tribunales cubanos al norteamericano, acusado de introducir en el país equipos de conexión satelital. No obstante, la población de la isla desconoce y poco le interesa la situación de Alan Gross. La prensa oficial ha dedicado escasas notas para exponer su caso.

Por otra parte, los documentales no intentan convencer a la opinión pública nacional de que Gross es un “mercenario al servicio del imperio”. De hecho ni lo mencionan. Al parecer el mensaje a la ciudadanía es otro y está relacionado con la pérdida del control de la información dentro de las fronteras de la isla.

La serie pretendió culpar al gobierno norteamericano de promover acciones de subversión a través de las nuevas tecnología de la información. Se esforzaron por mostrar una inteligencia militar omnisapiente y omnipresente. Sin embargo, minimizó  el impacto de estas tecnologías en la población cubana.

La recepción clandestina de señales de televisión extranjera, se convirtió en una alternativa para los cubanos, a las casi nulas opciones de recreación y ocio dentro de la isla, y un lucrativo negocio, en auge desde la década de los noventa, con el interminable periodo especial.

En Cuba las trasmisiones televisivas “no nacionales”, están incluidas por el gobierno dentro del servicio de telecomunicaciones, destinado principalmente al turismo y al cuerpo diplomático.

A pesar de la cacería de brujas de inspectores del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, los decomisos administrativos y la imposición de multas que pueden superar los 10 mil pesos moneda nacional (MN), miles de familias  acceden a programas de televisión extranjeros.

Después que Estados Unidos generalizara el uso de la  televisión digital en su territorio, la adquisición clandestina dentro de la isla de equipos de conexión satelital, se hizo imprescindible.

El precio de los equipos para captar la señal ronda en el mercado negro los 350 y 400 pesos convertibles (CUC). Mantener el servicio cuesta de 10 a 15 CUC mensuales. Muchos subvencionan sus gastos, distribuyendo la señal entre sus vecinos, mediante cables soterrados.

Otros graban los programas extranjeros en discos compactos y han desarrollado una red de distribución que involucra a miles de bancos de películas en todo el país. El alquiler a domicilio de discos compactos con novelas, series y programas televisivos extranjeros, principalmente de las televisoras de habla hispana norteamericanas, también se ha perfeccionado.

Los reporteros de la serie Las Razones de Cuba satanizaron los equipos de conexión satelital para la recepción de señales televisivas, presentándolos como un problema político y de seguridad nacional. Mostraron todo el potencial de Seguridad del Estado, pero minimizaron el impacto social que están teniendo estos equipos y el ingenio de la población cubana para camuflarlos dentro de sus hogares.


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