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Bertrand de la Grange Madrid

Hillary Clinton alaba a Al Yazira y provoca las críticas de los grandes canales de televisión estadounidenses.

Con sus comentarios positivos sobre la cobertura informativa de la cadena árabe Al Jazeera —Al Yazira, según la grafía española—, Hillary Clinton ha desatado la ira de los grandes canales de televisión estadounidenses, en especial de la ultraconservadora Fox News, que no ha dudado en calificar a la secretaria de Estado de "demente". ¿Cómo se atreve la señora Clinton, se preguntó uno de sus presentadores estrella, Glenn Beck, a "promocionar" una televisora que está al servicio del "extremismo musulmán" y de Al Qaeda?

No sorprende tanto el enojo de la Fox como el atrevimiento de Hillary Clinton. Desde que Al Yazira adquirió fama por difundir videos de Osama Bin Laden y de sus más cercanos colaboradores, la cadena qatarí es considerada en EE UU como un instrumento propagandístico del terrorismo islamista. Por eso casi ninguna compañía de cable ha querido incluirla en su oferta, tanto en árabe como en inglés. Y, de repente, la secretaria de Estado deja caer una verdadera bomba al decir que Al Yazira proporciona "noticias reales", mientras que sus competidores estadounidenses se limitan a presentar debates irrelevantes y marean a su público con "millones de anuncios publicitarios".

No fue una simple ocurrencia. Hillary Clinton escogió un tono alarmista para trasladar su profunda preocupación al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, donde hizo esas declaraciones hace unos días. "Estamos perdiendo la guerra informativa", dijo, no sólo en el extranjero, sino también en EU, donde hay un público ávido de noticias serias. "Nos guste o no, Al Yazira está contribuyendo a cambiar la mentalidad y las actitudes de la gente [en el mundo árabe]". No era una crítica a las revoluciones árabes en curso. Era más bien una invitación a los medios de comunicación estadounidenses para que expliquen mejor esa nueva realidad a su público, en previsión de la respuesta diplomática —o militar, si así lo decidiera el Consejo de Seguridad de la ONU— que el Gobierno de Barack Obama tendrá que asumir tarde o temprano.

CNN dominó el panorama informativo en la última década de la Guerra Fría y durante la primera guerra del Golfo, hace veinte años. No había nadie que le hiciera sombra y ningún otro canal tenía tantos corresponsales, enviados, analistas y recursos a lo largo y ancho del planeta. Hoy, esa cadena tan poderosa está fuera de la jugada en el mundo árabe, donde Al Yazira se ha vuelto imprescindible para entender lo que está ocurriendo. El canal creado por el emir de Qatar en 1996 (la versión en inglés empezó en 2006) no es sólo una fuente sin parangón sobre los acontecimientos que sacuden los países musulmanes, es además un actor importante, cuya presencia es reclamada por la oposición para disuadir a los dictadores de recurrir a más violencia.

Con la primavera árabe ha quedado claro que Al Yazira se debe a su público mucho más que cualquier canal de televisión en los países democráticos. "Usted nos está protegiendo al mostrar lo que está ocurriendo en la plaza Tahrir", dijo un egipcio que llamó por teléfono a la redacción en El Cairo. "Si apaga las cámaras esta noche, habrá un genocidio", avisó. A pesar de las amenazas de las fuerzas de seguridad, los periodistas de Al Yazira se quedaron. Y, cuando el 11 de febrero, Hosni Mubarak por fin anunció su renuncia, pasó algo inédito: nadie habló durante quince largos minutos mientras la cámara transmitía en vivo los festejos en la plaza Tahrir. Ocurrió lo mismo en la sala de la redacción central en Doha, la capital de Qatar. Allí, cuenta un testigo, varios periodistas egipcios se echaron a llorar, presa de la emoción al asistir en directo a la caída de la principal figura del régimen.

¿Cómo reprocharles en ese contexto tanta implicación personal? Muchos de ellos toman enormes riesgos en el terreno y cuentan como nadie esas revueltas que estremecen el mundo árabe. Gracias a ellos, pudimos medir la determinación de los egipcios para sacar a Mubarak del poder, y ahora nos dan todos los elementos para prepararnos a una posible victoria del coronel Muamar Gadafi. No intentan hacernos creer que esos rebeldes mal armados están a punto de acabar con el dictador libio, que cuenta con un ejército profesional y una aviación moderna. Prefieren enseñarnos la terrible realidad tal como es, quizá para que las democracias occidentales se conmuevan y actúen ya.


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