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Agencias El Paso

Un ex agente de la Inteligencia cubana dijo que el espionaje de La Habana tiene un departamento especial cuya función es asesinar enemigos del régimen.

Un ex agente de la Inteligencia cubana testificó el miércoles en el juicio a Luis Posada Carriles que el espionaje de la Isla tiene un departamento especial entre cuyas funciones está "liquidar" a los enemigos del régimen, reportó la AP.

Roberto Hernández del Llano dijo que la misión del departamento, que llamó de exilio e inmigración, es la "búsqueda, localización y aniquilación" de los enemigos del Fidel Castro.

Precisó que los objetivos principales son el gobierno de Estados Unidos y los cubanos exiliados en ese país, "particularmente Luis Posada Carriles", quien es juzgado en El Paso, Texas, informó EFE.

Otros objetivos son "la CIA, el FBI, el Departamento de Estado, las universidades, los miembros del Congreso, periodistas y estudiantes universitarios", agregó.

Con el ex agente cubano la defensa intenta desacreditar a uno de los testigos de la Fiscalía Federal, el teniente coronel Roberto Hernández Caballero, del Ministerio del Interior cubano, quien subió al estrado para declarar sobre los atentados con bombas en la Isla, en 1997.

Hernández del Llano dijo que trabajó en el Ministerio del Interior entre 1980 y 1992 y que en 2002 rechazó el ofrecimiento de dos funcionarios de alto rango de regresar a la Inteligencia porque le pidieron que instalara micrófonos en la vivienda, la récamara y la parroquia de su amigo, monseñor Arturo González.

A partir de entonces, aseguró, su familia y él sufrieron represalias y en 2005, durante una detención que se extendió por 75 días, Hernández Caballero le torturó en la cárcel de Villa Marista en Cuba, golpeándolo en los riñones.

El ex agente dijo que renunció en 1992 a su trabajo "después de ver a cientos de jóvenes cubanos morir en una guerra innecesaria (Angola), así como la corrupción y malos manejos de la cúpula".

Narró que en 2003 le negaron la salida de Cuba, pero en 2007 compró a un oficial de Inmigración y logró viajar a Venezuela, luego a México y en la frontera con Estados Unidos pidió asilo político.

Señaló que en su entrevista de asilo político detalló a los funcionarios la tortura, represión, humillaciones y violencia que, dijo, cometen los oficiales cubanos, además de que suministró nombres y apellidos, entre ellos, el de Hernández Caballero.

Interrogado por el fiscal federal Jerome Teresisnki, el testigo aceptó no haber dicho al FBI que trabajó para la Inteligencia cubana.

Por insistencia del fiscal, reconoció haber tenido en su momento una casa grande y siete vehículos en Cuba, pero aclaró que esto fue posible debido a que "la de los carros, la casa y el dinero" era su esposa, de nacionalidad venezolana.

Con respecto a sus motivos para testificar, dijo: "Leyendo El Nuevo Herald con mi hijo de 15 años, nos percatamos de que el distinguido señor investigador de Cuba (refiriéndose a Hernández Caballero) estaba en Estados Unidos dando testimonio, hablando de las cosas lindas de Cuba, y mi hijo me dijo indignado: 've y denuncia a ese carbón'".

El testigo reconoció no tener conocimiento del caso de Posada Carriles y mencionó que se presentó a declarar voluntariamente.

"Entonces, es verdad que está usted aquí solamente para decir que el teniente coronel Caballero es un hombre muy malo"? preguntó el fiscal y Hernández del Llano dijo con firmeza: "Sí".


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