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MIAMI, Florida, marzo, www.cubanet.org -En días pasados, en algunos programas de la televisión de Miami y otros medios, se hizo pública la tragedia vivida por el ex prisionero de conciencia Jorge Luis Tanquero.  Condenado en la conocida causa de los 75, Tanquero fue uno de los primeros excarcelados bajo los acuerdos entre los gobiernos de Cuba y España, con mediación de la Iglesia Católica cubana. Recientemente llegó a Estados Unidos procedente de Madrid con visa de reunificación familiar.

En Tampa, ciudad de la Florida donde reside su familia, le esperaba un duro golpe. Su esposa Marlene González Conesa, había sufrido un infarto cerebral que la mantiene en coma irreversible desde el 28 de enero, apenas dos semanas antes de la llegada de su cónyuge.

La experiencia del exilio político, con todas las particularidades del que impone el castrismo a quienes se le oponen en abierto desafío cívico, comienza a vivirse desde la represión.  Por lo general el presidio, con todas sus consecuencias, se convierte en antesala de esa dura condición. Vivencia que se hace extrema cuando lleva el sabor del destierro, como ocurrió con Tanquero y la mayoría de sus compañeros, tramitados de manera brusca y directa de la oscuridad del encierro a la luz de una libertad en el extranjero.

Recuerda Omar Rodríguez Saludes que durante el primer chequeo médico realizado en el 2004 por las autoridades penitenciarias a los presos de la Primavera Negra, a Tanquero se le detectaron varios problemas. Pero el castigo no solo había hecho mella en la salud de estos presos. Sus familiares, madres, padres, esposas  e hijos, vieron disminuir las suyas afectadas por las secuelas del trauma represivo. A esto se suma el destino que los une actualmente a los excarcelados en el exilio.

Insertarse en una realidad ajena, no importa cuan acogedor pueda ser el nuevo destino,  representa un camino no exento de dificultades, sobre todo cuando se desconoce el medio. Tanquero enfrenta esa responsabilidad, agravada por la condición de Marlene y la atención de Melissa, la hija del matrimonio. Ella se encuentra pasando por la compleja etapa de la adolescencia y la huella de los acontecimientos que rompieron su niñez dejando su hogar destruido por el dolor del padre en prisión injusta y el ambiente enrarecido por el odio político. Debió ser una escuela demasiado fuerte para la pequeña, inmersa de pronto en el mundo tétrico de las prisiones y el señalamiento terrible de la palabra contra revolucionarios, apuntando sobre los suyos. Esos antecedentes son los que lleva en su pasaporte de exiliada la hija de Tanquero, arrancada a tierna edad del terruño natal en Amancio Rodríguez.

No es difícil imaginar la razón que desató el problema cerebral que ha dejado en estado comatoso a Marlene González.

Personas sencillas – cuya sencillez se va por encima de condiciones financieras, intereses mezquinos o un puesto elevado en la sociedad- han iniciado una verdadera maratón para ayudar a un hombre abrumado por la enfermedad, el exilio y la soledad de lo nuevo. Es mejor evitar gentilicios cuando la condición de nacionalidad debe quedar supeditada a razones de humanidad. A ejemplo de aquel gesto heroico por su bondad gratuita, que salvó la vida de otro exiliado cubano. Lo hizo una mujer nicaragüense, madre de dos hijas, que a cambio de la donación de su riñón solo pidió el anonimato.

Sí, es mejor llamar a la disposición abierta de la solidaridad hacia el necesitado, no importa quien sea ni de donde sea. Hay muchas tragedias en este mundo  y hace falta mover corazones generosos que ayuden a remediarlas. Marlén, Melissa  y Jorge Luis González Tanquero necesitan del oído receptivo de tales corazones, que les ayuden a sobre ponerse de este drama tremendo que ha irrumpido en sus vidas.

NOTA IMPORTANTE:

Se ha abierto una cuenta a nombre de Jorge Luís González Tanquero en Bank of America (Cuenta # 229038923134).  Se aceptan contribuciones en cualquier sucursal de Bank of America.


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