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En ocasiones con solo evocar un nombre nos viene a la mente un suceso, una serie de acontecimientos o una conducta, porque la persona lo simboliza y eso es lo que sucede cuando se dice Boitel, porque Boitel es el sinónimo de la resistencia en el Presidio Político Cubano, que se extiende por más de cinco décadas.

El Presidio Político Cubano ha sido el crisol donde se han fundido verdaderos líderes. Hombre y mujeres con una profunda sensibilidad humana y Pedro Luis Boitel fue una de las individualidades que logró en el presidio una plena madurez por su voluntad de sacrificio.

Pedro Luis suscitaba sentimientos y valores encontrados. Algunos sentían una profunda simpatía hacia su persona y otros rechazaban su carácter y manera de hacer las cosas. Era un ser humano común y corriente pero muy especial en lo que se refería a la defensa de sus convicciones y capacidad de sacrificio en la búsqueda de la materialización de sus ideales

Boitel, trabajo en la prestigiosa CMQ, una estación de Radio y Televisión. Allí fue dirigente sindical y posteriormente al iniciar estudios de Ingeniería en la Universidad de La Habana, se transformó en dirigente estudiantil.

Se opuso enérgicamente al gobierno del general Fulgencio Batista, coordinando el servicio de comunicación clandestino del Movimiento 26 de Julio en la capital cubana. Participó en la llamada Huelga del 9 de abril de 1958, lo que motivó su exilio en Venezuela.

En ese país junto a otros compañeros de lucha instaló una planta de radio para transmitir hacia Cuba, dicha planta motivó conflictos dentro del Movimiento 26 de Julio, al extremo que la Dirección Nacional de esa organización ordenó su cierre, mandato que Pedro Luis Boitel no acató.

Por otra parte no permaneció indiferente a los conflictos políticos internos que enfrentaba el país que lo acogió. Apoyo a los demócratas venezolanos cuando un alto oficial del depuesto régimen del general Marcos Pérez Jiménez intentó derrocar el gobierno provisional que presidía el contralmirante Wolfgang Larrazábal.

Mas tarde respaldó el Partido Acción Democrática en sus enfrentamientos con el Partido Comunista de Venezuela. Dicha solidaridad le ganó la confianza de esa agrupación política y posteriormente la del propio presidente Rómulo Betancourt.

De regreso a Cuba se reincorporó a sus estudios en la Universidad de la Habana y al trabajo en CMQ. Boitel, era un hombre con serias inquietudes y de un fuerte sentido del compromiso social por lo que rápidamente asumió la responsabilidad de liderar una corriente de opinión en la Universidad de La Habana.

Pedro Luis había sido dirigente del Movimiento 26 de Julio y se suponía que esa facción, que comandaba el gobierno, le apoyaría en sus propósitos de convertirse en el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria.

No fue así. El liderazgo de la Revolución respaldó al comandante Rolando Cubelas, uno de los líderes del Directorio Revolucionario.

Aunque aquellos fueron tiempos difíciles y complejos, hay factores que nos pueden ayudar a entender el abandono por parte de la cúpula del 26 del Julio, del dirigente que se podía considerar su representante en el alto centro de estudios.

Boitel procedía de la clandestinidad, una vertiente del 26 de julio que no contaba con la simpatía de los comandantes de la Sierra. Por otra parte, según refiere su compañero de exilio y cárcel, Néstor Penedo, su negativa a cerrar la emisora radial que desde Venezuela trasmitía para Cuba, fue un indicio para las autoridades de que Pedro Luis no era un incondicional a Fidel Castro.

Cuenta Jorge Daubar, amigo de la adolescencia, que la campaña contra Pedro Luis fue muy intensa y que paradójicamente se opuso a su candidatura un sector de los estudiantes que era contrario a la intromisión del gobierno en los asuntos universitarios y a la influencia comunista en las instancias nacionales.

Afirma que las presiones por parte del gobierno, entre ellas la convocatoria a una candidatura unitaria presidida por Cubelas, determinaron que casi al final de la campaña muchos compañeros de Boitel le abandonaran y que hasta varios miembros de su candidatura renunciaran a participar en los comicios estudiantiles.

Al parecer muchos de los estudiantes que rechazaban el nuevo orden consideraron que al Boitel formar parte del Movimiento 26 de Julio era el candidato gubernamental, cuando en realidad, situación que se hizo pública por diferentes medios, la persona que contó con el respaldo oficial fue el comandante Rolando Cubelas, el triunfador en las elecciones universitarias.  

Otros testigos de la época aducen que Cubelas ganó los comicios porque contaba con amplias simpatías en el marco universitario ya que provenía del Directorio, una organización rival del Mov. 26 de Julio que había dirigido hasta su muerte José Antonio Echeverría, un líder que rechazaba abiertamente el liderazgo de Fidel Castro.

El Directorio había sostenido varios enfrentamientos con el Movimientos 26 de Julio en el periodo insurreccional y en el propio año del triunfo revolucionario, al extremo que ocupó armas almacenadas en una base militar habanera.

En los meses que siguieron a las elecciones universitarias el régimen acentuó su control de la sociedad estableciendo una férrea censura de prensa, abolición de los partidos y el control de la economía.

El totalitarismo estaba en marcha y Pedro Luis Boitel, consecuente con sus ideales, de nuevo se dispuso a participar en la lucha por la democracia.

Por sus actividades contrarias al gobierno fue arrestado en noviembre de 1960, hiendo a prisión cuando todavía un amplio sector del país estaba identificado con el proyecto castrista.

La prisión fue intensa, cruda y dura para Pedro Luis. En diciembre de 1960, en la Fortaleza de la Cabaña, por primera vez convirtió su cuerpo en el arma de su espíritu. A partir de ese momento realizó numerosas huelgas de hambres, algunas duraron meses, otras semanas.

Sus amigos y compañeros le recuerdan como un hombre controversial y voluntarioso. Un individuo que nunca se daba por vencido y que siempre estaba dispuesto a confrontar cuando sus convicciones lo demandaban.

Pedro Luis inició la última batalla de su vida el 3 de abril de 1972 con su cuerpo como arma y escudo. Su agonía se extendió por 53 días.

Algunos afirman que fue conducido a su última huelga por las provocaciones de las autoridades penitenciarias. Otros plantean que escogió el momento y el lugar de su muerte, y unos tercero dicen que fue a la huelga por propia voluntad en la confianza de que ganaría su enfrentamiento con la dictadura, pero que cuando apreció que el enemigo no cedería, dispuso morir en el campo de batalla que había elegido, con la dignidad y entereza que le había caracterizado.

Eduardo Figueroa, "Maqueca", para sus compañeros de presidio, fue la persona más próxima a Pedro Luis Boitel en los días finales de su existencia. Figueroa cuenta cómo se preparó para enfrentar el nuevo reto y cómo advirtió a sus compañeros que en ningún momento le informaran a la dirección del penal sobre su estado de salud.

Las semanas pasaron y Figueroa apreció cómo se deterioraba físicamente el huelguista. Refiere que su voluntad no cedía un ápice y como su indoblegable espíritu le impedía quejarse. Apunta que siempre estuvo sereno y optimista, que dormía durante horas un sueño profundo y tranquilo y cuando se le preguntaba como se encontraba, respondía con un firme pero escueto "bien".   

Enflaquecía, vomitaba y orinaba sangre. Recuerda, Figueroa, que el día 45 de la huelga le pidió que le afeitara. Cuenta que el rostro de Boitel era piel y huesos, reflejaba la debilidad de un organismo que estaba en el umbral de la muerte, y se prometió a si mismo de que no volvería a afeitarle aunque se lo pidiera.

Describe cómo se le hundía el pecho a su amigo y como pedía su bastón, reloj y estar cubierto con la colcha que le había mandado su madre. Su respiración era cada vez más lenta. Apenas bebía agua porque le daba más nauseas.

El día 50 vomitó sangre. Se enjuagó la boca pero sus dientes seguían manchados del rojo líquido. Dice que le pidió un cigarro y le preguntó la hora. Eran las 8.10 de la mañana.
Figueroa le pidió permiso para solicitar asistencia médica lo que Pedro Luis rehusó diciéndole en un murmullo que recordara su determinación, no olvidara hacerle llegar sus pertenencias a su madre y se hiciera amigo de su hermano. Ese día las moscas empezaron a acompañarle, rodeaban a Pedro Luis, las espantaba, pero retornaban con pesada insistencia.

El 22 de mayo trató de hablar y no pudo. Tampoco orinó ni tomó agua. Del cigarrillo que le puso en la boca solo aspiró tres o cuatro bocanadas para rechazarlo casi de inmediato. Al día siguiente, contraviniendo la voluntad del huelguista y asumiendo toda la responsabilidad con el resto de los compañeros de la galera decidió llamar a las autoridades del penal.

Horas más tarde llegaron dos funcionarios un sargento y un oficial de nombre Valdés. Les mostró las condiciones en que se encontraba Pedro Luis a lo que Valdés respondió.

"Efectivamente esta muy grave….. informaré que esta muy mal, que esta grave, se puede ver a simple vista. Ahora bien, ya nosotros estamos cansados de Pedro Luis Boitel y de sus huelgas…lo que él pide no se lo vamos a dar. Si fuera por mí, se moría ahí mismo. Pero como yo no decido en este asunto y este es un caso de arriba yo informare al Ministro….pero llévate la impresión de que se va a joder".

El día 52, Pedro Luis no alcanza las 80 libras de peso. Dice Figueroa que era un bulto en la cama. Cuenta que en la galera había un denso y respetuoso silencio. Después de nuevos reclamos dos camilleros recogieron el moribundo cuerpo de Boitel. Eran las 4 y 40 de la tarde del 24 de mayo de 1972.

Sobre sus últimas horas hay varias versiones. Su madre, Clara Abraham conoció la trágica noticia por las palabras groseras y ofensivas de un teniente de apellido Abad. Boitel muere el día 25.

Su fortaleza moral dominó las debilidades de su cuerpo. Fue una inmolación o un combate en el que perdió la vida, no lo sabemos, pero han transcurrido 39 años de su muerte sin que su ejemplar resistencia haya sido vencida por el tiempo, al extremo de que la oposición cubana a pesar de la férrea censura, conoce de su vida y le rinde tributo honrando su memoria, enfrentando al régimen con la evocación de su nombre.

Su ejemplo está presente y en Cuba honran su memoria. "Boitel Vive", como apunta en su libro el ex prisionero político Jorge Luis García Pérez "Antúnez".



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