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Cada vez más cubanos se suman a la fiebre de los videojuegos, a pesar del atraso de la isla caribeña con respecto al avance de la era digital a nivel mundial, la ausencia de una infraestructura tecnológica, el bajo número de computadoras pasa uso privado de los cubanos, la imposibilidad de comprar consolas en la red de tiendas, y un limitadísimo acceso a Internet.

Los famosos bancos clandestinos de alquileres y juegos que operan en casas particulares desde hace más de una década, donde se alquilan desde películas pirateadas, telenovelas o shows de participación de la televisión hispana, hasta videojuegos que requieren de soportes que tampoco se venden en la isla como, playstation 3, el Xbox 360, la Wii o el GameBoy Micro de Nintendo, y donde el tiempo de juego en la consola se alquila a los muchachos del barrio por hasta 10 pesos la hora, la película de DVD 5 pesos el día, el serial 25 pesos, e incluso se rentan los soportes técnicos para poder acceder a los materiales desde la casa del usuario por 5 CUC el día.

Los soportes, así como los materiales visuales y videojuegos, son comprados en el exterior, y enviados desde países como Estados Unidos, México, Jamaica, y principalmente desde el Ecuador donde la facilidad de visado para cubanos ha conllevado a la aparición de una red de comerciantes que entran y salen del país cargando la mercancía solicitada, que luego venden a los bancos particulares.

Con la proliferación de esta actividad, y la entrada a la isla siempre de forma solapada de la tecnología requerida, un movimiento de jóvenes aficionados a los videojuegos comenzó a gestarse a partir de los 90, grupo que fue creciendo en importancia y número de adictos a este tipo de entretenimiento, lo que más allá de la pura interacción virtual del jugador con la máquina, devino en juego grupal, con competencias y torneos desarrollados por sus participantes.

Juegos de producción norteamericana como WarCraft y StarCraft, son populares entre los jóvenes cubanos. Los juegos de la compañía Blizzard, que se han extendido a todas las partes del mundo, recrean un mundo imaginario habitado por civilizaciones como los Terran, Protoss y Zerg, donde los jugadores deben crear sus estrategias para ganar, explica Delia Acosta en un artículo del portal www.caribbean360.

Los torneos, que se iniciaron hace unos años en casas particulares, son una forma de entretenimiento que tiende a convertirse en adicción, y a enajenar a estos jóvenes de sus compromisos ciudadanos, pues consume mucho tiempo para personas que trabajen o estudien.

También se juegan verdaderas batallas de videojuegos en los centros de trabajo, donde el acceso a las computadoras, a las que se les conectan memorias USB con este tipo de materiales audiovisuales, es actividad recreativa que en pleno horario de trabajo evidencia la falta de incentivo y desinterés hacia la productividad laboral.

Pero en un país con mínimo acceso a la web esta actividad se vuelve muy complicada.

Para jugar a través de la internet, señala Acosta. “Los cubanos han desarrollado alternativas creativas, redes informales con gruesos cables que van de una ventana a otra, o conexiones inalámbricas con dispositivos de telecomunicaciones”.

Redes que operan clandestinamente en muchos barrios, y llegan a tener decenas de integrantes.

Tampoco la tecnología para ellos se vende en la red de tiendas nacionales. Pero en el mercado negro se puede encontrar de todo, desde los soportes técnicos hasta tarjetas de vídeo para puntos de acceso para la conexión de unos 30 equipos que pueden ser cubiertos por la señal de una antena.

En 2007, se constituyó la Agrupación de Deportes Electrónicos de Cuba (ADEC), que actualmente cuenta con alrededor de 300 miembros,  y está especialmente integrada por estudiantes universitarios, que organizan encuentros y torneos de videojuegos, principalmente en ciudades como Holguín, Sancti Spíritus, Camagüey y Matanzas.

Dos años más tarde  tuvo lugar la primera reunión del movimiento en un espacio institucional universitario, y durante el año pasado la sala de teatro Maxim, “templo de la música rock”, en la capital, dio cabida a los eventos de ADEC añadiendo música electrónica para los torneos.

Juegos que, en algunos países, son considerados como deportes electrónicos, pueden ser jugados en equipos con un mínimo de requisitos técnicos, señala Acosta, pero es necesario ser capaz de conectarse a una red para jugar en grupos. Y, según las últimas estadísticas, sólo el 2,9 por ciento de los cubanos tienen acceso directo a Internet.


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