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Bertrand de la Grange Madrid

El despliegue montado en La Habana para atender a Chávez delata la preocupación de los dirigentes cubanos.

Tiemblan los hermanos Castro desde que los médicos cubanos le han detectado un cáncer al amigo Hugo Chávez. La muerte o la incapacitación política del caudillo venezolano sería una catástrofe para el régimen de la Isla, que ha sobrevivido a duras penas en los últimos doce años gracias a la gigantesca ayuda económica y financiera de Caracas. El despliegue montado en La Habana para atender a Chávez delata la preocupación de los dirigentes cubanos: han tomado las riendas del asunto y han relegado al Gobierno venezolano al rango de simple espectador.

Los Castro tienen una gran experiencia en ese tipo de situación. Los graves problemas de salud padecidos por Fidel a partir de 2006 les han enseñado cómo administrar los datos médicos en función de los tiempos políticos. La enfermedad del Líder Máximo fue declarada "secreto de Estado" y lo sigue siendo en parte, a pesar de las numerosos detalles revelados varios meses después de las primeras operaciones intestinales, que casi le cuestan la vida. Con Chávez, La Habana intentó hacer lo mismo. Propició la filmación, el pasado martes, de un video donde aparece el enfermo departiendo con Fidel en un jardín y en la sala de una casa, ambos ataviados con esa ropa deportiva que se ha convertido en su uniforme. Se trataba de acallar los rumores sobre la gravedad de sus dolencias. Tuvo el efecto inverso.

La difusión en la televisión venezolana de ese video de unos 21 minutos ha tenido, sin embargo, la virtud de exhibir la decrepitud intelectual —además de física en el caso de Fidel— de dos representantes emblemáticos de la vieja guardia revolucionaria latinoamericana. Según la prensa cubana, que ha publicado parte de las conversaciones, pero no el video, habíamos asistido "a una amena conversación, matizada por el humor, la reflexión profunda, anécdotas y recuerdos compartidos, que nuevamente nos dejó el sabor vivo de la historia". Nada de eso. Los "dos amigos felices", como los calificaron Granma y Juventud Rebelde, parecían dos ancianitos achispados contando sus antiguas batallitas en la pulquería de mi barrio, que por cierto se llamaba Las Buenas Amistades.

Sólo los incondicionales dieron crédito a tan burda propaganda. La abogada estadounidense Eva Golinger, que presume en su blog de haber recibido un premio de periodismo en México, había denunciado a la prensa internacional "reaccionaria", como el periódico español El País, por haber barajado la posibilidad de que Chávez tuviera un cáncer. Al reconocer públicamente que los médicos cubanos lo habían operado de un tumor maligno, el propio presidente venezolano ha puesto en evidencia a la más ferviente de sus admiradoras.

Ahora sabemos que Chávez tiene una enfermedad grave y que el tratamiento va para largo. Aquí empieza y aquí termina la transparencia. Se mantiene el secreto sobre el tipo de cáncer, el órgano afectado —algunos expertos aseguran que es el colon, como ocurrió con Fidel— y la esperanza de vida. Los venezolanos ignoran si su presidente está capacitado para seguir gobernando. "Me mantengo al mando", dijo Chávez en su discurso. No especificó, sin embargo, la fecha de su regreso a Caracas ni si tenía previsto asistir, en estos días, a las festividades del Bicentenario de la Independencia, preparadas con mucha antelación y que serían el pistoletazo para lanzar su candidatura a un cuarto mandato presidencial.

Lo que sí ha quedado claro es que otro gran proyecto bolivariano de Chávez, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, ha sido pospuesto. La Cumbre de la CELAC, programada para el 5 de julio, era el primer paso en la creación de una nueva organización continental sin Estados Unidos y Canadá. La anulación de esta cita indica que las prioridades de La Habana y Caracas han cambiado. Sus asesores intentan pergeñar una solución política para que Chávez pueda gobernar desde Cuba sin violar descaradamente la Constitución y sin desatar una lucha por el poder dentro del propio partido oficial en Venezuela. No lo tienen fácil, pero el presidente cuenta todavía con el apoyo del 50% de la población, a pesar de la dilapidación de los recursos petroleros, que sirven en parte para financiar a los países amigos, empezando por Cuba.

¿Y si Chávez no se recupera a tiempo para las elecciones? Algunos barajan ya varios nombres de sucesores, que podrían aprovechar el tirón del mandatario. Entre los más citados figura el hermano mayor de Chávez, Adán, que fue embajador en La Habana y tiene un discurso aún más radical que el actual presidente. Esta salida a la cubana encantaría a los hermanos Castro. Para los venezolanos, en cambio, sería un paso más hacia el abismo.


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