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MIAMI, Florida, agosto, www.cubanet.org -Recientemente ha circulado en Cuba, Estados Unidos y otros países un documento firmado por miembros de la oposición dentro y fuera de la Isla denominado “El camino del pueblo”.

Esta significativa proclama, la cual considero acertada en algunas de sus propuestas,  tiene como objetivo el inicio de un “dialogo” con representantes de la dictadura cubana – la misma que ha esquilmado al pueblo de Cuba durante más de medio siglo.

Bajo ningún concepto puedo estar de acuerdo con el solicitado dialogo. Nadie debe sentarse a dialogar con quienes en flagrante violación de los derechos humanos no nos reconocen, nos insultan día a día, nos encarcelan y desprecian. Bajo esas circunstancias sería penoso y degradante “dialogar” con semejantes violadores de nuestra integridad y derechos.

Sin embargo, yo apuesto por un debate nacional con los actuales gobernantes que precisamente no han sido elegidos con libertad ni democracia.

El camino que conduce a la reconstrucción nacional, al bienestar ciudadano en una sociedad justa y democrática ha de basarse inexorablemente en los principios de la independencia como autentica garantía del ejercicio de los valores ciudadanos y los derechos humanos.

Debatir es combatir frente a frente, imbuidos por el espíritu de la razón, algo que conlleva el valor que siempre hemos mostrado aun bajo las más difíciles circunstancias.

Aclaro que no siento ninguna animosidad hacia los firmantes de El Camino del Pueblo, de lo contrario yo no sería un demócrata. Pero si deseo manifestar con total claridad mis ideas al respecto.

Siempre me he pronunciado a favor de una sociedad cubana que promueva medidas que coadyuven al pleno ejercicio y desarrollo de todos los derechos ciudadanos, integral y dinámicamente, concediendo a todos los cubanos un especial protagonismo, fundado en criterios de tolerancia, libertad, justicia e independencia.

Si  no tenemos el derecho a debatir frente a frente, cómo vamos a aspirar a que la nación cubana se fundamente  en los valores nacionales, en el estado de derecho, las practicas de la sociedad civil, las libertades individuales, la igualdad ante la ley, así como en la gobernabilidad democrática, la equidad y la justicia.

Todas las prerrogativas mencionadas han de ser expuestas en un debate público  ante la nación cubana con todos los representantes de los diversos sectores sociales  y políticos. Sólo así tendremos credibilidad.  La participación en ese debate donde se planteen todos los temas concernientes a la economía, el arte, la religión, la cultura nacional y la libertad de expresión, gozará incuestionablemente del  apoyo internacional.

El debate cívico que  sugiero debería señalarle -y reprocharle-  a los gobernantes de turno la pobreza, la exclusión política y social, el terrorismo en todas sus manifestaciones, el totalitarismo ideológico, el  racismo y la corrupción galopante a que han sometido a nuestra nación, así como todas sus acciones delictivas que durante medio siglo han atentado contra la dignidad y la integridad física, moral y sicológica del ciudadano cubano.

Lamentablemente, no se puede ni soñar con un debate público entre organizaciones democráticas y un gobierno totalitario que no acepta tal desafío. En Cuba, sólo mencionarlo resulta altamente peligroso. El gobierno teme que la verdad salga a la luz. La intimidación, la desesperanza y el terror -las armas de las tinieblas-, son sus armas.

No quiero extenderme más, no es necesario. Termino como empecé: dialogar es conversar, debatir es combatir.

Carmelo Díaz, es un sindicalista independiente y ex prisionero de conciencia de la Causa de los 75, recientemente llegado al exilio.

ENLACE: http://www.cubaliberal.org/encuba/pdfs/El%20camino%20del%20pueblo.pdf


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