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ENGLEWOOD, Florida, abril, www.cubanet.org -La Plaza Antonio Maceo en la ciudad de Santiago de Cuba ya está repleta, llena de católicos fieles y de miembros del Partido Comunista y de la Unión de Jóvenes Comunistas movilizados a carretadas por el gobierno. Se espera el inicio de la misa papal. Aquí y allá se mueven, confundidos en la multitud, numerosos oficiales de la seguridad del estado, atentos a cualquier manifestación no deseable, atentos a lo que diga cualquier ciudadano a algún que otro periodista extranjero venido a reseñar la visita del papa al país menos católico entre los países católicos.

Puestos de la Cruz Roja, equipados con camilleros y paramédicos, se sitúan en distintos puntos de la Plaza. Todo, al parecer, estaba bajo control; de pronto se produce lo inesperado. Un hombre traspasa el cordón de seguridad y llega hasta el mismo altar donde Benedicto XVI se disponía a iniciar la eucaristía: “¡Abajo el comunismo!”, grita con fuerte voz. Saltan los genízaros de la seguridad del estado y arrastran fuera al osado y hasta entonces, desconocido hombre. Más tarde se pudo establecer su identidad por algunos opositores que informaron se llama Andrés Carrión Alvarez.

Carrión Alvarez fue sometido por dos fornidos oficiales de la seguridad del estado pero, ante la sorpresa de un grupo de periodistas, un camillero de la Cruz Roja le propina una bofetada y, no satisfecho, furiosamente arremete contra él golpeándole con la camilla que portaba. La escena fue recogida por las ávidas cámaras de la prensa extranjera y pronto se desplegó por todo el mundo. La denuncia era patente.

De inmediato, el Observatorio cubano de derechos humanos, organización que monitorea las violaciones de los derechos humanos envió un comunicado al Comité Internacional de la Cruz Roja, reclamando que ese organismo hiciera una investigación al respeto y exigiera al gobierno y a la Cruz Roja de Cuba “las responsabilidades que se derivan de esta repudiable agresión”.

En su denuncia el Observatorio cubano de derechos humanos precisó:
“La Cruz Roja es un movimiento mundial de características humanitarias, cuya misión es socorrer y soportar. Esta honrosa tarea no puede aparecer asociada con las agresiones físicas o cualquier otra acción restrictiva. Sus símbolos no deben ser utilizados para enmascarar a agentes que participan en acciones de contención ajenas al espíritu y vocación de esa institución”.

La Delegación Regional de la Cruz Roja Internacional para Centroamérica al recibir la denuncia anunció que estaban evaluando la situación. Ante el hecho inocultable, ante el escándalo internacional el gobierno de Raúl Castro le ordenó al Secretario General de la Cruz Roja castrista, Dr. Luis Foyo Ceballos que emitiera una respuesta de disculpa, una disculpa sin muchos detalles dada para tranquilizar a la Cruz Roja Internacional y sin renunciar a los supuestos principios que inspiran a la “revolución cubana”.

En una breve nota firmada por el Dr. Foyo se informó que el camillero anónimo se separaba de las filas de la Cruz Roja y agregó que el organismo expresaba “sus disculpas de forma muy atenta y apenada por los hechos ocurridos”. Todo esto después de señalar que se había analizado “la agresión física (…) a un ciudadano que se manifestaba ofensivamente”.

Según la nota de “excusa” el camillero había actuado de manera individual y su acto constituía “un hecho aislado”. Lo cierto es que ese hecho “aislado” se ha repetido cientos de veces y se reprodujo durante la misa que catorce años atrás oficiara Juan Pablo II en la Plaza de la Revolución cuando “camilleros” de la Cruz Roja actuaron como esbirros policiacos en contra de un grupo de cubanos que a voz en cuello gritaban libertad. Lo singular de este “hecho aislado” es que fue captado por las cámaras de la televisión internacional.

En Cuba no existen organizaciones independientes del control gubernamental. Las denominadas organizaciones de masa, sindicatos, comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Federación de Estudiantes Universitarios no son otra cosa que simples correas de transmisión de las consignas del Partido Comunista de Cuba y ese mismo papel les toca jugar a las ? solo de nombre ? organizaciones no gubernamentales como la misma organización de la Cruz Roja. No existe una Cruz Roja cubana sino una Cruz Roja rojita castrista que cumple con las misiones que le impone el gobierno comunista.

El camillero voluntario no es otro que un agente policiaco, uno de los muchos que pululan entre las filas de la Cruz Roja que dirige el militante del partido comunista Dr. Foyo, un funcionario gubernamental que califica de ofensiva la frase que pronunciara el indignado Andrés Carrión Alvarez, de “¡Abajo el comunismo!”.

El “aislado” camillero, supuestamente separado de la Cruz Roja castrista, se mantiene en el anonimato ocultándose púdicamente su nombre. Carrión Alvarez se encuentra detenido en algún desconocido paraje; el “aislado” camillero, aunque comisor de un acto de agresión, no fue detenido, ni lo será, al menos mientras subsista el régimen comunista en Cuba.


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