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LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -Por idiosincrasia, el cubano tiende a observar con demasiada atención las peripecias de la vida ajena. Es la herencia de la aldea medieval española, la isla del adriático, la ciudadela árabe, la tribu africana. Este legado, legitimado en el inconsciente colectivo durante generaciones, ha conformado el carácter del cubano y lo ha hecho especialmente comunicativo pero también entrometido.

La dictadura de los Castro supo aprovechar muy bien tales características de la población. Para establecer su dominio totalitario, aplicó métodos de intrusión que llegaron a los barrios, las casas y la vida privada de los ciudadanos. Lo hizo con el pretexto de defender el poder revolucionario. Los tristemente célebres Comités de Defensa de la Revolución y su sistema de vigilancia se convirtieron en instrumento coercitivo y en parte de toda una dictadura de conciencia. La opinión política, la fe religiosa, el gusto musical, la moda, la orientación sexual fueron sometidas a escrutinio público, despersonalizadas y reprimidas.

Todo aquel que vivió su adolescencia y juventud en Cuba durante los años sesenta, recuerda las asambleas de depuración moral e ideológica. La inevitable pregunta en la planilla de solicitud para carreras universitarias, respecto a la filiación religiosa. Las expulsiones de los planteles estudiantiles a quienes eran acusados por “divisionismo ideológico”. El anatema de “negativo”, con el cual los encargados de vigilancia de los CDR calificaban a quienes se mantenían fuera del juego del sistema. Todos parecían sentirse con el derecho de entrometerse en la vida de los demás.
Desde finales de los años ochenta del pasado siglo, se estableció el denominado Sistema Único de Exploración (SUE), el cual  fue reconfigurado en los críticos años noventa bajo el nombre de Sistema Único de Vigilancia y Protección (SUVP). Actualmente continúan haciéndose las clásicas “verificaciones” por parte de algunas empresas a sus trabajadores, en las zonas de residencia de éstos. Para ello envían a una persona que se encarga de visitar al Presidente del CDR o al encargado de vigilancia.

Más recientemente ha funcionado un llamado Sistema de Descubrimiento Masivo, el cual es regido por una organización escalonada de oficiales de la C.I. (Contrainteligencia). Este sistema mantiene una extensa red de fuentes de información y núcleos compartimentados de agentes. Para operar, se apoya lo mismo en antiguos miembros de las instituciones armadas que en delincuentes comunes. Básicamente se ocupa de saber la vida y detalles de todos los residentes en las zonas de influencia. Se enfoca en las personas que logran en un corto periodo de tiempo determinado estatus económico. También espía, por órdenes de la Seguridad del Estado, los movimientos de quienes son calificados con las siglas C.R. (Contrarrevolucionario). A este sistema se suman las bien reconocibles cámaras de monitoreo urbano.

Por otra parte, hay varias figuras del entramado social a las cuales les ha tocado ser catalizadoras de todo un flujo de información. Por ejemplo, las peluqueras y barberos, las manicures, los taxistas, más un largo etcétera de empleados estatales y privados que prestan servicios en las calles.

Sin embargo, la atmosfera social de estos tiempos ya no es la misma de hace cinco décadas, ni siquiera es semejante a la de hace cinco años. Cada pequeña concesión económica del régimen afloja los grilletes y despierta conciencias. El ejercicio del derecho a tener vida privada, opinión propia e independencia económica forman parte de la voluntad personal de muchos en esta isla. Pudiera estar muy cerca el momento cero, en el cual el andamiaje de control del régimen no podrá frenar esa voluntad.


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