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LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -En la última sesión de la asamblea nacional del Poder Popular afloraron las deficiencias que afronta el proceso inversionista en Cuba. Además del no cumplimiento de los planes durante el año 2012, la escasa calidad de las construcciones es un elemento que mucho afecta la imagen de ese sector. Y si hablamos de poca calidad en las construcciones, nada es capaz de desilusionar más a una persona que una vivienda terminada chapuceramente.

En su edición del pasado domingo 6 de enero, el periódico Juventud Rebelde se hace eco de los lamentos de un médico debido a la mala terminación de su vivienda. Se trata de un doctor que, tras cumplir una misión médica en Venezuela, recibió un apartamento en un edificio recién construido en la ciudad de Pinar del Río. Cuenta el hombre que, apenas estrenó la casa, y ya presentaba filtraciones, las que se propagaron a todos los apartamentos del edificio en un breve plazo.

Situaciones como esa no son una excepción en el panorama constructivo de la isla, y contrastan con la excelente calidad de buena parte de las viviendas construidas antes de la revolución castrista. Incluso, los edificios erigidos en el propio año 1959 bajo la égida de Pastorita Núñez, y que pueden apreciarse en varios sitios de La Habana, exhiben su más de medio siglo de existencia en muy buenas condiciones, y pocos de sus apartamentos han presentado deficiencias constructivas o necesitado algún tipo de reparación mayor.

Algunos podrían pensar en la excelente calidad de los materiales de construcción que antaño se empleaban, y contraponerlos a los deficientes de ahora. O también considerar esos apartamentos de microbrigadas, clasificados como de “bajo costo”, terminados a como dé lugar, en jornadas maratónicas para cumplir una meta, y carentes de varios de los aditamentos constructivos que lleva una vivienda. Sin desconocer lo anterior, prefiero centrar el análisis en el elemento humano.

Aquellos eran constructores motivados, muchos con elevada capacitación, e interesados en hacer bien su trabajo. Los de ahora, en general, son constructores desmotivados, que permanecen en esa labor para no quedarse sin empleo, pero a la espera de hallar otro trabajo menos extenuante, y hasta tal vez mejor remunerado. Las propias autoridades han reconocido que el déficit de fuerza de trabajo, en muchos casos calificada— albañiles, carpinteros, plomeros y otros—, incide grandemente en la crisis que presenta el sector de las construcciones. No se han encontrado estímulos ni sistemas de pago adecuados que garanticen la estabilidad laboral en esa importante esfera de la economía.

En un momento dado se quiso resolver la escasez de constructores mediante el trabajo de los microbrigadistas, esos hombres y mujeres provenientes de los más disímiles sectores de la economía, que se incorporaban a esa dura faena con el objetivo de obtener una vivienda. Hubo microbrigadistas que debieron laborar 20 años en las obras de interés estatal para poder construir finalmente su vivienda. Y una vez conquistada esta, como es lógico, casi todos abandonaron las construcciones, pues los había profesionales, técnicos y empleados de una amplia gama de ocupaciones que deseaban regresar a sus anteriores puestos de trabajo.

Después de que las autoridades comprendieran que ese no era el camino para contar con un vigoroso ejército de constructores, se han dado a la tarea de formar albañiles, plomeros carpinteros, electricistas y otros obreros calificados para ese sector. Para ello les cerraron las puertas de la enseñanza preuniversitaria a miles de jóvenes, a los que no les quedó más remedio que servir de cantera para esas ocupaciones, y otras priorizadas como las del sector agropecuario.

Mas, aun así, de no sobrevenir un estímulo salarial eficaz para los constructores del sector estatal, el trabajo por cuenta propia podría oficiar como válvula de escape para muchos de esos obreros insatisfechos. En todo caso, no sería aventurado tratar de arribar a un consenso inicial: cuando haya constructores que se sientan bien en su puesto de trabajo, y amen lo que hagan, podremos aspirar a buenas construcciones.


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