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LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -El 14 de abril Cuba votó  de manera imaginaria  en las elecciones de Venezuela, cuando  buena  parte de la población cubana no se fue  a dormir hasta saber el resultado de los sufragios,   disputados  entre  el candidato chavista  -presidente encargado Nicolás Maduro- y el  opositor  Henrique Capriles, quien perdió en los escrutinios por un escaso margen.

Desde el fondo de su corazón, cada cubano apostó por uno de los dos contendientes, en unas elecciones  caracterizadas  por el continuo llamado de ambos  líderes a sus seguidores para  que primara la ecuanimidad y  la calma en las urnas, por el bien de toda la nación.

A la media noche  y antes que finalizara  el conteo total de votos, se anunció por el canal televisivo Telesur como irreversible la victoria de Nicolás Maduro, quien desde una tribuna y en emotivo discurso dijo  que su triunfo era fruto de mucho esfuerzo y trabajo conjunto  de las autoridades con el pueblo y las instituciones del país. Juró serle fiel a la revolución bolivariana, a la constitución, a la integración latinoamericana. Agradeció el apoyo de otros países, en especial de Cuba. Y  expresó  que  era la  victoria del comandante  Chávez.

A las doce de la noche el sueño de los niños en casa fue roto de repente por  una música a todo volumen. Un reguetón  que por estos días se escucha mucho en Cuba, titulado Búfalo Bill, integrado en su totalidad por un solo  estribillo,  dicho  en diferentes tonos,  pero donde prima  una  constante:  Bill… Bill… Bill…

Nadie entiende el mensaje de la canción, ni qué  significa,  pero está sembrada en la preferencia de los  jóvenes que  la escuchan  como un himno: Búfalo Bill… Bill…. Bill… La música provenía de  la casa de nuestra  vecina  Tatiana. Su esposo presta colaboración militar en Venezuela y    festejaba  la victoria chavista.

Otro que  festejó por lo grande  fue Félix,  un barbero por cuenta propia  que   pela  en su vivienda  a muchos venezolanos de la misión denominada Milagro, hospedados en Marina Hemingway, junto a  Jaimanitas.  El barbero   se ha contagiado con  la aversión  de sus clientes contra Capriles y   aprovechó  la  victoria de su candidato  para beberse una  botella de Havana Club y amanecer borracho y contento,  mirando el mar   desde la  azotea de su barbería.

Al día siguiente, por la mañana,  Josefa, La Gorda, que  temía que ganara Capriles y regresaran a La Habana los apagones,  me mostró   con alegría el  periódico Trabajadores  con    el saludo de Raúl  a Nicolás en primera plana. Dijo que por lo menos quedaron  asegurados  el aire del ventilador, la novela brasileña  y   el agua fría.

En la cola del pan,  Marta, la mensajera, dijo  en voz alta que  había  otro pueblo que quería a Capriles, casi del tamaño del pueblo que votó por Maduro y sugirió que debían dividir  Venezuela en dos, como las dos Corea,  pero  Pipe, el jubilado, le salió al paso y  le  dijo que no, porque   una Corea se había dedicado al desarrollo tecnológico y  la otra al armamentismo, y  no deseaba eso para la hermana tierra de Oscar de León y Simón Bolívar.  En cambio, Yudith, de 35 años  y emigrada a la capital desde Rinconcito, en Las Tunas, dijo que hubiera deseado que ganara  Capriles,   para que el gobierno cubano se viera precisado a apurar los cambios en Cuba.

En todos los lugares donde se recogieron opiniones sobre los comicios, los votos virtuales estuvieron  divididos,   con un pequeño margen a favor de Maduro,   por considerarse la garantía de la tranquilidad ciudadana en lo referente a la electricidad, el  transporte y  los beneficios que pudiera brindar  la integración económica.

Aunque no hubo cañonazos, ni toques de sirenas, ni bocinas de autos, ni fuegos artificiales celebrando  al momento de anunciarse  el  ganador,   sí varios niños se  despertaron asombrados por la contagiosa música a esa hora de la noche:   Bill… Bill… Búffalo Bill…

Por el momento, aquí todo sigue igual.  Inerte.


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