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LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -Los videoclips están en la mirilla de los censores. Un grupo multidisciplinario se encargará de la aprobación o el rechazo de los materiales antes de ser difundidos por la televisión. La “medida” fue aprobada hace unos días, en la última sesión del año de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Es cierto que en este tipo de producto audiovisual se ha estandarizado una estética mediocre y de pésimo gusto, pero la necesidad de corregir el mal no debe ser una patente para marginalizar a artistas, no propiamente por la vulgaridad o agresividad de sus textos, sino por ser “políticamente incorrectos”.

Por lo demás, no es nuevo que el reguetón, uno de los géneros más demandados dentro del videoclip cubano, sea la banda sonora de la proliferación de actos violentos y otras conductas marginales, por parte de jóvenes y adolescentes.  Son raros los textos de este género que abordan situaciones edificantes. Sus denominadores comunes suelen ser la discriminación de la mujer y la extrema chabacanería.

¿Pero cómo los protagonistas de esa seudocultura lograron ocupar posiciones de relevancia en el gusto popular, si no fue mediante múltiples espacios radiales y televisivos?

Es difícil entonces entender el apuro del régimen por atajar un género musical  con decenas de miles de seguidores gracias, en gran medida, a su promoción en los medios oficiales.

Aunque censuren, mucho esfuerzo inútil les costará a estas alturas romper los vínculos entre oferta y demanda. Porque hasta los niños escuchan hoy con preferencia estribillos tales como: “Tusa Cutusa quítate la blusa, Pinocho te están buscando pa´hacerte un ocho, Páfata métele un palo por la cara, y mamita tú estás quimbá, mami como tú quimba, prende la cachimba”.

El hecho de que las mayores ganancias de los que venden o alquilan materiales en formato digital, con o sin licencia, provenga de las telenovelas y el reguetón, señala la complejidad del escenario. Ese patrón de consumo no podrá cambiar de la noche a la mañana, por obra mágica de la represión.

Así que la afirmación del vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), Omar Olazábal, de que la “medida” marca “un punto de giro en la calidad de la programación musical”, hay que interpretarla como un amago propagandístico que no alterará el gusto de niños, jóvenes y adultos, adictos en masa a la repetición de esos textos de alcantarilla.

oliverajorge75@yahoo.com


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