We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.


Cubaverdad on Twitter

Niños cubanos_foto Egberto Ángel Escobedo

SAN JUAN, Puerto Rico, enero, www.cubanet.org -Con sumo enojo, recibimos la noticia del saqueo y robo orquestado por las turbas gubernamentales, que se apropiaron de los juguetes que las Damas de Blanco tenían guardados para entregárselos a los niños por el día de los Reyes Magos. Un acto por demás cobarde y canallesco, que el mundo no debiera ignorar, aunque las Damas de Blanco, imponiéndose a la infamia, volvieron a adquirir juguetes con la ayuda del exilio, y los  repartieron entre 63 niños pobres de Cuba.

A lo largo de la historia del castrismo ha sido una constante el abuso institucional contra los menores. Y más que abuso, crueldad. Desde los mismos comienzos, cuando estaban alzados en la Sierra Maestra, los Castro reclutaron menores de edad para combatir contra el ejército de Batista. Luego, a principios de la década de los sesenta y años subsiguientes, el régimen reclutó menores para servir en las milicias y otros cuerpos armados, e inclusive fueron enviados a zonas de combate en el Escambray y en Bahía de Cochinos (Playa Girón)

Durante muchos años dieron instrucción militar a menores en las escuelas, impartida a través de efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Este uso y reclutamiento de menores constituye una violación a la Convención sobre los Derechos de los Niños, de la ONU, artículo 32, y a la Convención sobre la Participación de los Niños en Conflictos Armados, de la ONU, Artículo 2.

De hecho, a los padres se les mermó en su derecho a la patria potestad, al privarlos de la posibilidad de seleccionar la educación de sus hijos, tras la incautación de las escuelas privadas, y se les reprimió por darles la educación religiosa de su preferencia.

La explotación de menores fue una constante del régimen totalitario. A los estudiantes se les llevó  obligados al “trabajo voluntario”, bajo el programa llamado “La Escuela al Campo”, cuya finalidad era poner a trabajar a los niños en fincas agrícolas, alejados de sus padres y en condiciones inapropiadas. Debían laborar gratuitamente para el Estado durante 60 a 45 días, todos los años, por periodos de 6 a 8 horas diarias, sin recibir paga alguna y sin poder beneficiarse de las cosechas, las cuales iban en su totalidad para el gobierno.

Si algún estudiante o padres de estudiantes se negaban, estaban sujetos a represalias. Al estudiante se le marcaba negativamente en el Expediente Académico Acumulativo, con lo cual quedaba constancia que repercutiría a la hora de ingresar en una universidad o para seleccionar ciertas carreras de interés estratégico para el régimen. Este tipo de explotación económica de menores es violatoria del artículo 5 de la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y del artículo 32, de la Convención sobre el Derecho de los Niños, de la ONU.

Incluso, la crueldad del régimen castrista cegó la vida de muchos menores de edad. Tal es el caso de los fusilamientos, en La Cabaña, en 1971, de Ángelo López Rabí, de 15 años de edad, y de Pedro Bermúdez, con  16 años, en Santa Clara, el 29 de junio de 1974.  Y no son los únicos. Hasta donde se conoce, más de una veintena de menores fueron asesinados en el paredón por la dictadura castrista.

Owen Delgado, de 15 años de edad, también fue asesinado, mientras era torturado con golpizas, el 23 de marzo de 1981, en Villa Marista, cuartel de la Seguridad del Estado en La Habana. Lázaro Morera Martínez, de 16 años, fue asesinado en 1993, por el jefe de la Policía de Aguica, en Matanzas. Y Andrés Quintana Velásquez, de 14 años de edad, fue asesinado, en Matanzas, cuando intentaba auxiliar a su padre, que estaba siendo brutalmente pateado por agentes del régimen. En Río Canimar, el 7 de junio de 1980, cuando trataban de salir con sus padres a buscar libertad en otras tierras, fueron asesinados William González López, de 3 años de edad; Osmany Rosales Valdés, de 9 años; Marisol San Juan Aragonés, de 11 años, y Marisol Martínez Aragonés de 17 años.

En el conocido caso del  Remolcador “13 de Marzo”, hundido el 13 de julio de 1994, por embarcaciones del régimen bajo el mando de agentes de la Seguridad del Estado, murieron 10 niños: Hellen Martínez Enríquez, con 6 meses de nacida; Xindy Rodríguez Fernández, de 2 años; Ángel René Abreu Ruiz, de 3 años; José Carlos Nicle Anaya, de 3 años; Giselle Borges Álvarez, de 4 años; Caridad Leyva Tacoronte, de 5 años; Juan Mario Gutiérrez García, de 10 años; Yasser Perodín Almanza, de 11 años;  Yousell Eugenio Pérez Tacoronte, de 11 años; Eliecer Suárez Plasencia, de 12 años, y Mayulis Méndez Tacoronte, de 17 años, junto a otras 37 personas que se lanzaron al mar en busca de libertad.

Por este horrendo crimen, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó al tirano Fidel Castro y su régimen por genocidio. (Caso 11.436, Informe No. 47/96). Sin embargo, muchos gobiernos de América Latina y del mundo prefieren seguir ignorando tamaña salvajada.


Go to article


Go to Source Site

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *