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CARACAS, Venezuela, enero 2014, www.cubanet.org -El 30 de diciembre de 1922, un lustro después de la revolución bolchevique, Lenin creó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y en el espacio geográfico de la URSS se hizo realidad un Estado inédito en la historia de la humanidad: el primer Estado socialista.

Tan trascendente hecho histórico, impregnó de un optimismo infinito en el futuro a militantes socialista, comunistas, famosos intelectuales, alrededor del mundo. No era para menos. Sin lugar a dudas, parecía adquirir carácter de predicción científica la profecía teórica que hiciese Marx en el siglo XIX de que el capitalismo tenía sus días contados y que, tarde o temprano, desaparecería de todos los países del planeta, siendo sustituido por un modo de producción superior: el socialismo. No fue poca cosa el estatus que alcanzó el marxismo en el campo del conocimiento. Sus seguidores se multiplicaron en los círculos académicos en todas partes, ya que parecía haber enterrado y reemplazado a todas las ciencias sociales al crear la ilusión de que realmente había desentrañado las leyes que rigen la evolución histórica.

Como esta ideología afirmaba que es la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción lo que da origen a la división de la sociedad en clases sociales, entonces la mencionada superioridad del socialismo soviético se deducía del hecho de que había abolido la propiedad privada y creado en la URSS por primera vez una sociedad sin clases sociales: Al fin, la división de la sociedad entre burguesía y clase obrera era cosa de la prehistoria capitalista.

Stalin “padre de crianza” del socialismo

Aunque desde los años 60, socialistas y comunistas le hayan pagado con mala moneda, el olvido, a Stalin no puede regateársele el título de “padre de crianza” del socialismo. Fue él, como gobernante, quien con mano de hierro causando incontables víctimas (entre 20 y 40 millones de muertos) construyó en las décadas de los 30 y los 40 el sistema socialista en la URSS, bien llamado estalinista.

En lo económico, expandió la propiedad colectiva (estatal), eliminó físicamente a los grupos sociales del anterior régimen y extirpó la propiedad privada. En lo político, fundó el Estado totalitario soviético, caracterizado por la existencia de un partido único fusionado con el aparato estatal, el culto a la personalidad y la sustitución de la ley por la voluntad del Dios-Dictador (Stalin). Mención aparte merece la creación de los tenebrosos campos de concentración (Gulag) utilizados para aniquilar a los opositores al sistema, a los que se calificaba de “parásitos”, “gusanos” y “traidores a la patria” vendidos a potencias extranjeras. Las democracias occidentales quedaron eternamente en deuda con Solhenitzyn por haber sacado a la luz pública la macabra realidad del Gulag, semejante a la de su gemelo: el totalitarismo nazi.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, un Stalin victorioso extendió las fronteras del imperio soviético hacia Europa Central. Si bien, como señala Brzezinski, el imperio soviético duró poco, apenas siete décadas, antes de caer derrotado por los Estados Unidos en la Guerra Fría, es innegable que libró una batalla sin cuartel por la supremacía del mundo contra la superpotencia norteamericana por más de 40 años.

La URSS murió en 1991

A causa del fracaso de la economía estatal, a la escasez crónica de bienes de primera necesidad, al atraso tecnológico, y al anquilosado y autoritario sistema político, el 25 de diciembre de 1991 murió la URSS. El fatal desenlace lo simbolizó la renuncia de Gorbachov a la Presidencia de la Unión Soviética. La extinción de la URSS produjo un cataclismo geopolítico, cuyas secuelas aún están en marcha:

Nacieron 15 repúblicas independientes, se disolvió la Yugoslavia socialista y surgieron 6 nuevos países y poco antes la Alemania Oriental (socialista) había desaparecido integrándose a Alemania Occidental (capitalista). Además, se desarrolló un fenómeno socio-político inconcebible que revolvería a Marx en su sarcófago: ¡la transición del socialismo al capitalismo! Proceso discontinuo y más claro en los países ex-socialistas de Europa central (Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania), los bálticos (Letonia, Estonia, Lituania) e incluso Rusia.

En Occidente, los partidos comunistas (sucursales del PCUS) e izquierdistas se convirtieron en zombis que arrastraban sus pies a la deriva, sin casa matriz ni modelo a imitar y publicitar (el dictador cubano Fidel Castro, dueño de una ex-colonia de la Unión Soviética, expresó a su admirador Lula da Silva en 2008: “La desintegración de la URSS fue como si dejara de salir el sol”).

La definitiva derrota del socialismo como alternativa a las democracias que tienen a la propiedad privada (capitalismo) como un componente central, la resume el Prof. Norberto Bobbio así:

“El derrumbe del socialismo real ha sido un acontecimiento de tan grande alcance histórico que todavía hoy no logramos darnos cuenta de su importancia en la transformación del curso histórico de la humanidad”.

Es una realidad inocultable que el marxismo y el socialismo fueron sepultados en una fosa común en 1991. Bien podría decirse que ese año finalizó el siglo XX y comenzó el nuevo milenio.

Fidel creó en Cuba el Socialismo del Siglo XXI

El derrumbe de la URSS representó una catástrofe para la economía de Cuba, que como colonia era sostenida por el imperio soviético (el shock externo redujo el PIB en 35% en 5 años). En segundo lugar significó el debilitamiento institucional del  partido comunista cubano (PCC). Todo esto dio pie al Período Especial, en el cual Fidel Castro desarrolló una mutación en el sistema para garantizar la permanencia del régimen. Las reformas implementadas incluyeron en el orden económico la apertura al capital extranjero, bajo la modalidad de empresas mixtas con el Estado cubano. Paralelamente, el poder político y económico se fue trasladando desde el PCC hacia el estamento militar que se constituyó en la clase dominante en Cuba.

En su artículo “La Etapa Castrense del Castrismo”, Luís Esteban G. Manrique (Política Exterior. No 123, 2008, pps. 21-28) describe la transformación operada en el socialismo de tipo soviético en Cuba a partir del Período Especial hacia una dictadura militar familiar. Al darle una creciente participación a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en los negocios se aseguró la lealtad de sus componentes al régimen, al tiempo que su poder total se impuso sobre el PCC y el resto de las organizaciones populares.

En verdad, el resultado de esa transformación es el verdadero “Socialismo del Siglo XXI”. Modelo que el liderazgo de los Castro ha exportado a Venezuela.

El Socialismo del Siglo XXI en Venezuela

En nuestro país la clase dominante (militar/civil) que se ha apropiado del Estado, destruye la democracia y arruina la economía privada en su empeño por construir el “Socialismo del Siglo XXI” a semejanza del cubano. Para vender el socialismo como una mercancía nueva, la publicidad oficial lo ofrece envuelto en papel de regalo con la imagen del Libertador y lo llama “Socialismo del Siglo XXI” o “Socialismo Bolivariano”. Se difunde la falsa idea de que es un producto original elaborado por ideólogos venezolanos.

Sin duda, el “Socialismo del Siglo XXI” es una oferta engañosa. Pensemos solamente que ningún país en el concierto global de naciones ha mostrado ningún interés en importar ese producto porque saben que siempre ha conducido a la miseria y a la esclavitud.

Este artículo fue publicado originalmente en Soberanía.org


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