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LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -Los discursos del general Raúl Castro suelen ser cada vez más desconcertantes. No se sabe cuando juega a los chinos o a la ruleta rusa.  Antes, al menos, solía ahorrarnos el susto, al avisar cuando iba a hacer un chiste. Ahora ni eso.
No es que hiciera de ventrílocuo, pero su  discurso del pasado primero de enero en el Parque Céspedes, de Santiago de Cuba, más que a sus arengas de hace siete años, cuando asumió  el poder,  se parecía a los de Fidel Castro.
El general-presidente aseguró que la revolución sigue igual que cuando triunfó hace 55 años, sin más compromiso que con el pueblo.
Y uno no sabe cómo entender esto, porque si con alguien rompió hace rato su compromiso eso que todavía algunos  llaman “la revolución”, es precisamente con el pueblo, abandonado a su suerte en este sálvese el que pueda… si es de la élite.
El compromiso será con Fidel Castro y la dirigencia histórica, esa meritocracia supra-institucional, con los generales, con la ortodoxia  retranquera, pero, ¿con el pueblo?
¿Cuál es el compromiso con el pueblo de un gobierno cuyas medidas para actualizar el modelo económico, por mucho que lo nieguen, cada vez se asemeja más a las terapias de choque del capitalismo salvaje que llegó disfrazado de cualquier cosa, sin capital ni mercados, y lo que es peor, sin libertades políticas ni derecho a decir  jí?
¿Qué compromiso  es el de un gobierno que pensando solo en sus recaudaciones,   toma como patrón los precios del mercado negro, y declara ilegales los mecanismos de supervivencia de un pueblo cada vez más menesteroso?
¿De qué valen las promesas de  un sistema mezquino y chantajista que se bate en retirada, que lenta y dolorosamente se disuelve en el agua de borrajas de los Lineamientos del VI Congreso?
¿Qué tiene que ver con el pueblo, el chapucero  capitalismo de Estado tan mercantilista como el de las monarquías absolutistas, que se nos vino encima?
Este discurso del general- presidente, en que se avanza hacia atrás, me recordó el “llamamiento” al IV Congreso del Partido Comunista, que hizo el general de ejército  cuando era el Número Dos, en marzo de 1990. Entonces entendimos poco y mal. Cuando al fin se celebró el dichoso congreso, en octubre de 1991, resultó exactamente todo lo contrario de lo que se esperaba. Y ya sabemos las consecuencias.
Han pasado muchos años y el que era el Número Dos ahora es el Número Uno. Y no es bueno para un gobernante desaprovechar tantas oportunidades.

luicino2012@gmail.com


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