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Mario Félix y su esposa Yoaxis (foto del autor)

MIAMI, Florida, enero 2013, www.cubanet.org.- El pastor bautista Mario Félix Lleonart, y su mujer, Yoaxis Marcheco, estaban preparando las maletas para regresar a Cuba luego de un intenso viaje a los Estados Unidos. Ella estaba agotada por el estrés que supuso presentarse en público en varias ciudades, pasar el fin de año sin sus hijas y además pensar en el regreso del domingo (ayer). Le tiene pánico a los aviones.

Él, un abierto luchador por la democracia, en el ojo del huracán del castrismo las 24 horas del día, sacaba de los evangelios -y de su inspiración-  un rezo para dos exiliados que se presentaron a última hora en la vivienda donde se alojaban en Miami. Mediante la concentración –está habituado a orar- pidió lo mejor para sus compatriotas, representados en la exigua muestra de personas que estaba allí -incluyendo a quien escribe- y que no era otra cosa que la síntesis generacional de los que se fueron y los que se quedaron. Más la nueva categoría: los que salieron y regresan.

Muchas emociones juntas recibieron en el viaje el pastor y su mujer. Por primera vez podían constatar la libertad absoluta de expresión y culto. Pudieron ver cómo vive la gente que se fue de Cuba, sin tener que interpretarlo de un documental (Balseros, 2002, por ejemplo). Participar activamente de congregaciones religiosas dentro y fuera de sus templos ha sido una experiencia única: son muy fuertes las congregaciones evangelistas en el sur de la Florida.

El matrimonio, que vive en Taguayabón, en la provincia de Villa Clara (unos 300 kilómetros al este de La Habana), está acostumbrado a ir de frente en materia de política. Mario Félix ha sido detenido en varias ocasiones por ser un abierto opositor al régimen. A día de hoy ha perdido el miedo. Tanto él como su esposa son adictos a las redes sociales. Tuitean a la buena de Dios –nunca mejor dicho- con líneas obsoletas y vigiladas dentro de Cuba. Él lleva un blog y además escribe para otras publicaciones no oficialistas. Todo un pecado.

En el momento en que llegamos a su casa de acogida, estaban retuiteando la detención de la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, la del esposo de ésta, Ángel Moya, así como la del líder de la organización opositora Unión Patriótica de Cuba, José Daniel Ferrer. Los activistas fueron acusados de distribuir juguetes en vísperas del día de Reyes.

El pastor y su mujer pesaban su equipaje: veintiocho libras de caramelos, regalos para su parroquia (lápices y material escolar) y también juguetes. Temían al decomiso.

Quien no conozca la realidad de Cuba no lo entendería jamás.

Pero no estaban nerviosos por eso. La humillación y el maltrato con sus ciudadanos es práctica habitual de la dictadura y ellos lo han vivido en carne propia. Estaban muy preocupados por no ser viajeros normales, según sus palabras. Esto quiere decir que, aunque les hayan permitido salir, siguen existiendo consecuencias políticas.

Como mismo las hay con los compatriotas salidos al exilio, viajeros normales para el resto del mundo menos para su país.

El pastor Mario Félix ofreció una oratoria en una iglesia de la calle Flagger en la mañana del domingo. Debían regresar, él y su mujer, a continuación, pero le cambiaron el vuelo para uno de la noche. Su sueño de oficiar el mismo día en las dos orillas se rompió. Pero esa circunstancia le dio margen para organizarse una despedida de Miami más tranquila, mejor pensada.

Aterrizar con nocturnidad en Cuba –volaban directo a Santa Clara- es un arma de doble filo. Sabrá Dios –nunca mejor dicho- cómo les fue.


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