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LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -Este nuevo año ha venido acompañado por algunos acontecimientos con incidencia económica. Ellos han despertado interés en nuestra población. Puede decirse que, de esos sucesos, a un par puede reconocérseles carácter positivo. La mayoría, por el contrario, resultan muy contraproducentes.

Hace semanas entró en vigor  la prohibición a los pequeños comercios privados de vender confecciones extranjeras o artículos de uso doméstico. A esto se unen las cuantiosas multas que los burócratas de la ONAT, sin prueba alguna, han impuesto a muchos cuentapropistas porque —suponen aquéllos de manera arbitraria— declararon ingresos menores a los reales.

Pero la novedad que mayor conmoción ha causado es —sin dudas— la venta libre de autos a los particulares por parte del Estado.

La alegría dura poco en casa del pobre

Los ilusos que leyeron en internet la Gaceta Oficial Extraordinaria número 46, de 31 de diciembre, y que intentaron desentrañar sin éxito el enrevesado léxico de las diferentes disposiciones legales contenidas en ella, deben haberse llevado la gran sorpresa al presentarse en los puntos de venta de los ansiados vehículos y ver sus precios.

En realidad, su pasmo no tenía que haber sido tan grande. El inciso b) del artículo 8 de la Resolución 543 del Ministro de Finanzas y Precios contiene una norma que debió haberles servido como severa advertencia. Según ese precepto, para determinar el precio de venta de los vehículos se parte del valor de compra o la tasación oficial, a lo que se suma el importe de las mejoras (en su caso). Acto seguido, ese punto de partida se multiplica… ¡“por un índice de 15.0”!

Pese a esto, aun los que comprendieron el sentido de esa cláusula expoliadora deben haberse sorprendido ante la realidad. Como informó BBC Mundo, un Peugeot 508 nuevo se vende en 262 mil dólares; un modelo 206 de la misma marca, con cinco años de uso, cuesta unos 85 mil dólares. No por gusto la internauta Vilma, en un comentario enviado a ese órgano de prensa, expresa: “Eso tiene que ser en CUP o una bola, porque si es en serio, no hay forma de que se le esté imponiendo el 50% por encima del precio de compra”. Pues no, estimada amiga, la gabela aplicada por el codicioso régimen castrista no es la que usted sugiere, ¡sino treinta veces mayor!

El desenfreno alcanzó tales cotas que incluso la prensa extranjera acreditada en Cuba, habitualmente tan cautelosa, se hizo eco de la indignación ciudadana. La colega Anne-Marie García, de la AP, cita algunas frases: “Una locura”, “¡Increíble!”, “Es ciencia ficción”, “Son unos abusadores”, “¡Qué falta de respeto!”.

Ante estos hechos, ¿no parecen superfluas las preocupaciones expresadas por el periodista Haroldo Dilla a pocas horas del cambio de año? Él, después de calificar de “positiva” la medida, expresa su angustia ante los hipotéticos “embotellamientos, déficit de estacionamientos, insuficiencia de gasolineras y otros problemas” que supone que ella ocasionará. También, según ese escritor, “habrá que decidir… qué edificios derrumbar en la ciudad para hacer parqueos”.

Alucinaciones aparte, hay que expresar que esos costos demenciales exceden en mucho de los que pueden encontrarse en cualquier otro país, incluso del Primer Mundo. Pero aun en la misma Cuba, los vendedores particulares anunciaban en revolico.com precios menos irracionales. Por ejemplo, dos autos marca Toyota, del año 2010, se vendían a 55 mil y 45 mil dólares.

Otra acción vergonzosa adoptada por el régimen totalitario a inicios de este nuevo año fue la ocupación de simples juguetes que las Damas de Blanco y miembros de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) habían obtenido gracias a la ayuda de compatriotas exiliados, con el fin de obsequiarlos a los niños en la festividad de los Reyes Magos.

Las multas exorbitantes a los cuentapropistas, los precios locos de los automóviles y el escamoteo de los juguetes tienen, como punto común, el desenfreno del régimen totalitario. Medidas como ésas hacen recordar una frase —muy publicitada en su tiempo— del fundador de la dinastía: “Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra”.

Claro, cuando Fidel Castro la pronunció, tenía en mente al “odiado imperialismo”, ¿pero acaso lo señalado en este artículo no constituye la aplicación de una verdadera filosofía del despojo?


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