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foroLA HABANA, Cuba. — A medida que se acerca la Cumbre de Panamá, el gobierno cubano se prepara para estar presente no sólo en el cónclave oficialista, sino también en el evento paralelo de la sociedad civil. Con ese fin se celebraron cuatro paneles preparatorios en las habaneras Casa de las Américas y del Alba Cultural.

La prensa oficialista cubana se hizo eco de ellos.  El objetivo es proyectar una imagen: que en Cuba existe una verdadera sociedad civil de gran pujanza, afín al poder, pero independiente de él. Contra esas aspiraciones propagandísticas conspira una realidad que dura ya demasiados decenios: el total sometimiento de esas entidades al Estado-Partido totalitario. (Si ellas no actuaran así, estarían incumpliendo el artículo 5 de la actual Constitución, que atribuye el carácter de “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado” al partido único.)

Estas reuniones se asemejan al ensayo general que antecede a la premier de una obra. Las actividades de todos los que intervienen han sido diseñadas con sumo cuidado. Los actores recitan sus bocadillos; los secretarios y tarugos ensayan sus movimientos. Todos cumplimentan las tareas asignadas y tratan de destacarse: desean visitar el Istmo, y su presencia en los paneles preparatorios no implica de modo automático que viajen.

Pese a los grandes esfuerzos que quienes actúan en el sainete realizan para disimular la realidad, los hechos se imponen. Las autoridades comunistas, en su infinita torpeza, encargaron dirigir la función a Abel Prieto Jiménez. Este señor, ministro hasta hace pocos meses, es ahora mismo asesor de alguien tan poco sospechoso de independencia frente al Estado y el Gobierno como Raúl Castro, máxima figura de ambos.

En su reportaje sobre el tema, el diario Granma menciona la intervención de otros personajes a quienes ni con los mejores deseos se les puede catalogar como ajenos al Estado. Ejemplos: “Orlando Gutiérrez, delegado provincial del Poder Popular”; “Mónica Baró, del Instituto de Filosofía”; “Ileana Sorolla Fernández, de la Universidad de La Habana”. (Esta última institución fue reconocida como autónoma por la Constitución democrática de 1940; hoy es una simple dependencia del Ministerio de Educación Superior.)

A los órganos de propaganda cubanos, habituados durante tantos años a identificar a todas las organizaciones participantes con la línea oficialista, les resulta difícil adaptarse al nuevo guión. Así, el diario Juventud Rebelde dio a su reportaje sobre los paneles un título revelador: “Esta es nuestra sociedad, civil… y revolucionaria”. Este último vocablo (es conveniente aclararles a los forasteros) significa gobiernista en la neo-lengua castrista.

En esto, ese periódico no hizo más que parafrasear lo expresado por el guionista y director de esta nueva puesta en escena. “No se puede confundir lo no estatal con lo contrarrevolucionario”, expresó Abel Prieto. También dijo: “Nuestra sociedad civil está formada por organizaciones revolucionarias”. De nuevo el ya referido sinónimo.

La prensa oficial cubana menciona a varias de las entidades representadas en los paneles. Resaltan las inevitables “organizaciones de masas”, creadas por el propio régimen totalitario y que son sólo correas de transmisión de éste. Tanto es así, que en los estatutos de cada una de ellas figura en lugar prominente su respaldo expreso a las políticas propugnadas por el partido único y gobiernista.

Algunos de los reunidos advirtieron contra cualquier exceso. Pedro Pablo Rodríguez admitió: “Nuestro país tiene todavía mucho que aprender en materia de participación”. Luis Ernesto Quesada sugirió: “No debemos tener miedo de mostrar que nuestra sociedad es diferente, por lo que nuestra sociedad civil es diferente y válida”. Rosa María Pérez dijo: “Mejor abordar nuestras debilidades que dejar que otros las manipulen”. Mónica Baró alertó: “No se trata de ofrecer una visión en ‘blanco y negro’ de nuestra sociedad, porque se pierde toda credibilidad”.

Ante todo este cuadro, se impone la pregunta: ¿No hay en Cuba organizaciones que en verdad sean independientes del Estado! ¡Por supuesto que sí!, y algunos de sus representantes se aprestan a viajar a Panamá a decir allí sus verdades. Pero Raúl Castro, en su reciente discurso de Caracas, no desaprovechó la oportunidad de lanzar sobre ellos la vieja acusación: “Mercenarios”.

De ese modo, el General de Ejército repite las calumnias ideadas hace décadas por su hermano mayor. En medio del desastre en el que ha sumido a la Isla el absurdo sistema impuesto y mantenido por ellos a sangre y fuego, intentan seguir haciendo creer a la opinión pública que si algún cubano expresa su firme rechazo a la caótica situación imperante, es sólo porque una potencia extranjera le paga para que lo haga.

Decididamente: ¡No hay peor ciego que el que no quiere ver.


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