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Roberta Jacobson y Josefina Vidal (foto tomada de Internet)

Roberta Jacobson y Josefina Vidal (foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba -Los presidentes de Cuba y Estados Unidos podrían llegar a la VII Cumbre de las Américas enarbolando el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas tras 54 años de ruptura, el próximo abril en Panamá. Los mandatarios comenzaron a allanar el camino al anunciar simultáneamente la sorprendente decisión del pasado 17 de diciembre.

Ese propósito fue confirmado por la subsecretaria de Estado Roberta Jacobson y la directora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) Josefina Vidal, al concluir la segunda ronda de conversaciones en Washington, el pasado 27 de febrero. La primera reunión tuvo lugar en La Habana, los días 21 y 22 de enero. Sin embargo, se requiere desbrozar las condiciones en que funcionarán las embajadas y su personal diplomático, especialmente en La Habana, donde el gobierno ha mantenido férreas restricciones y pertinaz control sobre el acceso a la Oficina de Intereses norteamericana.

En esta oportunidad se despejaron las dudas creadas por el presidente Raúl Castro durante la Cumbre de CELAC, al reiterar las demandas usuales a Estados Unidos, en Costa Rica, el 28 de enero, asi como a causa del anuncio de la precondición de sacar a Cuba de la lista de países patrocinadores de terrorismo internacional y la provisión de servicios financieros por bancos norteamericanos a la misión de la Habana, por un funcionario de la cancillería cubana antes de partir hacia Washington para las negociaciones. En respuestas a medios de prensa al concluir ese segundo encuentro, Josefina Vidal manifestó que hubo una buena reunión, se obtuvieron algunos progresos, y que no existe pre condicionamiento, pero sacar de la lista resulta un tema a resolver en el proceso hacia el restablecimiento de relaciones.

Por su parte, Roberta Jacobson señaló que se sostuvo un intercambio constructivo, que continuará también en otros temas de interés bilateral, incluidos los derechos humanos, para los cuales viajarán delegaciones a La Habana próximamente. El secretario de Estado John Kerry había expresado ese mismo día que se terminaría el proceso de revisión de la inclusión en mencionada lista tan pronto como fuera posible, según la ley. El presidente Obama la podría aprobar en su momento y notificarlo al Congreso, que carece de potestad para revertir la decisión. Sobre los servicios bancarios manifestó que aún no se ha encontrado una solución.

Al parecer, el general-presidente se vio impelido a realizar aquellas declaraciones por la entusiasta acogida que la política proactiva de Barack Obama suscitó entre la población isleña, el ascenso de la popularidad del presidente norteamericano y el progresivo descenso de la credibilidad del gobierno cubano por las limitadas, restrictivas e ineficiente medidas adoptadas en el marco de la actualización del modelo económico y para calmar a quienes en las altas esferas de poder se oponen al restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Raúl Castro necesita demostrar que es el General en Jefe, no solo por aglutinar todos los poderes y tener en los altos mandos a su equipo, sino por estar inmerso en el período más importante y difícil desde 1959: la creación de los mecanismos para sortear la crisis, emprender el desarrollo y, sobre todo, traspasar el poder de forma suave.

La VII Cumbre de las Américas ha representado un reto iniciado en la anterior. De no asistir el presidente Obama debido a la segura participación del mandatario cubano, Estados Unidos quedaría aislado y arrastraría a Canadá, que ha mantenido una política crítica, pero es el principal emisor de turismo hacia la isla y posee importantes negocios en ella. Estados Unidos ha perdido presencia e influencia al restar peso a su política hacia América Latina y el Caribe. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 reformaron sus prioridades, y dejaron un vacío que otros países han ocupado, en especial China y Rusia.

Simultáneamente, Brasil ha ido colmando sus añejas aspiraciones de potencia preponderante en la zona, sustentada por su auge como una de las economías emergentes en el marco de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Junto a sus aliados de ALBA, el gobierno cubano trató de aislar a Estados Unidos, mientras los países de la región han estimulado la creación de nuevos mecanismo integradores, sin Estados Unidos ni Canadá, tanto para encarrilar a los díscolos como para presionar a estos dos países según sus intereses particulares.

La nueva política de la Administración Obama quita al gobierno cubano el pretexto de la confrontación con Estados Unidos para justificar sus fracasos y represión, al tiempo que crea condiciones para una renovada aproximación hacia América Latina y el Caribe. Si la autoridades cubanas obstruyen la aplicación de las medidas de la política pueblo a pueblo norteamericanas, perderá credibilidad y respeto nacional e internacionalmente. La normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos será ardua y prolongada, pero el proceso en curso ha aniquilado 56 años de tergiversaciones y propaganda, y estimula el empoderamiento de la población en Cuba.


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