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370_llego-el-comandanteCuba actualidad, Burdeos, Francia, (PD) Cuando en 1997 los autores del documento “La Patria es de todos” fueron a dar a prisión, una de las razones fundamentales de ese acto liberticida habrá sido que en Cuba no había (ni hay) República en ningún sentido de la palabra.

Si bien antes de los Castro siempre hubo hombres y mujeres que entendían que había la necesidad de que el país se armara con un verdadero Estado de Derecho y una conciencia republicana, hay que reconocer que aquellos cubanos se las tuvieron que ver con una realidad social y política adversa en los años que van de la independencia de España a la década de los 50.

El ideal republicano no fue prioridad automática de los generales y doctores cuando se pasó, de un plumazo parisino, de la regente María Cristina a los generales Brook y Wood, o para más trivialidad, cuando Cuba pasó de la alpargata a la modernidad que también por aquel entonces representaban los Estados Unidos para los cubanos de a pie.

Aquellos tres años, de 1899 a 1902, fueron el inicio práctico de la influencia estética, ideológica y modernizadora del american way of life en Cuba.

Y así, en cualquier finca cubana, las sillas de montar a caballo, los tractores y hasta la pasta dental eran americanos.

Hubo un ambiente que inhibía en la gente la necesidad de estructurar políticamente el país en dirección de un ideal republicano, y de hecho, esa necesidad nunca fue voluntad del aparato de Estado bajo ningún gobierno.

De ese modo, se fue creando un vacío conceptual porque aquello de “un territorio, un pueblo y un ideal comunes” no era asunto de cubanos, tan musicales, tan simpáticos y serviciales. ¡No señor! Eso de República a rajatabla era más bien verborrea europea de iluminados trasnochados, de gente al linde de lo que pudiésemos llamar hoy un mussolinismo de pacotilla.

Fidel Castro –y esto quizá forme parte de su ingenio político- seguramente desde antes de 1959 presintió progresivamente esa fragilidad de la sociedad cubana. Era un espacio vacío que él supo llenar con su metodología totalitaria después de haber comprendido con qué gente estaba lidiando en la búsqueda triunfal de su propia legitimidad, de suerte que la minoría animada por el ideal republicano y democrático que se opuso a Fidel Castro, terminó fusilada, aniquilada socialmente o encarcelada, como fue el caso del comandante Hubert Matos.

Fidel Castro inventó la revolución ad vitam aeternam para que su persona sustituyera al Estado, a la República y a la Nación.

La conocida estrofa “llegó el Comandante y mandó a parar” también pudiese ser interpretada como: Fidel Castro llegó al poder, adaptó su partitura política, fusiló, encarceló, y se zambulló en las delicias de la Guerra Fría como el criminal que accede a la coartada perfecta, tan perfecta que medio siglo más tarde, su gobierno despótico se mantiene en el poder con la complicidad inevitable de una nación indefensa que no tiene una percepción colectiva del ideal republicano, por lo cual no logra integrar la necesidad de “una República madre de todos” y defensora del interés general ante los intereses particulares o facciosos.

La gente en Cuba, con inocente ignorancia, se decía en los primeros meses de 1959 que el ferry boat de Estados Unidos seguiría atracando cada mañana y que la Nestlé seguiría recogiendo y pagando la leche de las vaquerías bayamesas. Pero ya sabemos lo que pasó.

Entonces, en estos tiempos, en que la mayoría de los cubanos puede salir libremente de Cuba (gracias al decreto del albacea mayor), ver el mundo e impregnarse de lo malo y de lo bueno, en estos tiempos de conversaciones apaciguadoras entre Estados Unidos y Cuba, exijamos el nacimiento de una verdadera República en la que los mecanismos y procedimientos del Estado se autolimiten a través de su sometimiento a una Constitución digna de ese nombre.
Para Cuba actualidad: igta58@gmail.com


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