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(Foto tomada de Internet)

(Foto tomada de Internet)

GUANTÁNAMO, Cuba. -Este 9 de mayo se cumplen 70 años de la derrota del nazismo. Desde hace varios días los medios oficialistas cubanos ponderan la actuación soviética en dicho conflicto y se refieren al altruismo y a la vocación pacifista de la URSS.

Si los comunistas cubanos han sido capaces de distorsionar la propia historia de la patria es lógico que el mismo método sea utilizado para favorecer la imagen de quienes hasta hace poco fueron sus socios y de otros que han quedado como remanentes del totalitarismo comunista.

Gracias a tal manipulación usted puede encontrarse aquí en la Isla con cientos de graduados universitarios que desconocen que China agredió en varias ocasiones, durante la pasada centuria, a la India y a Vietnam y que la URSS fue uno de los países más agresivos del mundo.

La historia que no enseñan a los cubanos

Cuando en las escuelas cubanas enseñan la historia de la revolución bolchevique exponen que uno de los primeros decretos firmados por Lenin fue el de la Paz. Pero ocultan que la dictadura dirigida por él asesinó al zar y a toda su familia, violó los resultados de la primeras elecciones libres, donde los bolcheviques fueron derrotados y que tres años después de firmado el famoso decreto la URSS invadió a Polonia.

Les enseñan a los estudiantes cubanos que las potencias occidentales fueron las que estimularon el belicismo alemán, pero nada dicen acerca del tratado firmado por Joachim Von Ribbentrop y Viacheslav Molótov, ministros de relaciones exteriores de la Alemania nazi y la URSS, el 23 de agosto de 1939 en Moscú, documento que contenía cláusulas secretas mediante las cuales ambos países se comprometían a no interferir sus planes expansionistas por Europa, la cual se repartirían en zonas de influencia.

Durante más de cuarenta años los soviéticos negaron la existencia de dichas cláusulas descubiertas por los ingleses una vez terminada la II Guerra Mundial. Gracias a la Glásnost se supo que lo dicho por los ingleses era cierto. El mencionado pacto provocó rechazo entre fascistas y comunistas. Stalin llegó al extremo de orientar a los dirigentes de los partidos comunistas que cesaran sus ataques en contra de la Alemania nazi y ordenó que los órganos de la seguridad soviética colaboraran con la Gestapo en la búsqueda y detención de los comunistas que mantuvieran una firme oposición al fascismo. Eso tampoco lo enseñan en nuestras escuelas, las que también ocultan los horribles crímenes cometidos por Stalin.

La insaciable geofagia estalinista

Si usted le pregunta a muchos cubanos qué país inició la II Guerra Mundial es probable que un gran por ciento le responda que Alemania. Lo que seguramente casi ninguno sabe es que diecisiete días después de haberse producido la invasión nazi a Polonia la URSS también invadió dicho país y ocupó gran parte de su territorio.

Seguramente muchos también desconocen que en diciembre de 1939 la URSS invadió a Finlandia, país que le opuso una firme y heroica resistencia que suscitó el apoyo y la simpatía de gran parte de la comunidad internacional. Y gracias a las clases de historia que han recibido en nuestras escuelas es muy difícil que esos cubanos sepan que un año después la URSS se anexó a Lituania, Letonia y Estonia.

No dudo de la heroicidad demostrada por el ejército soviético en la II Guerra Mundial y ante una fecha como esta me inclino respetuosamente ante los millones de hombres que entregaron sus vidas para liberar al mundo de la amenaza fascista. Pero una cosa es el comportamiento heroico de las tropas y otra es la intención oculta de quienes las dirigen. Y tal intención no era otra que la satisfacción de la egolatría del sátrapa georgiano, a quien desde sus mullidas y confortables estancias moscovitas poco le importaban las vidas de sus compatriotas en el frente con tal de extender su dominio a gran parte de Europa.

Una prueba evidente de ello es que una vez terminada la contienda Polonia tuvo que ceder a la URSS 170 000 km2 de su territorio y a cambio recibió de Alemania 100 000 km2 de territorios situados al norte y al oeste. En el extremo Oriente la URSS despojó a Japón de las islas Sajalin y en Europa sometió a Rumania, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Bulgaria y a la parte oriental de Alemania a un estricto control que llegó al extremo de participar cruelmente en la represión de los levantamientos populares ocurridos en Hungría y Alemania oriental durante la década de los años cincuenta del pasado siglo y en Checoslovaquia durante la llamada Primavera de Praga de los años sesenta.

Las tropas del Ejército Rojo pasaron de liberadoras del fascismo a ejército de ocupación al implantar en cada uno de esos países nuevas dictaduras totalitarias. Así, sobre las muertes de millones de hombres honestos, se erigió esa burla soviética a la libertad y a la dignidad humana. Por supuesto, eso no conviene enseñarlo en Cuba por obvias semejanzas entre aquellas supuestas “democracias” y la nuestra, que, según los miembros de la ineficaz gerontocracia gubernamental, es la mejor del mundo.


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