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Carlos Lauría, presidente del CPJ (iclep.org)

Carlos Lauría, presidente del CPJ (iclep.org)

MIAMI, Estados Unidos.- El más reciente informe del Comité para la Proteccion de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) sobre la situación del periodismo en Cuba, más que decepcionante resulta preocupante. No es que sus autores estén desinformados acerca de la realidad cubana, sino que han manejado la información de que disponen para destacar, en detrimento del periodismo independiente tradicional, cuya presencia es escamoteada, el periodismo que se hace en la isla más o menos al margen del control estatal. Solo que la mayor parte de ese sector del espectro al que tanto interés dedican no está tan al margen de esos controles como parecen creer a pies juntillas los autores del informe, que son muy cándidos o demasiado optimistas acerca de las posibilidades de los informadores bajo las condiciones de una dictadura.

Este informe viene a reforzar una tendencia que desde hace unos meses se veía venir: la de invisibilizar y dar por terminado al periodismo más crítico con el régimen para presentar a los blogueros y periodistas oficialistas que colaboran en páginas extranjeras o en medios alternativos de reciente aparición —On Cuba, Periodismo de Barrio, El Estornudo, El Toque, Progreso Semanal,  La Joven Cuba— como los nuevos protagonistas de un periodismo libre en la Isla.

Y decía que es preocupante porque este tipo de consideraciones salidas vaya usted a saber de dónde, que pretenden convencer de que Cuba cambia a pasos agigantados al compás de las reformas raulistas, se convierten en algo así como trending topics, se hacen virales y luego no hay quien las pare.

El informe obvia el hecho de que ese periodismo independiente que existe desde la primera mitad de los 90 y que desde entonces ha tenido que soportar la represión pura y dura, fue el que levantó el techo de las prohibiciones y posibilitó la existencia de esos medios alternativos, cuyos colaboradores se afanan en aclarar que no son disidentes  y se quejan de los regaños y amonestaciones que reciben de los mandamases, cual si fueran ovejas descarriadas.

Del periodismo crítico con el régimen solamente se hace referencia a 14ymedio, pero se alaba su tono equidistante. Por no tener ese tono, se ignora, por ejemplo, la existencia de Primavera Digital, que sigue apareciendo cada jueves en la red a pesar de que desde hace más de dos años no recibe un centavo de financiamiento. A propósito, cuando empezó 14ymedio hacía más de seis años que existía Primavera Digital, lo cual no impide que se siga repitiendo hasta la saciedad, como si fuese un mantra, que 14ymedio fue el primer medio independiente en Cuba.

Resulta loable que hayan aparecido estos jóvenes comunicadores de los medios alternativos que hablan de una Cuba más parecida a la real que la que pintan los medios oficialistas. Los hay excelentes, como Elaine Díaz, o los de El Estornudo, con su periodismo literario, y Harold Cárdenas, por qué no,  a pesar de sus pretensiones de “salvar a la revolución” y mostrarse más socialista que Marx y Engels juntos. Pero si se habla de calidad, en el campo de los independientes, los disidentes, quiero decir, están desde hace muchos años, derrochando oficio, periodistas como Miriam Celaya, Tania Díaz Castro, Iván García, Ernesto Pérez Chang, Juan González Febles, Víctor Manuel Domínguez, Jorge Olivera, entre otros.

Más que injusto, resulta ofensivo el enfoque que da el informe del CPJ al calificar de “mayoritariamente irrelevantes” a Radio y TV Martí. Sería interesante saber, teniendo en cuenta la potente interferencia electrónica con que choca y el bloqueo de su sitio web en Cuba, de qué modo pudiera ampliar su público y tener mayor relevancia, digamos que como la del periódico Granma o Radio Rebelde. Lo cual tampoco sería suficiente para el CPJ, que empata a tantos iguales a la prensa oficialista con Radio y TV Martí al asegurar que “se han convertido en cámaras de resonancia que sirven a ideólogos en los extremos opuestos del espectro político. Conforme están estructurados en la actualidad, ninguno es capaz de aportar el tipo de periodismo transformativo que pudiera contribuir a lograr los cambios añorados por la mayoría de los cubanos”.

Teniendo en cuenta que esa sección del informe fue escrita por Ernesto Londoño, un periodista  que de Cuba solo ve lo que quiere ver y hacer ver —¿se acuerdan de aquellos editoriales de The New York Times que preludiaron el 17 D?—, creo entender a qué cambios se refiere. Solo que no son exactamente esos cambios los que quieren la mayoría de los cubanos, que  aspiran con desesperación a otros de mucho más calado.

Tampoco es justo el informe al no conceder la relevancia que poseen a páginas como CubaNet, que no es que ocasionalmente esté bloqueada en Cuba, sino que ocasionalmente no lo estuvo durante cerca de un año. Desde hace varias semanas la volvieron a bloquear, igual que a Diario de Cuba, y a varios de sus periodistas los han arrestado y la policía política les ha decomisado sus equipos de trabajo. Sería interesante saber qué fórmula podría emplear CubaNet para estar en La Habana del mismo modo que On Cuba. Lo digo porque ambas son páginas radicadas en Estados Unidos y los periodistas que tributan a ellas son cubanos que viven en la isla…

Está muy bien la preocupación del CPJ por los periodistas cubanos, pero que sea por todos, por los oficialistas y semioficialistas —a veces cuesta diferenciarlos— , a los que últimamente les están apretando las tuercas todavía más; pero también por los independientes, los realmente críticos, los que no se quedan en la superficie o se esfuerzan por ocultar que se salieron definitivamente del “dentro de la revolución”: esos que en el informe del CPJ han sido minimizados o sencillamente ignorados.

luicino2012@gmail.com

Luis Cino es un periodista residente en Cuba que se encuentra de visita en Estados Unidos


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