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Simpatizantes de los acuerdos de paz lloran tras conocer que había ganado el

Simpatizantes de los acuerdos de paz lloran tras conocer que había ganado el “no” en el plebiscito (Foto: elpais.com)

NUEVA YORK, Estados Unidos.- El horror de lo que ocurre en Venezuela fue suficiente para que los colombianos tuvieran presentes esas imágenes al depositar el voto diciendo “no” al acuerdo de paz con las FARC.

Los colombianos demostraron que sí quieren la paz, pero no a costa de perder la libertad.

Ante los ejemplos de Venezuela y Cuba, cuyos pueblos viven sometidos a regímenes autoritarios, Colombia ratificó su “no” con la única arma efectiva de paz que les va quedando: el voto.

Las fotos de un sonriente Raúl Castro, en medio de las negociaciones que se llevaron a cabo en el mismo país donde se originó el conflicto, fueron sobrias percepciones para votar en contra de la iniciativa.

La propaganda de meses del gobierno de Juan Manuel Santos, machacando por el “sí”, haciendo trampas y permitiendo que los funcionarios públicos participaran en campaña ―algo que está prohibido―, fue contraproductiva.

Los colombianos vieron un espectro negro, más allá de las pancartas de alegres colores y voces internacionales que vitoreaban por el “sí”, entre ellas el Papa Francisco, y que llamaban con cantos de sirena a apoyar el acuerdo de paz.

El pueblo vio, en cambio, un futuro donde los miembros de las FARC, mediante futuros procesos electorales, quieren llegar al poder en menos de dos años por la vía democrática, como sucedió con Hugo Chávez en Venezuela.

Presienten que una vez en el mandato, los exguerrilleros serán inamovibles, al usar los mismos recursos de fuerza y terrorismo político que están siendo empleados hoy por el gobierno de Nicolás Maduro.

Por solo cincuenta mil votos de diferencia, el “no” venció contra pronósticos y encuestas. El 50,24% de los doce millones y medio que acudieron a las urnas el domingo dijo que no, contra un 49,75% que apoyaba el proceso.

Si el presidente Santos quiere salvar algo, va a tener que renegociar los acuerdos y las FARC deberán atenerse al jarro de agua fría de que el pueblo colombiano desconfía, con justa razón, de todos ellos; no acepta la impunidad y menos aún su participación política.

Habrá que ver si los guerrilleros vuelven a la violencia, aunque los jefes han negado esa posibilidad; pero las ramas inconformes de las FARC son numerosas y, como la medusa, tienen numerosos brazos, que se pueden mover independientemente.


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