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Leandro Cansino

Se me hizo muy necesario escribirte. Déjame hacerte llegar algo que me brota del alma: gracias por existir, gracias por todas las cosas malas que haces por mí. No tienes ni la menor idea de cuánto tengo que agradecerte, no es sarcasmo y mucho menos ironía, te escribo de lo más profundo de mi corazón. Sé que te sorprende esta carta, pero creo que nunca te di las gracias por estar molestándome y tratando de perjudicar constantemente mi vida. Créeme que aprecio todo el esfuerzo negativo de manera gratuita de tu parte. No pienses que me has ganado porque me volví loco, antes quiero exponerte mis sólidos argumentos. Tú y yo somos como un motor, carga positiva y negativa para poder funcionar.

No eres mi rival. Un rival es una persona o un grupo de personas que a la vez luchan por alcanzar lo mismo, pero no es nuestro caso. Yo lucho por llegar a la cima de la montaña más alta y tú luchas abrazado a mi cintura por que yo no logré llegar, ya que tú careces de piernas, o sea que no competimos, no eres mi oponente.

Agradezco mucho tu tiempo y esfuerzo en buscar mis fallas, son gestos horribles que me gustan de ti, ahí estoy yo, reparando los errores que encuentras en mí. Cada día crezco más y todo te lo debo.[[QUOTE:Yo lucho por llegar a la cima de la montaña más alta y tú luchas abrazado a mi cintura por que yo no logré llegar, ya que tú careces de piernas, o sea que no competimos, no eres mi oponente]]Yo te valoro mucho, aunque no lo parezca. Te valoro porque un día sábado soleado nadie lo apreciaría de no ser por esas tardes grises de tormenta, porque nadie aplaudiría al héroe sin un villano que amarre a la doncella en las vías del tren. No tienes idea de cuánto he sabido crecer mientras estabas acechándome. Es cierto que en lo personal estorbas, pero en mi realización profesional eres imprescindible. Quiero que estés ahí, fiel seguidor de mis triunfos, necesito que veas hasta dónde puedo llegar.

Quiero que nunca te vayas de mi espalda, te necesito para retarme día a día a hacer las cosas mejor. Me haces tanto bien que hasta pudiéramos ser amigos, pero no, quédate mejor ahí, mi dulce enemigo, que de a pocos voy llegando a la meta y tú te vas desgastando. Todo ese sacrificio jamás será olvidado.

Gracias por tanta negativa incondicionalidad.



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