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Doble alambrada exterior en la cárcel del Combinado del Este (Foto: EFE)

Doble alambrada exterior en la cárcel del Combinado del Este (Foto: EFE)

LA HABANA, Cuba.- Hace pocas semanas escribí un texto que titulé: “El joven cubano que envejeció en prisión”, donde daba algunos detalles de las injustas medidas aplicadas a los presos Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso y Daniel Candelario Santovenia Fernández, ambos recluidos en cárceles desde el 30 de diciembre de 1991.

Estábamos entonces a las puertas de aquello que fue llamado Periodo Especial y que tan funesto para los cubanos de a pie, y del que jamás salimos, la mayoría. Un cuarto de siglo transcurrió desde entonces y esos seres humanos siguen encarcelados.

Fidel Castro y los secuaces que lo acompañaron en el asalto al Cuartel Moncada, y que mataron a soldados de la República, no llegaron a cumplir ni siquiera tres años de aquellos quince a los que fueron condenados, y todo gracias al indulto que decidió el dictador de turno; sin embargo, estos dictadores de hoy se empeñan en cobrar más, mucho más; retienen diez veces más a quien decide enfrentarlos, como es el caso de aquellos que pisaron tierra en Cárdenas, y a quienes ya me referí en otro texto.

En la actualidad, a Pedro lo mantienen en la prisión de Toledo I bajo la “Categoría Especial”, junto a otros 21 que tienen residencia en el exterior, a pesar de que Cuba no reconoce la doble ciudadanía, lo que habla a favor de que la dictadura se permite el derecho de hacer sus excepciones; de hacer lo que le da la gana, irrespetando incluso las leyes que promulga.

Creo importante compartir la carta que hiciera el padre de Pedro de la Caridad, dirigida a “Palacio” y que todavía no tuvo respuesta. ¿La tendrá? No lo sé, por eso la reproduzco ahora:

A atención a la ciudadanía, Plaza de la Revolución.

Yo, padre del recluso Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso, quien se encuentra recluido en el centro penitenciario Toledo I de La Habana, y que tiene ciudadanía permanente en los Estados Unidos de América desde el año 1972, y que en estos momentos se encuentra en Cuba cumpliendo una sanción de 30 años de privación de libertad desde el 30 de diciembre de 1991, por el delito de “entrada ilegal al país con intento de sabotaje y atentado a la seguridad del estado”.

Es por eso que me dirijo a ustedes, consciente de la sanción impuesta por el tribunal, la cual ha venido cumpliendo durante 25 años, y que yo como padre he venido siguiendo muy de cerca, pero quiero ponerlos al corriente de ciertas irregularidades que están sucediendo en este caso y que estoy convencido que ustedes van a tomar en cuenta y me darán una respuesta.

No. 1- Hace aproximadamente 6 meses que se elevó su Libertad Condicional al organismo superior y no hemos recibido respuesta de la misma. Me he dirigido también a 15 y K, al Tribunal Provincial y a la Sección 21, y me  responden que los papeles no aparecen, y la prisión Toledo alega que los papeles están “elevados”.

No. 2- En semanas recientes en un pase extendido a los de “Categoría Especial”, se fugaron dos reclusos llamados cubano-americanos, y a partir de ese momento se tomaron medidas con los demás de esa categoría aun cuando no cometieron ninguna indisciplina, entre esas medidas está la suspensión de trabajos fuera del penal y del pase establecido por sus regímenes de “mínima seguridad”, y como si fuera poco, se les retiraron los ventiladores y ahora padecen por el calor sofocante que produce nuestro clima.

Los familiares de estos reclusos de la llamada “Categoría Especial”, estamos convencidos de que es una actitud drástica contra los que no cometieron irregularidad alguna, por lo que me dirijo a ustedes en espera de una respuesta que mejore sus situaciones, y dejen sin efecto tales medidas que perjudican a los que mantienen la conducta requerida, en aras de terminar su condena.

Sin más,

Isidro Álvarez

(Padre del recluso).

Por supuesto que nadie ha respondido a esta misiva, porque los presos en este país son mucho menos que seres humanos; si no lo son quienes están libres imaginemos cómo son las cosas en las cárceles cubanas, donde cualquier oficial decide la más arbitraria de las medidas sin tener en cuenta los derechos de los reclusos.

Sospecho que detrás de estas decisiones que denigran a los reclusos conocidos como “categoría especial”, está la mano peluda del gobierno. Estos sentenciados son más que oro para el poder cubano, estos hombres que guardan prisión porque buscaron la libertad de Cuba son piezas muy valiosas si es que llega la “buena hora” de concertar un canje. Estos presos son más que útiles a la hora del chantaje. Eso sucede en las pequeñas cárceles cubanas y también en la grande, que es la isla toda, esa que se gobierna ya no como una finca, sino como un calabozo enorme y con una arquitectura que, dicen algunos, recuerda a un caimán, y donde los tres poderes responden, como en una ciénaga a los caimanes, a los caprichitos castrenses de los Castro.

Hoy mismo, Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso se encuentra “trancado”, que así se dice cuando a un preso no le permiten salir de su galera, cuando no le permiten ni siquiera trabajar en el interior del penal. Y no dudo que una de las razones de sus castigos guarde relación con el hecho de que el reo aceptó mi visita hace muy poco. Tampoco descreo de la posibilidad de que leyeran el texto con el que reclamé justicia para él. Es muy probable que estén enfadados con el padre y con la carta que este enviara a algunas instancias superiores, pero en cualquier caso la venganza será siempre contra el preso.

Es así que responde el régimen, irrespetando los derechos humanos. A ellos no les gustan esos derechos. Prefieren lo contrarios, los retorcidos humanos, los que consienten las injusticias.


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