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Grupo de adolescentes cubanos en el malecón habanero (EFE)

Grupo de adolescentes cubanos en el malecón habanero (EFE)

LA HABANA, Cuba.- Quiso la suerte que, al anunciarse el deceso de Fidel Castro, yo me encontrase en el extranjero. Esa estancia mía fuera de Cuba se prolongó hasta después del empedramiento de sus cenizas. Por consiguiente, me ahorré la campaña propagandística que durante más de una década desterró de los medios de difusión masiva toda mención a cualquier otra noticia nacional o extranjera. Para nuestro pueblo, estas últimas simplemente no existieron.

Pensé que, a partir de ese momento, las cosas volverían a la normalidad, en la medida en que puede usarse ese concepto en un país en permanente estado de excepción como Cuba. Pero al leer el número del diario oficialista Granma del pasado miércoles, he podido constatar que, en lo esencial, la situación continúa invariable.

El periódico, con un poco más de papel que de costumbre, consagra 13 de sus 16 páginas a reseñar la fugaz sesión de la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular. En apenas unas horas, ese cónclave con títulos de parlamento tomó decisiones sobre el funcionamiento del Estado cubano. La próxima reunión está prevista para dentro de medio año.

Como es lógico, en la publicación figura en lugar destacado la alocución del general-presidente Raúl Castro. Con la concisión que lo caracteriza, el actual jefe de la dinastía reinante abordó en forma general aspectos del desempeño del país durante 2016 y algunas perspectivas para el año entrante.

Aparecen también los discursos de los ministros de Economía y Planificación y de Finanzas y Precios, respectivamente, sobre el Plan de la Economía para 2017 y la Ley de Presupuesto. Asimismo el inevitable Dictamen de las comisiones de Asuntos Económicos y de Asuntos Constitucionales y Jurídicos del órgano legislativo sobre los mismos temas.

Pero la mayor parte de las páginas que informan sobre la fulminante reunión de la Asamblea está consagrada al finado epónimo. Lo anterior incluye el titular de primera plana y los puntos más importantes que en ella se destacan. También el largo encabezamiento del discurso de clausura (“Fidel se marchó, pero su espíritu de lucha permanecerá en la conciencia de todos los revolucionarios”) y la porción final del mismo.

A ello habría que añadir otro dato curioso: todas y cada una de las intervenciones de diputados que reproduce el diario abordan el mismo monotema. No hay una sola que verse sobre cuestiones de importancia que también fueron tratadas a lo largo del día, tales como los mismos proyectos de Plan Económico y de Presupuesto para 2017, que ya he mencionado.

Por lo demás, Raúl Castro, en otros pasajes de su alocución, dejó plasmada su indeclinable vocación continuista: Seguirá estudiándose la propuesta de conceptualización del Modelo Económico y Social (el mismo que nos ha metido en el actual atolladero), mencionó el inevitable “bloqueo”, informó la caída del PIB en 2016 y prometió un modesto crecimiento del 2% para el nuevo año.

También recalcó la necesidad de propiciar la inversión extranjera (no la que puedan hacer cubanos) y la continuación, por otros dos años, del experimento organizativo para los órganos de administración local, que se viene llevando a cabo desde hace un quinquenio en las provincias de Mayabeque y Artemisa.

O sea: según los anuncios oficiales, es bien poco lo que deben esperar los cubanos de a pie para el ya inminente 2017.


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