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LA HABANA, Cuba.- Hay quienes dicen, en detrimento del periodismo independiente que se hace en Cuba, que gran parte del contenido que divulga se basa en rumores o en la amplificación o aislamiento de fenómenos que se dan en cualquier parte del mundo. También se le acusa de recibir financiamiento externo o de estar patrocinado por el gobierno de los Estados Unidos.

Los tres argumentos, pretendiendo derribar o desarticular al mayor grupo de presión dentro de la isla, si provinieran del gremio de periodistas “autorizados” por el gobierno cubano, los llamados “oficialistas”, pecarían no tanto de cándidos y pobres sino de obsoletos y nada objetivos.

Tengamos presente que, tan solo en cuanto a las fuentes, hoy en día no existe en el planeta medio de prensa respetable, por cuidadoso de su credibilidad y consciente de su servicio público, que sustente su información exclusivamente en las declaraciones de los gobernantes y los documentos autorizados por ellos.

Las filtraciones, el pirateo informático (pensemos en Wikileaks), la toma del pulso a los grandes acontecimientos a través de la visualización de fenómenos aparentemente aislados, insignificantes o desconectados del gran flujo informativo se han convertido en la verdadera materia prima del periodismo, al ser los elementos cuestionadores de esa “información oficial” a la que tanto culto rinden los enemigos de separar, es decir, independizar, la prensa y el Estado.

Por otra parte, se plantea una cuestión ética: ¿cómo una prensa oficialista que jura fidelidad a un proceso político cerrado, a una postura ideológica restrictiva y que recibe financiamiento total del mismo gobierno que decide quiénes dirigen los medios y quiénes, qué y cómo se opina en ellos, puede cuestionar el origen del apoyo financiero a la prensa independiente por parte de personas y gobiernos preocupados por la falta de democracia en la isla?

Debemos partir de una realidad innegable que se cumple en cualquier sociedad donde la democracia esté en crisis o sea inexistente: ha sido la falta de información dentro de Cuba y la manipulación de esta por parte del gobierno la que creó la necesidad de una prensa alternativa.

La criminalización de aquellos sujetos que deciden divulgar información y practicar el periodismo “por cuenta propia”, la imposición de leyes rigurosas contra cualquier tipo de manifestación parecida y, más recientemente, los intentos por lanzar otra ley mordaza, disfrazada de ley de prensa, como una supuesta iniciativa de la oficialista Unión de Periodistas de Cuba son los responsables de que los medios de prensa no oficiales continúen dependiendo de financiamiento externo e incluso que existan variantes (como el radicalismo político y el periodismo de barricada) no muy bien vistas dentro de la práctica de un periodismo profesional.

Dentro de Cuba, en los últimos años, se ha visto una tendencia entre los “nuevos periodistas independientes” a intentar desmarcarse de ese otro “viejo periodismo independiente” constantemente acusado de “no profesional”.

La pretensión, de no ser consecuencia de un movimiento gestado desde lo oculto como estrategia del propio gobierno en un intento por mostrar una apertura maquillada, es rotundamente ignorante del proceso de presión continua contra el poder, protagonizado y sufrido por la “vieja prensa independiente”, que ha hecho posible la existencia de un terreno aún agreste pero sin dudas más fácil de andar ahora que veinte o treinta años atrás.

La prensa oficialista no está en condiciones de acusar a nadie. Las decenas de profesionales, en su mayoría jóvenes, que constantemente, asumiendo miles de riesgos, deciden pasarse a la prensa alternativa saben cuáles son las verdaderas razones que los impulsaron y la mayor de toda es, sin dudas, la experiencia negativa que adquieren en esos simulacros de redacciones donde las noticias ya llegan fabricadas desde el Comité Central del Partido y donde más de la mitad de las verdades que no dice la nota oficial termina en el cesto de la basura.

Aunque algunos lo nieguen, quizás para curarse en salud o porque verdaderamente desconocen una historia que pasará muchos años para que se cuente no como cuchicheos en nuestras aulas de periodismo, somos consecuencia de ese ejercicio independiente hecho por no profesionales, incluso por semianalfabetos con sentido de la responsabilidad social, y descifrando los signos a veces ininteligibles de los rumores y de los silencios.


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