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El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Ya estamos finalizando el año, otro más. Esta vez sin la presencia del hombre de la eterna barba y el uniforme verde olivo. Nos acostumbramos a verle ahí, en los televisores, en las revistas y periódicos, en todos lados, siempre dando órdenes que no se podían cuestionar. Hoy falta. Otra cosa más que nos falta de las tantas carencias a las que nos hemos acostumbrado.

Si hay algo que le tengo que agradecer al desaparecido intolerante mandamás es que ordenara no permitir que se utilizara su nombre o su imagen para nombrar calles, edificios o instituciones. No logro imaginar -no me alcanza la fantasía- hasta dónde serían capaces sus acólitos dolidos de colocarlo en la cumbre de su adoración para nuestro estrés visual o sicológico.

No estatuas, no más gigantografías de su persona, no más culto a la personalidad, no más excesivamente extendidas apariciones intempestivas en la televisión en horarios de máxima audiencia. Nos va a faltar al 75% de la población que nació con él ahí, y siempre estuvo ahí, tan polémico como de costumbre.

Le agradezco que me permita sacármelo del día a día, aunque realmente nunca podré olvidar cómo se gastó hasta la oscuridad mi generación completa, y otras además, en este experimento social que nos ha llevado a ser hoy una extraña nación. Extraña porque no nos parecemos a nadie, aunque este calificativo no es un halago para nada. No nos parecemos (o tal vez sí mucho al desagradable régimen de Corea del Norte) cuando por ejemplo, estamos a finales de diciembre y no existe ambiente de navidades. No se ve ni un arbolito engalanado. Al menos en años anteriores los ponían en las tiendas. Hoy no. Tampoco se han hecho rebajas de fin de año, ni se ofertan entregas especiales, reservaciones para restaurantes, para centros nocturnos con shows, nada. Más bien continúan los muy escasos abastecimientos a las tiendas.

En verdad, los cubanos tenemos poco que celebrar si observamos a nuestro alrededor. También tenemos muy poco con qué celebrar, ni siquiera tenemos para unas manzanitas y una botella de vino.

Un señor que vive a un costado de mi edificio, antiguo combatiente y funcionario comunistoide, hoy jubilado por su edad, sí ha puesto su arbolito y le ha llegado la camioneta del Consejo de Estado con los suministros. Desde mi ventana lo veo mientras escribo. Es el único apartamento engalanado en un kilómetro a la redonda hasta donde alcanza mi vista.

Asimismo, después de la partida del señor director, se nota una intensificación de la propaganda política oficial en los medios nacionales y hacia el extranjero que salta a la vista. Se hace notable como por ejemplo, la mayoría de los filmes que se proyectan son de origen nacional o latino americano, se han suspendido ciertos programas como el humorístico A otro con ese cuento y la Hora Rock en el canal musical Clave, entre otros. Se insertan spots publicitarios con la imagen de Fidel Castro en el canal Multivisión, cosa que nunca había sucedido pues es una emisora que solo proyecta videos generalmente extranjeros (pirateados, que esto en Cuba aún no es delito) ante la ausencia de los de factura nacional.

Da la idea de que le temen a algo y han decidido reforzar ferozmente el adoctrinamiento por si acaso. Eso de temerle al futuro inmediato debe ser terrible cuando ya no tienen a dónde escapar y muchos recordamos qué les sucedió a Ceausescu, Khadafi, Sadam Hussein, y a los porristas machadistas.

Tampoco deja de sonar en mi cabeza aquello de que “Si no puedes contra el enemigo, alíate a él”…

Veremos. Estamos como dentro de un teatro, a la expectativa, para presenciar la nueva obra. Como muchos, estaré en primera fila, esperando levanten el telón. Aunque no tengamos navidad, ni manzanas o turrones, ni vinos, ni fiesta de fin de año…

Como algo adicional especial para estas celebraciones, hemos visto cómo desde el día 14 ha ido desapareciendo todo tipo de combustible de las gasolineras citadinas, y probablemente de todo el país, para incomodidad de quienes poseen coches. Esto provocó que el día 17 la carencia hiciera crisis y se vieran largas colas por el fin de semana en las pocas estaciones con tanques grandes que aún contenían algo de hidrocarburos. Para no variar, los medios, propiedad de un gobierno que sí tiene que saber qué sucede, no ha dicho ni media palabra.

De todas formas yo voy a guardar mi botella de ron peleón y mi pedazo de carne de puerco. El año que viene ya veremos; para todos nosotros es, como siempre, una gran incógnita, pero esta vez con pespuntes más negros. De todas formas, feliz año nuevo.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro


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