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Miami, USA, Robert A. Solera, (PD) El poder político del gobierno de Cuba reside en su estilo mafioso, como piensan algunos de los que opinan sobre Cuba, donde muerto el Capo di tutt’i capii, sus seguidores continuarán gobernando a su viejo estilo sin que merme en un ápice su atractivo, quasi mágico, basado en la personal y atractiva “historia” del líder muerto, fabricada por una engrasada maquinaria publicitaria dedicada desde años a enaltecer sus “cualidades” carismáticas, cultivadas hasta haber constituido algo mitológico que hizo del personaje un semidiós que trascendía fronteras y daba una visión romántica imaginaria –a los ojos de los que lo miraban de lejos con color de rosa—y no apreciaban su verdadera estatura moral como aquéllos que a diario sufrían sus locuras y excentricidades.

Pero, ¿la magia se hereda? Y si no se hereda, ¿provocará esto el derrumbe del tinglado revolucionario y dará al traste con una revolución que ya, hace décadas, murió?

Los agoreros fidelistas mantienen que sobran los ejemplos que enfatizan aquello de que no importa la muerte del líder para que su imagen, al igual que un fantasma animado, siga incidiendo en la vida diaria en que los borregos que ayer seguían mansos al carismático líder mañana seguirán indolentes, y en fila india harán resonar sus cencerros sin percatarse de su defunción y seguirán la senda que les marcó el occiso y repitiendo sus consignas de los logros de la revolución –la medicina, la educación.

Mencionan los ejemplos del líder chino Mao-Tse-Tung, –no mencionan al Mariscal Josip Broz “Tito” y que al morir dejó un vacío gigantesco que condujo a la disolución de Yugoslavia —y también lo hacen con el Coronel Hugo Chávez de Venezuela –a quien heredó el inocuo, ditirámbico y patán Maduro; a Juan Domingo Perón le hacen un capítulo aparte para demostrar como el Justicialismo sobrevive a su creador y a Evita y sus “descamisados”. Mencionan en apoyo a sus tesis a Lenin, Stalin, Gorbachov y como heredero a Vladimir Putin, que mantiene con vida – o trata de hacerlo — las ambiciones territoriales de la Madre Rusia, que sueña con restablecer las viejas fronteras del Imperio Ruso que iban del Mar Báltico al Pacifico y al Mar Negro, englobando a disímiles pueblos a los que unía –superficialmente—el idioma ruso, que aún hoy hablan los kazajos, kirguizios y otros pueblos ajenos a las ambiciones del pueblo ruso-eslavo.

Pero olvidan hechos importantes como que China, Rusia y otras grandes potencias tienen recursos energéticos, agrícolas y sobre todo capacidades industriales que les han permitido sobrevivir y prosperar ajenos a que sus viejos y mentados líderes hayan pasado a la historia.

Y la pobre Cuba, ¿qué recursos tiene? No hay petróleo, ni café y sobre todo, hoy por hoy, tampoco puede vanagloriarse de ser la azucarera del mundo tras la genial idea del Capo mayor en desmantelar los centrales azucareros y en algunos casos regalarlos a alguno de sus paniaguados internacionales, viene a la memoria la Nicaragua de Daniel Ortega.

Cuba no solo está en bancarrota sino que sus deudas la ahogan y mientras, el pueblo cubano sólo tiene una aspiración… ¡irse!

El único y verdadero poder político sólido es un gobierno apoyado en un pueblo feliz, alimentado físicamente y que aspire a disfrutar de lo que hoy no disfruta, ¡la Libertad!

¿Con qué cuentan los herederos del Difunto? Con la fuerza que los mantiene en el poder de una nación resquebrajada, destartalada y con la sumisión de sus muchedumbres hambreadas y la complicidad de sus favoritos. Y ni siquiera tienen el poder carismático de su antiguo líder, quien demagógicamente los condujo, como el Flautista de Hamelín, al despeñadero.
nellsol@yahoo.com; Robert A. Solera


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