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Luz Escobar

Llovía cuando el avión presidencial estadounidense tocó tierra en el aeropuerto de La Habana. El pasado 20 de marzo Barack Obama comenzó una histórica visita a la Isla que despertó esperanzas y cuestionamientos. Un año después de aquel viaje, los cubanos pasan balance de lo ocurrido y, especialmente, de lo no ocurrido.

El inquilino de la Casa Blanca levantó oleadas de entusiasmo durante su paso por las calles habaneras. En paralelo a su agenda oficial conversó con jóvenes emprendedores, formó parte de un programa humorístico, visitó una paladar y se reunió con representantes de la sociedad civil. Fueron días intensos durante los cuales las ilusiones populares alcanzaron récords históricos.

Sin embargo, la decisión de Obama de eliminar la política de pies secos/ pies mojados antes de terminar su mandato en enero pasado desplomó esa simpatía. Ahora, al indagar sobre su legado en las calles cubanas la mayoría de las respuestas se enfocan hacia la crítica, el resentimiento o la sensación de traición.[[QUOTE:El inquilino de la Casa Blanca levantó oleadas de entusiasmo durante su paso por las calles habaneras]]“Perdí mi vida”, cuenta a 14ymedio Luis Pedroso, sonidista de profesión y quien vendió todas sus propiedades para sufragar un viaje ilegal hacia Estados Unidos. Salió de Cuba hacia República Dominicana, después atravesó México y llegó a la frontera en Nuevo Laredo justo el 12 de enero, cuando dejó de estar vigente la política migratoria que beneficiaba a los cubanos.“¿Para qué hizo eso?” cuestiona Pedroso la actuación del mandatario demócrata. “Los cubanos le entregamos el corazón y nos traicionó”, asegura. El hombre duerme en el sofá de la casa de su hermana a la espera de “volver a hacer dinero para salir”. Cree que “Trump es menos simpático” pero quizás, “salga más leal”.

Los meses que siguieron a la visita presidencial la emigración de cubanos hacia Estados Unidos mantuvo su tendencia creciente. Más de 50.000 nacionales ingresaron en territorio norteamericano durante el año fiscal 2016, según la Oficina de Operaciones en el Terreno del Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras.

Norma, trabaja como vendedora en una cafetería privada en el Barrio Chino. Recuerda que en los días en que Obama estuvo en la Isla “la gente andaba como loca de aquí para allá para tratar de verlo”. Ella estuvo entre los cientos de personas que se aglomeraron a lo largo del Paseo del Prado cuando se corrió la voz de que La Bestia pasaría por ahí con la familia presidencial.

La mujer se ilusionó especialmente con los beneficios económicos que podría dejar el viaje. “Parecía que todo se iba a arreglar y que los trabajadores por cuenta propia íbamos a poder importar y traer productos desde allá”, reflexiona. Pero, “todo sigue trabado”, resume.[[QUOTE:“Parecía que todo se iba a arreglar y que los trabajadores por cuenta propia íbamos a poder importar y traer productos desde allá”, reflexiona. Pero, “todo sigue trabado”]]La emprendedora quisiera poder traer desde EE UU “una máquina para hacer helados” y “pedir un crédito o encontrar a algún inversionista que quiera poner dinero en un negocio pequeño”. Sin embargo, las restricciones aduaneras que impone la parte cubana dificultan la importación comercial y desde Estados Unidos tampoco es un camino de rosas enviar insumos a la Isla.

En el campo tampoco se han cumplido las expectativas. Luis García, agricultor dedicado a la siembra de arroz en las afueras de la ciudad de Cienfuegos cree que “todo se ha demorado mucho”. Las flexibilizaciones implementadas por Obama desde el comienzo del deshielo diplomático se encaminaron fundamentalmente hacia el sector privado y agrícola, pero “los beneficios no se notan”, sentencia el campesino.El cienfueguero sigue arando la tierra con una vieja yunta de bueyes y recuerda que “se habló mucho de que llegarían “recursos, tractores y semillas, pero todo sigue igual”. No obstante cree que “Obama ha sido el mejor presidente de Estados Unidos que nos ha tocado, un hombre íntegro”, apunta.

Los activistas que conversaron con Obama en en aquella ocasión y a puertas cerradas también hacen balance tras doce meses.

Para Dagoberto Valdés, director de la revista independiente Convivencia el resultado principal del viaje ha sido “demostrar que el enemigo que esgrime en su narrativa el Gobierno cubano estaba dispuesto a ofrecer una rosa blanca”, tal y como mencionó en su discurso del Gran Teatro de La Habana.[[QUOTE:Dagoberto Valdés: Obama demostró que el enemigo que esgrime en su narrativa el Gobierno cubano estaba dispuesto a ofrecer una rosa blanca]]La alocución, transmitida en vivo, es considerada por muchos como “lo mejor de la visita”, apunta Valdés, quien reconoce que “un año después, desgraciadamente, la situación en Cuba ha empeorado”. Enumera un aumento en la represión, los ataques a Estados Unidos en el discurso oficial, que sigue siendo de “trinchera y enfrentamiento”.

El opositor Manuel Cuesta Morúa también estuvo en aquella mesa en la Embajada de Estados Unidos en La Habana. Apunta que tras la llegada del demócrata se enfatizó “la consciencia de que nuestros problemas son nuestros problemas, no de Estados Unidos”. Obama ayudó a restar “tensión histórica” entre “democracia y nacionalismo”.Por su parte, la opositora Martha Beatriz que estaba de viaje cuando la histórica visita, considera que se resume a “ninguno” el impacto provocado por el viaje de Obama. Mientras “dejó a todo el mundo lleno de esperanzas”, por el contrario “lo que hizo fue ya al final cerrar la posibilidad de la política de pies secos/ pies mojados”.

La exprisionera de la Primavera Negra considera que la visita “no es algo que se recuerde con agrado en estos momentos”. Cuando sucedió “todo el mundo estaba contentísimo y lleno de esperanzas, pero pasado un año se ve diferente totalmente”, puntualiza.

La columnista Miriam Celaya considera que más allá de “estar a favor o en contra” de la actuación de Obama hacia la Isla “hay una cosa innegable y es que marcó la política cubana de estos últimos cincuenta años como ningún otro presidente norteamericano”.[[QUOTE:Miriam Celaya: “hay una cosa innegable y es que marcó la política cubana de estos últimos cincuenta años como ningún otro presidente norteamericano”]]Celaya opina que el demócrata “acabó con la excepcionalidad” del tema cubano “al quitarle al Gobierno el enemigo externo”. Una situación que ha colocado a la Plaza de la Revolución en “la obligación de rendir cuentas”. “Quitar la política de pies secos/ pies mojados”, también contribuyó a terminar con “la excepcionalidad migratoria de los cubanos en los Estados Unidos”.

“Cualquier política que tracen los políticos de Estados Unidos hacia Cuba mientras dure este sistema, tendrá como referencia obligatoria ese parteaguas que hizo Obama”, apunta la periodista independiente.

Celaya considera que la población se hizo “unas expectativas tremendas que ahora están completamente desinfladas”.

“Muchos ven a Obama como el amado y el odiado” una actitud que vuelve a colocar “las soluciones en Estados Unidos, como si tuvieran que venir desde fuera”, dice.El líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), José Daniel Ferrer, cree que Obama “hizo todo lo posible por ayudar al pueblo a salir de la profunda crisis en la que el castrismo nos ha sumido”, pero “el régimen cerró todas las puertas”.

El presidente saliente instó a Raúl Castro “a abrirse a su pueblo, a permitir que el pueblo recupere los espacios” pero en lugar de eso, las autoridades se mantienen “en su vieja postura de controlarlo todo y no hacer nada que ponga en peligro el control total que tienen sobre la sociedad”.

“¿Qué bolá, Cuba?” tuiteó Obama cuando su avión estaba a punto de tocar tierra cubana. Hoy, escuchar esa pregunta genera más inquietudes que certezas.



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