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Stephen Purvis junto a su esposa (Foto: G. Pugh)

MIAMI, Estados Unidos.- Las vivencias del arquitecto británico Stephen Purvis, detenido en Villa Marista durante 16 meses acusado de espiar para EE.UU., han quedado reveladas en un libro que podrá encargarse desde el próximo 19 de marzo en Mail Book Shop.

“En Villa Marista hay en promedio un intento de suicidio al mes. Dos de cada tres reclusos se vuelven locos. Regularmente oía a alguien empezar a gritar, seguido por las botas de los guardias que pasaban ruidosamente y luego los sonidos de alguna pobre alma siendo arrastrada al médico para sedación”, rememora Purvis en un artículo aparecido en el Daily Mail.

El británico llegó a Cuba para trabajar en millonarios proyectos de campos de golf y terminó siendo acusado de espiar para EE.UU. Así fue como llegó a Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado, en 2012.

Su historia ha quedado recogida en el libro Close But No Cigar: A True Story Of Prison Life In Castro’s Cuba, que será lanzado oficialmente el 23 de marzo.

Según detalla el británico, el jefe de su empresa fue detenido primero, y acusado de revelar secretos de Estado así como de corrupción. Cinco meses después, un teniente coronel que se hacía llamar Iván, de la Seguridad del Estado, se presentó a buscarlo en su casa en La Habana.

Purvis estuvo preso en una celda “construida con especificaciones técnicas de la KGB” y que tuvo que compartir con otras tres personas. Según el arquitecto, la sala de interrogatorios “tiene una silla de plástico atornillado al suelo atrás de una simple mesa. El aire acondicionado está en plena explosión y el contraste con el calor excesivo de la mazmorra es horrible. Dentro de 30 minutos, el sudor se ha enfriado y estoy tratando de controlar mis temblores”, describe.

Allí los agentes de la temible Seguridad del Estado le mostraban fotografías de ciertos individuos, tomadas en Inmigración, y lo acusaban repetidamente de haberles dado información.

El día a día de Villa Marista queda relatado en el libro del exprisionero. La jornada comenzaba con el estruendo del himno nacional en la celda, y la enfermera que traía pastillas a las 6:30 a.m. y a las 7:30 p.m.

“A las 7:00 de la mañana, nos dan un trozo de pan de 50 gramos con algún tipo de pasta de carne o margarina, a veces con un refresco en polvo que todos pensamos que tiene bromuro en ella. A las 11:30 am hay una bandeja de metal con un poco de arroz o frijoles, una sardina de lata o un pedacito de carne de cerdo con algunos repollos rallados o vegetales en escabeche. A las 5:30 pm lo mismo de nuevo. A veces nos dan otro rollo de pan a las 9:00 pm. A partir de las 10:00 de la noche, nos quedamos a solas con nuestras conciencias, hasta despertarnos sobresaltadamente a las 6:00 de la mañana”, describe el británico.

“Mis compañeros de celda están todos afligidos con una variedad de enfermedades, reales e imaginarias”, dice Purvis.

Tras permanecer ocho meses en Villa Marista, de allí fue trasladado a una prisión para extranjeros conocida como La Condesa.

“Mis compañeros allí eran en su mayor parte asesinos, traficantes de drogas o de personas, pederastas, violadores y gángsters. Ah, y otras cuatro personas como yo, hombres de negocios y extranjeros, que se mantenían sin cargos formales pendientes de juicio”, dice.

Luego, a medida que pasaba el tiempo las evidencias indicaban que Purvis “había sido denunciado falsamente por un colega de trabajo” y que era inocente. Sin embargo, en el juicio lo condenaron a dos años y medio de prisión por “actividades ilegales”, si bien el fiscal abogó por una reducción de condena.

“Entonces, 17 días después del juicio, me llevan a la oficina de la prisión. Sentado en un sofá de vinilo negro veo a una mujer tremendamente gorda y sudorosa que se presenta como funcionaria de Justicia y me dice: ‘Quedas libre’. La miro extrañado y le digo: ‘¡Estás bromeando! ¿Qué clase de libertad? ¿Libertad inglesa o libertad cubana?’. Me da un papel y firmo”, cuenta Purvis.

El arquitecto regresó a Londres con su familia y ahora trabaja como director de proyecto en Myanmar.


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