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Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) La literatura cubana casi nunca aborda ciertos contenidos. Uno de estos temas es la vida en las prisiones, un argumento controvertido en la mayoría de los casos.

Entre los pocos libros cubanos que tratan el tema carcelario están: “Hombres sin mujer”, de Carlos Montenegro, de la época republicana, y del período posterior al triunfo de la Revolución, “Dichosos los que lloran”, de Ángel Santiesteban,
y “Zarabanda no perdona”, de Iliana Núñez Rodríguez.

Un libro aparecido en la recién concluida Feria del Libro en la capital, trata de las penitenciarías en la actualidad. El título del ejemplar es: “Mujer adentro. Cuentos entre rejas” y fue publicado por la Editorial José Martí en el año 2016.
Sus autores son la antes mencionada Iliana Núñez Rodríguez, Licenciada en Derecho y especialista en el ramo penal, y Felipe José Oliva Alicea, Licenciado en Artes Escénicas, con estudios en Derecho, Literatura y Música, perteneciente a la UNEAC.

Los seis relatos compilados en el ejemplar poseen una escueta introducción de la autora, donde declara que: “Sometida al rigor de tratar con internos y oficiales de prisión, rememoro ahora, sin tapujos y sin que la tinta de la realidad se agote, ese mundillo al cual muchos llaman El Tanque…”

Una primera narración titulada “Si tengo Sida me salvo”, cuenta como Rigoberto Estrada García se inyectó sangre contaminada con una jeringuilla suministrada por otros presos. Cuando muere, ni su propia familia vela su cadáver en la funeraria. La función debe ser asumida por el propio personal carcelero, entre ellos la cronista de la historia.

La narración titulada “Ocho tiros y sanseacabó”, habla sobre el oficial de la Brigada Especial Ignacio López Medina, quien mato con alevosía a su mujer, al sorprenderla con un amante después que vino de participar en la guerra de Angola.

Un fragmento en este relato resulta significativo: “…su caso se zambulló entre los miles de presos que, igual que él, deambulaban dentro del círculo vicioso que crea e impone la convivencia forzada en el marco nada ideal de una cárcel (ninguna resulta bienhechora)”.

Aquí podemos cuestionar, si la cárcel no es bienhechora, si el castigo no generara un cambio de la conducta en los presos, entonces, ¿para qué sirve la cárcel?

El texto “Toros, vacas y rosas” presenta una historia con dos aristas. Una es la de un nuevo jefe prepotente en esta prisión, el cual quiere cambiar el entorno, y así destruye un rosal que satisfacía a los reclusos. Este coronel impone convertir los terrenos aledaños a la prisión en zonas productivas con árboles frutales y sembrados, sin tener en cuenta el terreno, lo cual resulta un fracaso. La otra es la de un preso llamado Mario Toro Gallo, que cumple condena por hurto y sacrificio de ganado mayor. El hombre, por sus apellidos, es objeto de burla entre sus compañeros sancionados y se plantea para evitar problemas mayores, darle los beneficios legales según lo establecido.

Aquí se plantea que: “El consejo para analizar los beneficios a los reclusos es el evento más importante en una prisión…”.

Agrega después: “…El problema más problemático…es cuando analizas a uno que no robó, no mató y no violó a nadie, sino que se comió una vaca o la hizo bistec para repartir…”

Otra pregunta: si no hay delito, ¿por qué está preso?

Algunas expresiones de sancionados, por violación de la controvertida ley, son muy elocuentes: “¡Si llego a saber que era peor que matar a una persona, me hubiera comido a mi suegra!”. “¡Yo solo tenía ganas de comer bistés de los de verdad, con papitas fritas y plátanos tostones!”. “¡Qué cuento es ese de incrementar la producción cárnica! Con fulas compras hasta un búfalo en la shopping, lasqueadito y todo. ¡Y nadie va preso por venderlos!”.

Todos los cuentos contienen en mayor o menor medida una crítica a los problemas directivos en las cárceles. Reflejan las violaciones cometidas por los oficiales penitenciarios que se llevan hasta el sancocho para alimentar a sus puercos, además de otras barbaridades.

Una aclaración muy importante: los textos redactados están dedicados al asunto de los presos comunes y parecen más testimonios reales que ficción, pues aparecen los nombres completos de los sancionados. Dentro del texto no encontramos ni una sola línea sobre los presos políticos, los cuales según se colige no existen. Y no se cuestiona el procedimiento legal.

La extensión de esta crónica no permite un análisis de todos los cuentos, aunque lo meritaría.

La novedad en el asunto tratado da la ligera impresión de cambios en la política editorial. Tal vez en un futuro veamos cosas más impresionantes. Esperemos que así sea.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González


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