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Alicia Alonso (Reuters)

LA HABANA, Cuba.- Aunque Alicia Alonso, Directora General y Prima Ballerina Assoluta del Ballet Nacional de Cuba (BNC), recibió ya el alta del Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas, todavía no está suficientemente recuperada como para viajar a España. Lo planificado antes de ser hospitalizada la Alonso era que se sumaría a la gira 10 días después de que partiera el elenco, pero ahora lo hará en el mes de junio, según las “noticias de Palacio”, como llaman en el BNC a la información que baja desde lo alto de la institución.

El pasado 30 de abril viajó a Madrid el elenco de primer nivel de la compañía de ballet cubana, en una gira de tres meses, la más importante de las que realiza actualmente el BNC, que incluye además algunas funciones en países cercanos a España. Como es sabido, la presencia de Alicia Alonso es fundamental, pues garantiza siempre una gran asistencia de público y, por encima de todo, el éxito de la propia gira.

Es por eso que en otras ocasiones la célebre Directora General de la institución, de 96 años, ha sido llevada a España incluso cuando no gozaba de buen estado de salud. Esta vez, su recurrente neumonía resultó tan fuerte que, como nunca antes, se temió realmente por su vida. Pero no es solo la Prima Ballerina Assoluta quien no se halla en un buen momento. El propio BNC, desde hace varios años, y notoriamente, muestra síntomas de frágil salud. Al menos así opinan algunos críticos de la prensa española.

Tradicionalmente, cuando un elenco del BNC actúa en el extranjero, entre los miembros de la compañía que quedan en Cuba, circulan —a través del correo electrónico o en impresos que pasan de mano en mano—, algunos de los artículos y reseñas que publican los medios locales sobre las funciones, pues siempre generan mucha atención de la crítica.

La primera obra que presentó este elenco del BNC en Madrid ha sido Cascanueces, que parte del cuento de hadas El cascanueces y el Rey Ratón del alemán E. T. A. Hoffmann y que, con música de Piotr Ilich Chaikovski y coreografía de Marius Petipa y Lev Ivánov, se convirtió, a fines del siglo XIX, en el que quizás sea el ballet más popular del mundo, representado principalmente durante la Navidad.

Por eso, Cascanueces resulta raro en esta época del año, aunque “siempre es una alegría ver este ballet dinámico, naíf, con una de las más luminosas partituras escritas para danza”, escribe Julio Bravo, del diario ABC, que se asombra de “la proeza que es que Cuba, con todas sus circunstancias y en estos tiempos, mantenga viva la llama del ballet con una compañía lustrosa”.

Bravo cree que “el espíritu de su creadora, Alicia Alonso, permanece intacto en el conjunto, que afortunadamente mantiene su idilio con los escenarios madrileños y viene a ser un oasis de ballet en el desértico panorama de la capital”, pero no deja de señalar que “hoy el mundo de la danza (también el del ballet clásico) camina, en lo escénico, por otros derroteros”.

Teniendo en cuenta lo que se ha avanzado, no resulta lógico para este crítico que los cubanos “sigan clavados en unas maneras muy tradicionales, no sé si por falta de medios o por convencimiento, en la puesta en escena: telones y decorados de cartón piedra y una iluminación descarada, que se suman en este caso a un vestuario de exuberante colorido”. Pero, aun así, Bravo encuentra que Cascanueces está en general muy bien bailado; destila juventud y calidad, con mención especial para el Hada Garrapiñada de Viengsay Valdés, “exacta y señorial”.

Roger Salas, de El País, que algunos en el BNC consideran ensañado con la compañía, en un artículo titulado nada menos que “En la máquina del tiempo”, es más severo: “Ha sido un error monumental y en varios sentidos inexplicable que el Ballet Nacional de Cuba empiece su temporada española en los Teatros del Canal de Madrid con una deficiente, pobre y anticuada producción del clásico Cascanueces. Esto no sería tan grave si se tratara de otro conjunto menos prestigioso, otrora potente y exitoso, pero evidentemente hoy día en una etapa bastante gris”.

Salas reconoce que “la versión de Alonso, en sí misma, tiene valores coréuticos innegables y que podrían ser una fuente de inspiración para renovar el montaje, pero lo que se ha traído a Madrid es desilusionante en lo material y hasta en el concepto”. Le parece también que “la plantilla del BNC está muy renovada, es muy joven y hay talento, pero a la vez, se nota mucha inexperiencia, pobre afinación de los personajes y poca caracterización plástica”.

Como es de esperar, la prensa oficialista cubana casi no habla de esta gira. Antes, en la época de oro de la compañía, por supuesto que se hacía eco de los abundantes elogios que se ganaba el conjunto dirigido por Alicia Alonso. Al sitio Cubadebate no le importa la realidad ni las opiniones no convenientes y resume: “Público y crítica madrileña aplauden el Cascanueces del Ballet Nacional de Cuba”.

Ahora el programa de la gira continúa con otras piezas ya consagradas en el repertorio del BNC, aparte de Cascanueces, como Giselle, La magia de la danza o Don Quijote. ¿Mejorará el desempeño de este elenco, que recoge lo mejor de la compañía? ¿Servirá la presencia de la Alonso para revivir el espíritu de los bailarines? Muy  pocos, conociendo el panorama, pueden hacerse preguntas tan optimistas.


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