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Banda ensayando en La Casa del Árbol (Foto: Ernesto Carralero)

LA HABANA, Cuba.- Hace seis años un grupo de amigos fundaron una banda de rock and roll. Ante la inconformidad con los espacios existentes, decidieron dar su primer concierto en la casa de uno de ellos. Ese fue la génesis de La Casa del Árbol, un proyecto artístico sin fines de lucro ubicado junto a la Iglesia del Cristo en La Habana Vieja.

Para acceder al lugar es necesario subir una escalera bastante estrecha hasta la azotea, aunque esto no desanima a los visitantes. Una vez allí conversamos con Rocky, el joven en cuya azotea funciona el proyecto el primer sábado de cada mes: “Queríamos hacer música en español y en aquella época a nadie le interesaba mucho eso”.

“Ya hacía algún tiempo que estaba el Submarino Amarillo funcionando pero allí te limitan el repertorio y es casi obligatorio tocar temas en inglés, además casi todo son covers de música de los 70s. El otro lugar para tocar era el Maxim Rock y el público de allí es consumidor de un metal más extremo. Así que para un lugar tocábamos demasiado fuerte y para el otro demasiado suave. Para colmo en español, que no cabía en ninguno de los dos sitios”, dice.

El éxito obtenido en aquel primer concierto los animó a repetir la experiencia y durante algunos meses organizaron al menos un concierto a la semana. Fue hace tres años cuando Rocky y otros amigos, también artistas, decidieron crear oficialmente La Casa del Árbol.

El espacio ha estado funcionando ininterrumpidamente desde entonces y se ha convertido en un punto de referencia para los jóvenes habaneros interesados en el rock and roll. Aunque también, y esa es una de las premisas de su concepto, dan cabida a todo tipo de expresión artística.

Rocky comenta al respecto: “Tenemos una política de micrófono abierto. Así que una vez se termina el concierto cualquiera puede acercarse al escenario y compartir desde un poema que hayan escrito a un fragmento de un libro que le guste”.

La contraseña para la wifi está escrita en una pared (Foto: Ernesto Carralero)

También brindan el lugar para que se realice la peña cultural El Ciervo Blanco, dedicada al estudio de las religiones paganas.

Aunque generalmente suelen presentarse artistas sin presencia en los medios oficiales, el lugar ha contado con la presencia de bandas reconocidas en el panorama nacional como Hello y Nexo.

Estos jóvenes afirman no estar muy interesados en ninguna ayuda estatal por las restricciones que esto podría traerles. El equipo que mantiene el espacio trabaja sin recibir ningún tipo de remuneración, ya que no cobra la entrada para lograr que sea un sitio adonde pueda acudir cualquier persona independientemente de su condición económica, haciendo valido el lema del proyecto: “Porque el arte no es un negocio”.

Cada uno de los integrantes utiliza sus propios conocimientos y recursos para mantenerlo a flote. Rocky, que ahora tiene 23 años, además de ser el coordinador es sonidista de profesión y se ocupa del audio.

El joven comenta: “Las bocinas y otras cosas para el sonido son caras, así que las prestamos a las bandas que vienen para que puedan realizar su espectáculo con calidad. También nos prestan cosas a nosotros”.

Los más jóvenes encuentran aquí ‘un oasis’ (Foto: Ernesto Carralero)

Uno de los integrantes del proyecto creó una red wifi interna para que el público, principalmente jóvenes, pueda conocer acerca del proyecto y comentar en una sala de chat acerca de sus experiencias, descargar música, videos y letras de canciones. La contraseña para acceder está escrita en una pared.

La falta de recursos, sin embargo, se hace sentir, ya que estos jóvenes no pueden potenciar al máximo sus habilidades. Además de existir inconvenientes con el clima debido a que un toldo en el escenario es el único respaldo contra la lluvia.

Hace un año organizaron el primer Festival Casa del Árbol que contó con la presencia de algunos artistas plásticos y exposiciones fotográficas. Planean el segundo para el mes de julio y tienen pensado mantenerlo con frecuencia anual.

“Desafortunadamente las cosas cuestan dinero. Pero decidimos seguir sin cobrar un solo centavo por venir aquí. La gente que tiene dinero de verdad no le interesa donar… A fin de cuentas, ¿qué les importa que hagan una peña en una azotea? No ganan nada”.

El público, por su parte, sigue apostando por el proyecto. Y se pueden encontrar desde jóvenes universitarios a personas de 50 años interesadas en el rock and roll e incluso visitantes extranjeros curiosos que suben desde la calle, animados por la música.

Adriana, que coincidía en el lugar, comentó para CubaNet: “Este es un sitio único por dos motivos: el primero es la música, nada de reguetón; y el segundo porque es gratuito. Para que veas que todavía existe gente que trabaja por amor al arte”.

Para Yasser, joven de 21 años, “es como un oasis”.

“Me gusta el ambiente todo el mundo está para pasarla agradable. Tiene buena energía”, comenta.

Página de La Casa del Árbol en un teléfono móvil (Foto: Ernesto Carralero)


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