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La era del disco compacto dice adiós en Cuba
MARCELO HERNÁNDEZ, La Habana | Mayo 16, 2017

Colgado del espejo retrovisor, el disco compacto brilla con el sol y
oscila con cada bache de la calle. De ser muy valorados como soporte
para contenido digital, el CD y el DVD se van convirtiendo en meros
objetos decorativos, símbolo de una era tecnológica que termina.

“Cada vez vendo menos discos”, cuenta Julián, que durante casi un lustro
se ha dedicado a la comercialización de series, películas y musicales en
CD y DVD en el municipio habanero de Diez de Octubre.

Con la ampliación del sector privado, las calles del país se llenaron de
puntos de venta que comenzaron a ofrecer series, musicales, videojuegos
y películas. Sus anaqueles coloridos y repletos de todo tipo de ofertas
han pasado a formar parte del paisaje urbano.

Los puestos dedicados al comercio de audiovisuales han sido una
alternativa a la aburrida e ideologizada programación televisiva, pero
los avances tecnológicos y la saturación del mercado están obligando a
muchos a cerrar o reconvertirse.

La competencia con el paquete es dura y los vendedores de discos tienen
dificultades para mantener una oferta actualizada. La alternativa ha
sido pasar de vender CD y DVD a ofrecer a los clientes la copia de
materiales en dispositivos extraíbles, como memorias USB y discos duros
externos, pero la legislación del trabajo por cuenta propia no contempla
esa posibilidad.

“La mayor parte de lo que vendo lo copio directamente desde la
computadora al dispositivo que traiga el cliente”, cuenta Julián. En su
pequeño local, ubicado en el portal de una casona medio derruida, el
anaquel con los discos alberga una laptop equipada con un disco duro de
tres terabytes.

“Aquí lo tengo todo”, detalla a 14ymedio con orgullo, mientras acaricia
el disco que le trajo “un hermano que vive en la yuma”. Los compradores
pueden elegir qué cantidad de contenido llevarse y las temáticas.

“En este barrio han cerrado otros cuatro puntos donde se vendían CD y
DVD”, cuenta el trabajador. “Nos hemos mantenido a flote gracias a la
copia directa”, puntualiza.

La copia se hace “a diestra y siniestra” sin pararse en temas de
propiedad intelectual de creadores nacionales o extranjeros.

En la Isla los derechos de autor están reconocidos en la Ley 14 de 1977
y se aplican a “las obras científicas, artísticas, literarias y
educacionales de carácter original” cualesquiera que sean “sus formas de
expresión, su contenido, valor o destino”. Pero en la práctica no se
cumplen.

Una investigación realizada en la Universidad de Granma por Marianela
Paneque Mojena concluye que “los vendedores de CD reproducibles vulneran
el Derecho de Autor con respecto a la facultad positiva de divulgación
de la obra”. Por otra parte “los titulares del Derecho de Autor no
perciben remuneración alguna por el CD de su autoría”. El Centro
Nacional de Derecho de Autor es el encargado de gestionar las
inscripciones de propiedad intelectual y velar porque no se viole este
derecho, pero en la práctica no pasa de ser un inventario de obras y
autores.

Esta situación coexiste con “un desconocimiento y descontrol por parte
de los órganos de trabajo con respecto a la labor realizada por los
vendedores de discos reproducibles”, asegura el estudio.

A Julián no parece preocuparle tanto el tema de la propiedad intelectual
como los dividendos que deja su puesto de discos. “Se hace cada vez más
difícil comprar los discos, porque las tiendas están muy desabastecidas
y en el mercado negro a cada rato se pierden”. Una razón adicional para
optar por otros soportes.

El cuentapropista considera que todavía su trabajo “da negocio”, porque
está dentro del régimen simplificado de tributación con una cuota fija
de 60 CUP al mes. A eso se le agrega la contribución a la seguridad
social y un impuesto por colocar un anuncio visible hacia la calle.

Sin embargo, cree que el negocio “ya no es el mismo, porque mucha gente
se baja los materiales desde la wifi o los comparten gratuitamente”.
Está seguro de que en poco tiempo “todos estos discos que están ahora en
exposición, solo serán las imágenes de lo que se puede copiar desde la
laptop”.

“Lo que más salida tienen son las telenovelas, las películas de estreno,
los musicales y los programas de participación”, comenta. Aunque también
tiene clientes que le piden “documentales de ciencia, cursos,
videojuegos y aplicaciones para móviles”.

Julián tiene suerte. En La Habana todavía los inspectores se hacen de la
vista gorda con quienes copian contenido en lugar de venderlo ya
“quemado” en discos compactos, pero en otras partes del país es diferente.

En la ciudad de Guantánamo estos vendedores han sido obligados por las
autoridades locales a quitar de los carteles con sus ofertas de
“rellenar discos o memorias”. Muchos lo siguen haciendo, pero en sigilo.

El riesgo principal es perder la licencia de “comprador-vendedor de
disco”. Una ocupación que solo incluye por ley la comercialización de
discos respetando los derechos de autor.

“Aquí tengo de todo, menos pornografía”, comenta a este diario otro
comerciante de discos que tiene su puesto en la calle Infanta. “Trabajo
con clientes fijos y les conformo una carpeta a medida de sus gustos”,
agrega.

“Los discos van en picada porque cada día más gente tiene un televisor
al que se le puede poner una memoria”, lamenta. El mercado informal está
repleto de ofertas de modernos televisores pantallas planas que entran
al país con viajeros o mulas.

“Todavía hay gente que sigue usando un lector de CD o DVD, pero cada vez
son menos, porque el mundo avanza y nadie quiere quedarse atrás”, asegura.

Source: La era del disco compacto dice adiós en Cuba –
www.14ymedio.com/cultura/disco-compacto-dice-adios-Cuba_0_2218578128.html


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