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Nicolás Maduro junto a Raúl Castro (Diario Las Américas)

NUEVA YORK, Estados Unidos.- Que nadie se equivoque: Nicolás Maduro está recibiendo ayuda formidable desde Cuba y los asesoramientos son gratis.

El hombre de Miraflores ha terminado por vender la patria ofrecida por su antecesor Hugo Chávez. En estos momentos la banda de pillos, moldeada por Fidel Castro y hoy  usada por su hermano Raúl no podía ser una amalgama más perfecta para los siniestros planes del Gobierno de Cuba de apoderarse del otrora rico país.

Como aves de rapiña, Maduro y Castro no largarán lo que aún queda del botín y con las caretas fuera, están mostrando al mundo que matarán a todos antes de aflojar las garras sobre Venezuela.

El plan es maquiavélico y proviene de los consejos de otro Nicolás, el italiano de apellido Maquiavelo. En El príncipe, aquel describía distintos modelos de Estado según cuál sea su origen (la fuerza, la perversión, el azar) y deduce las políticas más adecuadas para supervivencia.

Desde esa perspectiva se analiza el perfil psicológico que debe tener el dictador y se dilucida cuáles son las “virtudes humanas” que deben primar en su tarea de gobierno.

Maquiavelo concluye que “el dominante” debe aparentar poseer ciertas cualidades, ser capaz de fingir y disimular bien y subordinar todos los valores morales a la razón de Estado, encarnada en su persona.

Maquiavelo aconseja, entre otros detalles, amedrentar al rival.

Y siguiendo el consejo del florentino y de La Habana, Maduro piensa: “Si disparamos a matar se amedrentarán”.

No se analiza ya más si Maduro  es venezolano. Puede o no puede serlo, pero lo que está claro es que ha vendido su alma desde el comienzo a un país extranjero que se ha apropiado de la nación sin los costos de una invasión y con mejores resultados aún.

Es la sumisión plena e indigna al régimen cubano.

Lo mismo hizo Chávez, quien con su amor a toda prueba a Fidel Castro, incluso prefirió morir en Cuba, entregándose en cuerpo y alma a su mentor.

En el caso de Maduro algún día se analizarán a fondo sus propósitos, por ahora queda a la vista su entrega total al gobierno de La Habana.

Hoy a Maduro nadie le cree sus promesas y el plan de matar está al descubierto para que todos, nacionales y extranjeros, lo puedan saber. Existe el abandono de casi todas las promesas del régimen. La tesis de matar para dominar está presente en cada una de las manifestaciones públicas. Es la aplicación maquiavélica del terrorismo de Estado como conducta recurrente y una manera de propiciar la división social unida a la persecución política, como único medio ―creen ellos― de terapia preventiva para liquidar a la oposición.

Pero como dice hoy el editorial de El Nacional de Caracas, el uso de francotiradores en las fuerzas armadas venezolanas es aberrante.

“Si los oficiales de las fuerzas armadas aceptan el uso de francotiradores para matar gente inocente estarían firmando un pacto con el diablo”.

“El hecho mismo de pensar en semejante medida desquiciada y sangrienta en sí misma sólo puede tener su origen en alguien que desprecia la vida humana y más aún, la de sus propios compatriotas. Ordenar cazarlos uno a uno, con un moderno armamento, como si fueran animales salvajes no se le ocurre a nadie que esté en sus cabales porque convertiría de inmediato a un soldado en un despiadado asesino en serie”.

El analista venezolano José Rafael Avendaño reitera que así actúa el “socialismo” robolucionario. Tratando de engañar incautos, de promover enfrentamientos sociales, económicos, políticos y hasta étnicos. Emplea el cinismo y la mentira para desvirtuar la verdad a través de una continua y asfixiante campaña mediática. Es la demagogia y el pragmatismo ―entendido en su peor concepto― para obviar los “principios”. Es la interpretación particularísima de los derechos humanos donde solo priva los derechos particulares de los oficialistas. Es instituir, con rasgo de doctrina, que el derecho a organizarse y protestar democráticamente es una subversión sujeta a ser penada por la jurisdicción militar. Es el cognomento de “vende patria” para promover una errada confrontación ideológica aupada por un patrioterismo pueril. Es servilismo y el rastacuerismo como conducta habitual.

Lo estamos viendo en Maduro, Padrino, Cabello y otros integrantes de la Corte de los Milagros.

Pero ha resultado lo contrario: el pueblo venezolano está dispuesto a morir que seguir en manos de la dictadura de Nicolás Maduro y lo está probando ante cada asesinato, resurgiendo con aún más coraje ante cada manifestación y muerte.


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