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Luz Escobar y Marcelo Hernández

¿Es posible descubrir un ángulo desconocido en una ciudad que se ha transitado miles de veces? A la capital cubana le ha surgido un nuevo escorzo desde la azotea del Gran Hotel Manzana Kempinski, a pocos metros del Capitolio. Es una vista para bolsillos acaudalados y personas de gustos refinados que los transeúntes apenas alcanzan a intuir desde la acera.

Pese a la apertura este lunes del exclusivo alojamiento, gestionado por el grupo germano-suizo Kempinski, será oficialmente inaugurado en junio. Cuenta con una categoría de cinco estrellas plus y ha generado cierto revuelo en los alrededores que llega precedido de las caras de asombro por los elevados precios en la galería de tiendas de la planta baja.

Los curiosos que vencen el asombro llegan al lobby donde son recibidos por empleados vestidos de gris y blanco. Caminan rápido, como si tuvieran mucho que hacer, aunque una trabajadora asegura a 14ymedio que por el momento se alojan "pocos clientes".

Se puede elegir una habitación a través de la página web del hotel o directamente en la carpeta. Ocho noches de estadía en el próximo mes de junio, sin desayuno, cuestan 3.760 dólares, un dinero que alcanzaría para comprar un cuarto con baño colectivo en algún solar del cercano municipio Centro Habana.

Todo es lujo y glamour. Los pisos refulgen y un grupo de trabajadores de la India se apresuran para sembrar plantas en las aceras del imponente edificio. "Además de sembrarlas van a regar las matas o las van a dejar secar?", pregunta con escepticismo una señora que pasea por el lugar, y que recibe como respuesta las sonrisas de incomprensión de los trabajadores.

En la entrada del lobby un empleado le dice a un cubano de raza negra que no puede entrar. "Soy pintor y vengo a hablar con el gerente porque estamos cerrando un acuerdo para unos cuadros", explica el hombre, pero el custodio le cierra el paso. Otros visitantes nacionales, blancos o acompañados de turistas, entran sin problema.[[QUOTE: Ocho noches de estadía en el próximo mes de junio, sin desayuno, cuestan 3.760 dólares]]En el interior una empleada acompaña a quienes quieren pasar hacia la terraza del sexto piso, el plato fuerte del hotel, con un paisaje espectacular sobre el Parque Central y varios edificios cercanos. A media mañana solo unos cuantos clientes ocupan mesas a pocos metros de la piscina.

"Estoy hospedada en el hotel Plaza", cuenta Almudena, una española en viaje de aniversario de bodas. "No puedo permitirme pagar un hotel así, pero esta terraza la recomiendo porque tiene una vista hermosa", asegura. La turista cree que "el contraste es muy fuerte, porque a pocos minutos de aquí hay edificios a punto de desplomarse".

En el bar El Surtidor, ubicado en la terraza, los empleados se ufanan de poder satisfacer todos los gustos. Las botellas están casi llenas tras la espalda del barman, que prepara un cóctel para un huésped. Todo está impecable a su alrededor, extrañamente perfecto.

"No, ron Bacardí no tenemos", responde a una clienta a la que minutos antes había asegurado "aquí tenemos de todo". En el paisaje se recorta el logotipo del murciélago sobre un edificio cercano que perteneció a la más famosa familia ronera del país y cuyas fábricas fueron nacionalizadas después de enero de 1959.

A pesar de no tener la altura de un rascacielos, desde la azotea del hotel la gente se ve diminuta mientras cruza las calles, compra la prensa o corre detrás de un ómnibus. El tiempo va más lento dentro del local y toda la atmósfera tiene un delicado olor a flores.

"Tiraron la casa por la ventana", comenta José Carlos, un guía que se dedica a acompañar a los turistas por la ciudad y enseñarles los lugares más interesantes. El guía enmarca las cejas mientras lee la carta. "Es la primera vez que vengo y el bar está precioso pero todo es muy caro".

Un Cuba Libre cuesta 6 CUC, el salario de una semana de un profesional cubano. A pocos metros de allí, un restaurante privado con vistas hacia el Paseo del Prado ofrece el mismo trago por la mitad del precio. "Esto es para gente de billete", ironiza Juan Carlos.[[QUOTE:Tomarse un Cuba Libre en la terraza cuesta 6 CUC pero a pocos metros, en un restaurante privado, se ofrece el mismo trago por la mitad de precio]]Dos turistas belgas han venido con el emprendedor para conocer el nuevo lugar. "Es como estar en Cuba pero sin estar en Cuba", apunta Thomas, proveniente de Bruselas. Cree que el hotel tendrá su clientela entre hombres de negocios y celebridades que quieran tener un nivel de comodidades que es difícil de encontrar en otros hoteles del país.

Finalmente los tres deciden tomar un café por 3 CUC cada uno. Lo saborean durante un rato para sacarle hasta el último centavo. "Por lo menos no le han echado chícharo todavía", bromea el guía privado, que opina que esto está pensado para el turismo de Estados Unidos.

En la peña deportiva La Esquina Caliente, al eterno debate sobre el béisbol le ha surgido un contendiente. "Eso no van a poder mantenerlo", asegura Saúl, un jubilado de los ferrocarriles que señala desafiante hacia el restaurado edificio.

"Eso es cinco estrellas plus", enfatiza el hombre con los ojos desorbitados. "Eso quiere decir que los huéspedes lo quieren todo de primera calidad y sin demoras". En lugar de comentar la última designación de Víctor Mesa como mánager del equipo Industriales, el tertuliano prefiere desgranar sus dudas sobre el hotel.

"¿Cómo esos suizos van a lograr mantener los suministros si en este país cuando no falta el papel sanitario, falta la mantequilla o el agua embotellada?", se pregunta.

Allá arriba, en la terraza del hotel, resguardados bajo las sombrillas que los protegen del sol y con un trago recién preparado, los visitantes vislumbran una ciudad atractiva, muy diferente a la que conoce la inmensa mayoría de sus habitantes.


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