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Reinaldo Escobar

La Habana siempre ha sido hembra en cada milímetro, edificio o muro agrietado. Esta ciudad podría tener cualquiera de los rostros femeninos que el artista plástico Moisés Finalé expone desde este viernes en el Centro Hispanoamericano de Cultura, bajo el título El peso de su cuerpo. Una muestra en que los ovarios reinan y las vaginas mandan.

Finalé se deja llevar por el cuerpo de la mujer. Representa figuras con un erotismo desatado que delatan sus obsesiones y sus filias. Preso entre unos muslos y atrapado entre dos senos, así parece haber dibujado cada una de estas piezas el creador matancero, nacido en 1957 y uno de los nombres más destacados de la generación de los ochenta.Para reencontrarse con Finalé -y las mujeres de sus cuadros- decenas de amigos y seguidores de su arte llegaron hasta el imponente edificio del Malecón habanero con sus cariátides que miran al mar. En las paredes, testigos del reencuentro y del brindis con una pizca de ron, las formas femeninas se concentraban en lo realmente trascendente: el amor, la vida, la concepción y la muerte.

El artista bien que sabe de abrazos y distancia. Aunque participa con frecuencia en exposiciones en la Isla y mantiene el Studio Finalé-Art en el Vedado, pasa buena parte de su tiempo en París. Más de una vez ha tenido que empacar el erotismo y llevarlo en la maleta con la que cruza el Atlántico. Por eso las doncellas de sus cuadros vienen un poco de aquí, otro tanto de allá y mucho de ninguna parte.Los referentes del pintor son diversos, bebe lo mismo de la estampa japonesa y la simbología egipcia que echa mano del expresionismo o de la mismísima vanguardia cubana. En la pintura, como en la sexualidad, el atrevimiento se premia, nos dicen sus pinceles. Así que también asoman en sus cuadros las máscaras africanas y las alusiones mitológicas.

“Estos cuadros pertenecen a mi colección personal, me han acompañado durante mucho tiempo, algunos desde mediados de los 90”, declara Finalé a 14ymedio. Lo dice como quien teme que alguno se le haya quedado olvidado. Son lienzos infinitos como sábanas amplias y fecundas: lechos sin límites.

Los curadores de la muestra, Rafael Acosta de Arriba y Yamilé Tabío, han logrado compilar esas mujeres queridas o soñadas que rondan al creador. Féminas que miran, lamen, se esconden detrás de un antifaz, desean o copulan. Cuerpos perecederos atrapados en la inmortal sensualidad de un trazo.Finalé ha terminado por crear su propia cosmogonía, un universo de seres sensuales que nacen y perecen sin salirse del ciclo del amor. Un universo sorprendido en un espasmo, donde el artista se refugia y permite a los espectadores también entrar.

Las escenas de lascivia y deseo se prolongan cuando al bajar la amplia escalera del Centro Hispanoamericano se entra de lleno en una Habana sensual e impúdica. Una urbe que, como las mujeres que pinta Finalé, hace mucho tiempo que perdió el recato.



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