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Pacientes en una sala de espera en un hospital (wradio.com.co)

LA HABANA, Cuba.- El pasado domingo, un vecino de mi edificio me contrató para que lo llevara en mi carro a un hospital ortopédico. El día anterior, al saltar de la cabina de su camión, se causó alguna lesión en la parte posterior de la rodilla y apenas podía caminar debido al fuerte dolor en cada pisada.

Lo llevé a uno de los muy escasos hospitales ortopédicos de la ciudad. Un colega lo acompañaba para ayudarle a caminar.

En el Cuerpo de Guardia había un grupo de personas a la espera de ser atendidos. En la más de una hora que esperé a que algún médico viera a mi vecino, vi llegar a muchos más pacientes. Me dispuse a esperar largo rato, como es común en estos casos. Me sorprendió que mi vecino saliera rápido de la consulta de emergencias. Le pregunté si ya nos marchábamos de vuelta y me contestó que sí. El médico había determinado que tan solo había sido una distención muscular, nada de fracturas o esguinces.

“¿Y te hicieron placas?”, pregunté, sorprendido ante tanta eficiencia.

“¡Claro! Repartí varios billetes de a cincuenta pesos y me pasaron por delante de todos los demás. El de rayos X me hizo la placa de inmediato. Si no lo hubiera hecho así, me habría pasado un par de horas sentado en la entrada con el dolor en la rodilla y no podía esperar. Por suerte, ayer me habían pagado tres mil pesos de estímulo anual”, respondió.

Mi vecino se gastó, en un par de horas en un hospital estatal, donde la atención es supuestamente gratuita, un tercio de su bien ganado estímulo anual. Ahora intenta ponerse bien para poder conducir de nuevo su camión, pues si lo coge otro chofer, lo desarma, de lo viejo que está. Es su dinero lo que está protegiendo. No pidió certificado por accidente laboral. No le convenía.

Las personas que acuden a las consultas llevan o adquieren en el camino meriendas, refrescos enlatados y paquetes con golosinas para regalar a los médicos que les van a atender y así garantizarse un mejor examen la próxima vez.

A mi exesposa, master en gineco-obstetricia, la venían a buscar con cierta frecuencia a casa, incluso a deshora, algunos poderosos para que les atendiera el parto de algún familiar. Después, si todo salía bien, llegaban con el auto cargado de comida, incluyendo quesos y carne. Ella no podía aceptar efectivo, pero sí regalos. Y tenía muchos clientes agradecidos.

Frecuentemente, cubanos residentes en el exterior ingresan en los hospitales para practicarse alguna cirugía o recibir algún tratamiento especial, y después les regalan gruesas sumas a los médicos y otro personal que les atendió por la izquierda (y no precisamente porque sean socialistas). Por supuesto, que todos los pagos sumados no serían ni una pequeña fracción de lo que les costaría en sus naciones de residencia el mismo tratamiento, en especial los abortos.

Últimamente a los atendidos en los centros de atención médica les entregan la notificación escrita de los costos de ciertos tratamientos y curas, aunque son gratuitos todos. Esto es para educar a la población sobre cuánto cuesta al Gobierno la atención de salud para un poco más de once millones de personas.

¿Por qué no permiten la atención médica privada? Sería una alternativa ante nuestros muy ineficientes hospitales, policlínicos y consultorios sin médicos. De todas formas, estamos pagando por la izquierda por un pésimo servicio.

La atención médica en Cuba no es gratuita, eso es una falsedad. Quien genera el dinero que paga todo esto es el pueblo, nadie más, y lo sufraga con lo que se queda el Gobierno de lo producido, con plusvalía, ganancias, valor agregado que generamos todos cuando nos pagan salarios de miseria con los cuales no se puede mantener honestamente una familia, ni siquiera una persona.

(5septiembre.cu)

Nada en Cuba es gratuito. Nos hacen pagar de antemano, y mucho.

La salud pública es un desastre. No hay medicamentos en las farmacias, no hay médicos en sus puestos de trabajo pues están de misión en el extranjero, adonde van en busca de dólares y pacotilla.

Asistir a un hospital es la peor pesadilla que puede experimentar un cubano debido a la muy escasa higiene, la carencia de agua potable, de medicamentos y de personal apropiado, de equipamiento y un gran etcétera.

Existe una pequeña clínica siquiátrica privada, manejada por la iglesia, San Juan de Dios, situada frente al peligroso e insalubre reparto La Fortuna. Allí no dan abasto. Y todo el mundo habla bien de sus servicios.

Si el Estado pudiera brindar una atención de salud de primera, como se supone que sea y que no es, aun así, habría necesidad de alternativas para quienes puedan pagar. En ocasiones es necesario. De todas formas lo estamos haciendo en la práctica, aunque el Gobierno se hace “el chivo loco”, mira hacia el otro lado y pretende no enterarse del problema, por muy visible que sea.

eduardom57@nauta.cu


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