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(themanual.com)

LA HABANA, Cuba.- Antonio de la Guardia y Amado Padrón, dos altos oficiales del MININT juzgados en la Causa Número 1 por narcotráfico, condenados a la pena capital y fusilados en julio de 1989, además de los delitos por los cuales los culparon y sirvieron de chivos expiatorios, incurrieron también en ciertos pecados veniales de los que el pueblo jamás se enteró.

Sobre ellos dos hay una anécdota en el libro Diplomacia encubierta con Cuba: Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana, de los norteamericanos William M. Leogrande y Peter Kornbluh, presentado por la Editorial Ciencias Sociales durante la más reciente Feria del Libro de La Habana.

El chismecito señalado ocurrió en los años 80, cuando Tony de la Guardia y Amado Padrón fungían como diplomáticos durante unas conversaciones ocultas con representantes del gobierno norteamericano, realizadas en el Hotel Conquistador, en México.

En aquellas conversaciones, los cubanos no consiguieron ninguna concesión de parte de los norteamericanos, pero se llevaron otras cosas a modo de trofeo.

Refiere el libro que tan pronto como la delegación cubana abandonó el hotel, el equipo norteamericano recibió la visita del ama de llaves, que les preguntó quién iba a pagar por las toallas y las sábanas. “Sus amigos acaban de marcharse y se llevaron todas las toallas y la ropa de cama”, les explicó.

Se narra en el libro que un funcionario norteamericano, nombrado David Aaron, bromeó: “¿Lo ven? ¡El embargo está funcionando!”

Esta anécdota me dejó perplejo. ¿Cómo es posible que estos representantes de tan elevado nivel cometieran una fechoría así? ¿Cabe esa acción en la cabeza de alguien con un poco de cordura?

El nivel de vida de estos dos oficiales en Cuba era encumbrado. Resulta impensable que en sus casas no contaran con toallas y sábanas. Probablemente las tenían hasta mucho mejores que las que se llevaron del hotel. ¿Cuál es la explicación ante tamaña locura?

Si lo que pretendieron ambos oficiales fue jugar una mala pasada a los estadounidenses, estos tomaron el suceso en son de broma, no los afectó.

¿Qué opinión tendrían de los cubanos en general los empleados mexicanos del hotel si personas con rango plenipotenciario actuaban como ladrones de tendedera?

Hasta hace unas décadas, la mayoría de los cubanos, aun los muy pobres, se preciaban de ser dignos y honrados. Una de las primeras normas aprendidas desde la infancia era no apropiarse de los bienes ajenos. ¿Por qué hoy el comportamiento honrado se ha perdido en muchos cubanos?

Desde sus inicios, el régimen revolucionario adoptó medidas socialistas para cambiar el concepto de propiedad, lo cual generó con el tiempo que muchas personas, del rango que fuese, consideraran que apoderarse de cosas que eran de todos, o que eran del pueblo, como solían decir, no era robar.

La escasez de productos, no tanto por el embargo norteamericano, como por la mala administración de los gobernantes y el derroche de fondos para financiar revoluciones en otros países, dio pie también a esta nefasta práctica, que se volvió cotidiana.

¿Robarían por hábito, por costumbre, de La Guardia y Padrón?

Comenté la anécdota con un vecino y el hombre, asombrado, exclamó: “¡Coño, me dejaste bota’o!” No es para menos. Esta historia es inconcebible. ¡Altos oficiales en funciones diplomáticas robando sábanas y toallas! Hay cosas de este sistema que son para reír y llorar a la vez.

librero70@nauta.cu


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