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Banderas de Cuba y EEUU (AP)

MIAMI, Estados Unidos.- “A partir de este momento voy a cancelar el acuerdo totalmente unilateral que el gobierno previo hizo con Cuba”, proclamó Trump. Incierto. Todos los acuerdos se mantienen, pero sus declaraciones y dos prohibiciones menoscaban los avances entre Estados Unidos y la isla caribeña.

El presidente Donald Trump anunció su posición hacia Cuba en un discurso, firmó el “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de Estados Unidos hacia Cuba” y derogó la Directiva Presidencial de Obama: “Normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba”, el 16 de junio, en Miami.

Trump creó un ambiente de confrontación con el gobierno cubano más por las palabras que por los hechos, propicio para el fortalecimiento del sector inmovilista en Cuba que obstrucciona las reformas económicas y la apertura a la participación ciudadana. La Habana reaccionó con un incremento notable de la propaganda ideológica y las diatribas contra las personas con opiniones distintas de las oficiales, incluso las discordantes con la política del presidente norteamericano, al retomar el pretexto de ser dictadas y financiadas por Estados Unidos.

Asimismo, Trump perjudica los intereses de Estados Unidos al deteriorar las positivas valoraciones de la población isleña y obstaculizar la incidencia proactiva de los norteamericanos en todos los ámbitos de la sociedad cubana, por impedir los viajes individuales pueblo a pueblo, que deberán realizarse en grupos a través de las agencias existentes, trámites complicados, demorados y costosos, supuestamente para impedir el turismo.

Los visitantes tienen que guardar su itinerario y todos los comprobantes de gastos durante cinco años para presentarlos si son requeridos. Esta diplomacia individual había sido una prioridad de Obama con gran éxito para el empoderamiento de los cubanos mediante el intercambio de ideas y conocimientos, y la oferta de servicios por emprendimientos privados. De enero a mayo de 2017 visitaron 284 565 estadounidenses, igual cantidad que en todo 2016. El resto de las 12 categorías de viajes autorizadas se mantienen sin necesidad de solicitar licencias. La otra medida adoptada es la prohibición de las transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías norteamericanas con empresas cubanas vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad, (GAESA), con fuerte presencia en las actividades económicas, entre ellas los servicios turísticos.

Meses pasarán hasta que las secretarías de Estado, Tesoro y Comercio concluyan las revisiones y emitan las disposiciones para su entrada en vigor. Mientras tanto existirá incertidumbre entre cubanos y norteamericanos sobre cómo se ejecutarán, lo cual generará contención para no correr el peligro de ser penalizado. También se retomará la votación negativa a la condena del embargo-bloqueo en la Asamblea General de la ONU.

Trump mantuvo las relaciones diplomáticas a nivel de embajadas, los 22 acuerdos suscritos entre ambos gobiernos, el envío de remesas a Cuba, los viajes de cubanos a Estados Unidos, los vuelos de las compañías aéreas y los cruceros norteamericanos, la venta de alimentos, y la utilización de los servicios de hoteles y negocios administrados por el Estado cubano no vinculados a los militares y los servicios de seguridad estatal.

Entre la población cubana surgieron grandes preocupaciones por la posibilidad de que se desplomen las rentas de casas, habitaciones y autos antiguos, los clientes en paladares, la demanda de servicios, y las compañías aéreas disminuyan los viajes y eleven los costos de los boletos por no seguir aumentando o bajar la afluencia de pasajeros. La rebaja significativa de los precios ha propiciado las visitas familiares y la búsqueda de mercancías para los negocios propios o la venta en el mercado informal.

En cuanto a los norteamericanos, la inestabilidad creada por Trump atenta contra las posibilidades de estabilidad y crecimiento de los negocios iniciados, así como expandir el comercio y comenzar actividades en la infraestructura económica y el turismo. Los proyectos de leyes para levantar la prohibición de viajar a Cuba con creciente apoyo bipartidista no progresarán en la Cámara de Representantes (Congreso) ni el Senado, donde el Partido Republicano tiene mayoría, hasta pasadas las elecciones de medio término en noviembre de 2018, y el fin del embargo se aleja más.

El Gobierno cubano reactivó las arengas políticas, pero en la Declaración emitida inmediatamente después de los anuncios de Trump y a través del canciller Bruno Rodríguez el 19 de junio, ha subrayado la disposición de cumplir los acuerdos y continuar el diálogo, la cooperación y la negociación de los asuntos bilaterales pendientes con el Gobierno de Estados Unidos. La prudencia parece prevaler mientras se esperan mayores definiciones y las regulaciones de las dos medidas que tardarán meses, y se puedan reanudar las conversaciones sobre temas de interés mutuo.

Mientras tanto, la mayoría de las personas de origen cubano y norteamericanos de todas las esferas en Estados Unidos han expresado fuerte desacuerdo con el regreso a la confrontación dictada por Trump en acuerdo con una minoría de cubanoamericanos. El pueblo isleño no logrará la ampliación de sus derechos ni será empoderado. Toda la oposición será etiquetada como mercenaria y más reprimida, aun aquella que no concuerda con la política de Trump, y Estados Unidos perderá los espacios alcanzados desde 2009. La política proactiva, pueblo a pueblo, ha probado su eficacia. La solución de los problemas corresponde a los cubanos de adentro, con el acompañamiento de la comunidad internacional, incluidos los Estados Unidos.


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