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LA HABANA, Cuba.- Por supuesto que fue culpable el Che Guevara. Aunque por estos días, en la televisión, Raúl Castro da la orden para continuar convirtiéndolo en un súper hombre, capaz de haber desarrollado la industria en nuestro país y rehabilitar, a un costo desconocido, el Complejo Escultórico en su honor, en la plaza de Santa Clara, por el 89 natalicio de su natalicio.

Nada más lejos de la verdad.

La historia del Che como ministro de Industrias, durante los primeros cuatro años de dictadura castrista, fue un bochornoso fracaso.

Una primera anécdota ilustra su recorrido por el Ministerio de la Industria Cubana (MININD), a partir del 23 de febrero de 1961, hasta el 5 de marzo de 1965, una anécdota nada humorística y sí bastante cruel.

Fue la historia de las cajas de botas militares soviéticas,  abandonadas en cualquier lugar, junto a maquinarias que costaban millones de rublos, por falta de almacenes en los muelles de La Habana.

La anécdota la contó el mejor biógrafo de Ernesto Che Guevara, Marcos Bravo, en su libro de 2003, La otra cara del Che:

Un capitán de ejército se encontró varias cajas de aquellas botas, pero todas, sin excepción, pertenecían al pie izquierdo. Con el fin de utilizarlas, tuvo la idea de donarlas a las prisiones donde cumplían largas condenas más de diez mil hombres y mujeres por causas políticas. “Si los presos protestaban —pensó el capitán— no tenía la menor importancia”.

Pero la historia no termina ahí. Ese mismo capitán, que fue condenado a treinta años de cárcel, al llegar a La Cabaña, recibió un par de botas del pie izquierdo, con las que tuvo que esforzarse en andar mucho tiempo, las mismas que había donado él un año antes.

En el libro de Marcos Bravo, todo un capítulo está dedicado a las barbaridades que el Che cometió con aquella industria floreciente que, gracias a emprendedores cubanos y además a los Estados Unidos, Cuba se colocó en uno de los primeros lugares de Latinoamérica: A partir de 1820 la isla cubana fue el primer productor de café en el mundo, el primero de azúcar, el primer exportador de bananos, de cobre, de miel de abeja, etc.

Explica Marcos Bravo en su libro, que el Che, con su idea de llevar voluntarios al campo a cortar caballerías de yerba para sembrar pangola, ocurrió que luego se supo que la yerba que se había cortado era pangola.

De esa forma, el Che cogió fama de hombre exitoso de la nueva clase burocrática. Y para que puedan comprobarlo, Marcos Bravo  deja que sea el propio argentino quien describa el evidente desastre nacional que ocasionó, en su discurso de 1963.

Respiren hondo antes de leer, lo que dijo el Che, copiado literalmente:

“La Revolución también ha cometido errores. Nosotros en el MININD también. Por ejemplo, hace un  tiempo construimos cinco fábricas, una de refrigeradores en Camagüey, otra de picos y palas en Santa Clara, otra de —no recuerdo de qué— en Matanzas, otra de lápices en Batabanó y otra de —no recuerdo de qué— en Pinar del Río”.

A continuación, en el mismo discurso, explicó que los obreros que trabajarían en dichas fábricas se capacitarían en los países socialistas, a través de cursos técnicos, que mientras se construían las naves necesarias para las cinco fábricas y la compra en divisas para las mismas.

Al año, sigue contando en su discurso, llegaron los técnicos cubanos y ordenamos que echaran a andar las fábricas.

“Entonces descubrimos —dijo el Che por último—, que las fábricas no podían comenzar a funcionar: no teníamos la materia prima que necesitábamos.”

Pese a esta y otras muchas barbaridades anteriores, Fidel y su hermano Raúl lo habían mantenido en ese ministerio, mientras la industria desaparecía.

En la actualidad, el Che sigue siendo para Raúl, un hombre de ideas, ideas que guiaron siempre su actuación, paradigma de todos los tiempos. No importa que haya fracasado en todo. Los niños cubanos están obligados a ser como él.


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