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La Habana, Cuba, Redacción Habana, (PD) Todo sigue como ya es costumbre, continuamos como comenzamos. Esto es con presos políticos, sin libertad y sin derechos ciudadanos, en el mismo estilo de hace más de cinco largas, tristes y aburridas décadas. El país permanece gobernado por el partido único de los fusiladores, eternos y permanentes depredadores de las libertades ciudadanas. Como jefe de estado, sufrimos al general presidente Raúl Castro quien heredó el poder absoluto de las férreas manos de su hermano mayor, el felizmente ausente Fidel Castro.

De vuelta con nuestra continuidad totalitaria de impuestos leoninos, corrupción, actualizaciones de lo mismo y lineamientos arcaicos, Raúl Castro juega al espejismo.

Entonces, tenemos que el partido único, la falta de libertades y la ausencia de los más elementales derechos van a mantenerse. Para lograrlo, el general presidente se afirma en la corrupción más amplia y personalizada de que se haya tenido noticia en Cuba, signada por el más rampante y borbónico nepotismo, algo de lo que tampoco hubo nunca precedente conocido en Cuba.

Desde la opción totalitaria, el continuismo del régimen militar ha variado su opción de socialismo. Lo nuevo está en el desplazamiento desde el insano socialismo real de Lenin y Stalin hasta el más potable y digerible socialismo populista y nacionalista de Hitler y Mussolini. Se avanza por trillos totalitarios capitalistas, solo que desde otra modalidad más salvaje y anti-democrática.

El mundo y sus poderes reguladores internacionales nunca supieron lidiar con el socialismo ni con lo que esta perniciosa idea representa, representó y ha representado para la humanidad. Mientras se execra a Hitler y a Mussolini, se justifica a Stalin y a Lenin, así ha sido.

Lenin dio y marcó la pauta del exterminio en masa de seres humanos en el siglo XX. En su caso, lo llevó a cabo basado en la lucha de clases. En otros, usaron exclusiones raciales y étnicas. Esto fue llevado a cabo con sus variantes por Stalin, por Hitler y más recientemente por Pol Pot y Mao Zedong. Todos ellos se hicieron llamar socialistas o comunistas. Algunos se inclinaron por el socialismo real, otros por el fascismo o por el nacional- socialismo. Pero todos fueron lo mismo: socialistas, totalitarios, genocidas y enemigos de las libertades.

Las oligarquías revolucionarias de América Latina, hasta hace muy poco beneficiadas por los petro-dólares venezolanos y consagrados a la comparsa política anti imperialista, cierran los ojos y comienzan a buscar un próximo y mejor postor. El futuro se perfila incierto y los únicos que quedarán sin retaguardia serán los castristas fósiles a quienes nadie quiere unirse en el descenso inexorable al basurero de la historia.

El sustrato político, económico e ideológico que sirvió de apoyatura a la presente situación fue la confrontación real o aparente con los Estados Unidos. Afortunadamente para ellos, apareció Obama. Las concesiones hechas por la administración encabezada por el ex presidente Obama consagrarían los bienes primados del consorcio herederos-generales.

En Cuba, siempre han primado los intereses de la minoría que sirve con denuedo el interés del estado sobre los de la mayoría. Esto se impone por medio del uso de la fuerza y el ejercicio abusivo del poder gubernamental por parte de esta minoría, sobre quienes no compartan su nociva ideología y los intereses materiales con ellos vinculados.

El capitalismo de Estado protofascista castrista ha demostrado ser un capitalismo corporativo, clientelar, mafioso y cruel, muy bien articulado por el consorcio de generales y herederos. Este inviable sistema es generador de corrupción y lo frena todo, desde la eficiencia económica y el desarrollo, hasta la modernización de la economía.

Por parte de los castristas, todo permanecerá igual o peor en términos de respeto a derechos ciudadanos. Se trata de continuar sin sindicatos libres, sin derechos y sin libertades para que el consorcio disfrute de sus mal habidas prerrogativas.

En el estilo inaugurado por el peor dictador latinoamericano, su sucesor se afana por consolidar una sucesión sin libertades y sin derechos, con más presos políticos y con más represión. Esto es lo que nos reserva el consorcio.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana


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