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Reinaldo Escobar

"El agua de mar lo limpia todo", reflexiona Agustín mientras pregona su mercancía. Este antiguo ayudante de forense, a sus 74 años, se dedica a alquilar cámaras inflables para los pescadores de Playa Florida, en Camagüey, una franja costera donde los turistas apenas llegan y la crisis económica se hace sentir con fuerza.

"Vine aquí para quitarme el olor a muerto y lo logré", bromea el trabajador, uno de los pocos vecinos que este viernes se veía en las despobladas calles. A cada lado, muchas de las pocas casas que no parecen vacías, exhiben un cartel de "se vende". "Toda Playa Florida está a remate pero nadie la quiere comprar", ironiza un residente.

Carente de la belleza natural de la costa norte, sin industrias funcionando ni importantes cultivos, la zona atraviesa tiempos de penurias que se han agudizado en los últimos años. En la carretera de entrada, un ancla carcomida por el óxido adelanta al visitante el letargo que encontrará en el lugar.

Solo 40 kilómetros separan al poblado de pescadores de la cabecera municipal, pero se necesitan entre cuatro y seis horas para cubrir el trayecto debido al mal estado del camino y al poco flujo de transporte. A ambos lados de la vía, el marabú se alza desafiante.[[QUOTE:La escasa movilidad también ahoga a los pequeños negocios de la zona y la incomunicación se ceba con el pueblo]]La incomunicación se ceba con el pueblo. En ningún lugar entre sus apretadas calles se ha instalado un teléfono público y los celulares solo logran captar la señal en los alrededores del consultorio médico, debido a la mala cobertura del área.

La escasa movilidad también ahoga a los pequeños negocios de la zona. El restaurante particular Comida Criolla sobrevive a duras penas después de cinco años abierto. Alfredo, el chef de la paladar, cuenta que "de vez en cuando llega algún turista extranjero". Gente que "anda explorando todos los rincones con un mapa en la mano", pero son los menos.

De los 4 millones de visitantes que arribaron a Cuba el pasado año, apenas unas decenas llegaron hasta esta costa sin arenas blancas ni agua cristalina, donde para darse un chapuzón el bañista debe usar calzado y evadir el fango, las piedras y las raíces de los mangles.

"Sin turistas no hay dinero", cuenta a 14ymedio Bururú, un improvisado agente inmobiliario. El elevado número de viviendas en venta ha provocado un desplome de los precios en la zona. "Una casa de dos habitaciones, con portal, cisterna y jardín puede costar hasta menos de 1.000 CUC", comenta.[[QUOTE:"La gente no quiere quedarse porque aquí no hay nada que hacer", explica a '14ymedio' un agente inmobiliario]]"A esta le pusieron un jacuzzi en el baño y todos los muebles que tiene adentro son de la shopping", afirma Bururú mientras señala un inmueble recién pintado. El negociante se toma su tiempo para describir las características de cada vivienda, deseoso de poder concretar al menos una venta.

"La gente no quiere quedarse porque aquí no hay nada que hacer", explica a 14ymedio. El hombre achaca la estampida a que "no hay opciones recreativas y tampoco dónde trabajar". "[La pesca] no es tan buena como en otros lugares, así que da para comer pero no para vivir del mar", remacha.

Apostado cerca de la costa, un pescador quita las escamas a un róbalo que ha capturado en la mañana. "Lo tengo comprometido a una familia que lo quiere para celebrar el cumpleaños del hijo más chiquito", le responde a una mujer que indaga por el precio del pescado.

"La pesca está muy afectada desde que hicieron el terraplén", asegura el pescador. "En esta zona antes se conseguía una buena cantidad de ostiones, pero eso ha disminuido mucho", agrega.[[QUOTE:La costa también se ha afectado con la subida del nivel del mar, hasta el punto de que los rumores de trasladar el pueblo han aumentado en los últimos años]]La estrecha y accidentada carretera de acceso parte en dos el humedal que ha perdido parte del mangle en su zona sur. "Aquí vinieron expertos a revisar y dijeron que al cortar el flujo de agua había aumentado la salinidad y eso está matando al mangle".

El Programa de Pequeñas Donaciones de las Naciones Unidas entregó en 2009 un financiamiento de más de 40.000 dólares para la recuperación del ecosistema, pero ocho años después los daños apenas se han revertido. "El agua de mar ha entrado por el río Mala Fama tierra adentro", comenta el pescador.

La costa también se ha afectado con la subida del nivel del mar, hasta el punto de que los rumores de trasladar el pueblo han aumentado en los últimos años. Unas empalizadas de madera intentan frenar el empuje de las olas durante los huracanes, pero parecen ridículos palillos frente a la inmensidad del Caribe.

El cuadro del deterioro lo completa la base de campismo Argentina donde desde hace meses no llega el suministro de electricidad ni de agua. Julia, la custodia que vela a la entrada del abandonado local, se muestra categórica. "Aquí en Playa Florida lo único que hay en abundancia son jejenes y mosquitos".


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