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«Granma» y la calamidad demográfica cubana
El problema de Cuba no es el envejecimiento en sí, sino el no reemplazo
demográfico
Haroldo Dilla Alfonso, Santiago de Chile | 07/06/2017 10:33 am

En esto de mentir, enredar los argumentos, ocultar las verdades y
maltratar al sentido común, el periódico Granma merece un galardón.
Ahora lo hace a través de Juan Carlos Alfonso Fraga, presentado como
director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina
Nacional de Estadísticas e Información, en un artículo titulado ¿Por qué
Cuba es un país envejecido?.
El Sr. Fraga se refiere a un hecho particularmente trágico de la
sociedad nacional, posiblemente el más trágico de todos los que afronta:
su vertiginoso envejecimiento y la magritud del reemplazo demográfico.
Cedo la palabra al Sr. Fraga quien pareciera estar celebrando un éxito
en lugar de analizar una calamidad:
“Nosotros somos un país envejecido —dice— porque tenemos un desarrollo
humano alto, no por ingreso, ni por producto interno bruto per capita,
sino por resultados en educación y en salud… Vivimos más porque tenemos
más salud, más educación; tenemos más asistencia social y más seguridad
ciudadana…es resultado del proceso de desarrollo social alcanzado con la
Revolución”.
No cabe duda: Cuba posee una alta expectativa de vida. Y ha sido un
logro acumulado desde las políticas sociales. Pero este logro solo lo
fue claramente hasta fines de los 70. En lo adelante el indicador se
estancó o tuvo crecimientos muy discretos. Ello explica, por ejemplo,
que Cuba ocupe actualmente un tercer lugar en América Latina (el mismo
lugar que tenía en 1961) y que esté seguido muy de cerca por otros
muchos países que no pueden vanagloriarse de sus políticas sociales. Y
en cuanto al mejoramiento del indicador entre 1961 y la actualidad, Cuba
muestra un resultado mediocre: mejoró 14 años entre 1961 y 2015,
mientras que Costa Rica lo hizo en 16 años y Chile en 22, para poner
solo dos ejemplos.
Y es que, aunque Fraga no lo imagine y el Granma no lo publique, la
longevidad no está ligada solamente, ni siquiera fundamentalmente, a las
políticas sociales. Es un dato dependiente de una suma de factores que
alimentan lo que llamamos la calidad de vida. Y que incluye una adecuada
alimentación, un entorno ambiental y sociopolítico propicio al libre
desarrollo de la subjetividad, la eliminación de factores de estrés en
la consecución de la vida cotidiana, etc. Nada de lo cual es provisto
por el sistema predominante en Cuba, ese entramado opresivo y explotador
que los derechistas acusan de socialismo y los izquierdistas de
neoliberalismo disfrazado. Y que en realidad no es ni una, ni otra cosa,
sino un régimen atrasado de despotismo asiático, sin sus únicas
virtudes: orden y disciplina.
El problema de Cuba no es el envejecimiento en sí, sino el no reemplazo
demográfico. Chile y Costa Rica tienen mayores expectativas de vida que
Cuba, pero no hay alarmas demográficas. Y cuando ocurren vacíos hacen lo
mismo que los europeos y los norteamericanos: traen inmigrantes y
aumentan la productividad. Dos cosas que Cuba no puede hacer, porque su
aparato productivo es catastrófico y porque nadie, ni siquiera los
empobrecidos braceros haitianos, estaría dispuesto a trabajar por un
salario cubano. Y con el agravante que Cuba tiene que afrontar su
envejecimiento con una salida brutal de población joven. Desde los 90
están saliendo entre 30 y 40 mil cubanos anuales, ubicados
principalmente entre los 20 y los 45 años. Desde 2000, con un incremento
de la población femenina. Son jóvenes que se van, con sus vigores y
saberes, y tienen sus hijos en otros lugares, donde las comunidades
cubanas crecen de manera sustancial.
Fraga, Granma por medio, continúa su perorata con una receta
particularmente cínica: las familias deben ocuparse de los ancianos. En
realidad, afortunadamente, siempre lo han hecho. Con el apoyo
insustituible de una comunidad emigrada que ha validado el adagio de que
la sangre es más espesa que el agua, y ha asumido alimentación, curas y
otras muchas atenciones de quienes quedaron atrás. Quienes en Cuba no
tengan esos apoyos —o no se encuentren en la muy estrecha franja de
beneficiados de la “actualización”— solo pueden ofrecer a sus ancianos
—con sus pensiones simbólicas, la carencia crónica de medicinas, sus
hospitales sin agua— el acre consuelo de una miseria compartida.

Source: «Granma» y la calamidad demográfica cubana – Artículos – Opinión
– Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/granma-y-la-calamidad-demografica-cubana-329587


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